“Enriquecimiento ilícito” para ver ballet Cubanet

13
(Foto: Marcelo Álvarez)

SANTA CLARA, Cuba.- Mariela Méndez, cansada como está de su inactividad cultural, escuchó por radio que el ballet Litz Alfonso Dance Cuba estrenaría en Santa Clara y en el país su espectáculo Cuba Vibra. No es que sea una conocedora ni mucho menos, simplemente se ha vuelto fanática de la Alfonso desde que la vio como coach en el show televisivo Bailando en Cuba y ahora quiere ver actuar su compañía.

Las funciones son fueron el viernes 6 y hasta el domingo 8 de abril en el teatro La Caridad, pero el jueves fue a informarse a la taquilla del coliseo. Allí conoció que solo venderían cuatro entradas por persona, que eran a 10 pesos, que se comerciaban a partir de las nueve de la mañana y que había una lista… Sí, una lista donde las personas ya se estaban anotando para asegurar un lugar.

Ni corta ni perezosa, Mariela se apuntó y ocupó el puesto treinta y tanto. La señora que cuidaba la lista, una morena corpulenta y de manierismos toscos, le dijo que había que rectificar la cola a las seis de la tarde y luego al otro día a las siete de la mañana. “La cola no es para revender las entradas, como hacen muchas personas, solamente es un intento para organizarnos”, advierte Mariela ante mi cara de asombro.

“Yo no soy ninguna revendedora, soy el uno en la cola, y solo lo hago porque cada vez que viene alguien que sirve a esta ciudad se forman las matazones y el desorden. Lo único que quiero es ayudar”, dice la “gerente” de la lista, que ya aglutinaba a más de cien personas.

Mariela quería pasar toda la noche con la “gerente” velando la cola, como si alguien se la fuera a robar, pero cambió de idea: “Si quieres venimos bien temprano, pero pasar la noche aquí… ¡déjate de abuso!”, le soltó de sopetón su hijo. Cuando aún los totíes que duermen en los árboles del parque Vidal no habían partido al campo, ya estaba de regreso.

A esa hora, cinco y media de la mañana, la corpulenta morena se enfrentaba a varias personas que la acusaba de revendedora y querían echar por tierra todo su esfuerzo. “Yo estuve en mi casa solo dos horas, de 6 a ocho de la noche. Me pasé toda la madrugada sentada en este parque para que ahora ustedes vengan a ofenderme”, decía.

Como nadie cedía en su posición: ella, que si había una lista desde el día anterior que respetar y un señor, que si él había llegado a las tres de la mañana y era el número uno, un “voluntario” llamó a la policía. Los agentes del orden público se personaron inusualmente rápido para intentar tomar cartas en el asunto.

“Ella tiene una lista”, señaló alguien, y el policía, repleto de prepotencia, la exigió. “Se la voy a dar, pero no me la rompa”, recalcó ella. “Esto está prohibido, esto es un enriquecimiento ilícito, porque yo no veo a ninguna de estas personas aquí y la cola es física”, subrayó el oficial, sabiéndose con la verdad absoluta.

“Usted no puede ofenderme así, yo me he pasado la noche aquí y solo quiero ver el espectáculo”, se defendió la “gerente”. El careo adquirió otras dimensiones, los tonos fueron elevándose, las manos no dejaban de moverse y apareció entonces la amenaza: “Si no estás de acuerdo y sigues con lo de la lista me los llevo pa’ la unidad”, indicó el oficial, hinchado de poder. A ella se le aguaron los ojos y la rabia le inundó el cuerpo. No podía creer lo que escuchaba, pero tuvo que ceder. Había venido por una oferta cultural y no iba a salir de allí con una ficha policial.

Los agentes prometieron regresar a las ocho y media por si se repetía la “infracción”, pero se ausentaron. La “gerente” se quedó en la posición cimera y Mariela la sigue de cerca. “Yo sabía que la gente iba a formar esto, por eso hice bien en venir temprano”, afirma ahora complacida. “Todo el esfuerzo que hice fue por gusto. Yo solamente intentaba ayudar y casi me llevan presa, parece que hacer buenas obras en este país ahora es un delito”, se lamenta la “gerente”.

“Por qué no se van ellos a buscar a los verdaderos revendedores, los que están en el Sandino todos los domingos haciendo cola para la carne de puerco. Esos no los ven. Un tique cuesta 50 pesos si quieres comprar algo”, protesta indignada Mariela. “¡Hasta para disfrutar de la cultura se pasa trabajo en este país!, reprocha otro enlistado.

Cuba Vibra, versión danzaria del musical Amigas, anteriormente interpretado por la compañía, se presentó con éxito en Nueva York, Holanda, Bélgica, China y Turquía. La puesta en escena es un reflejo de los años 50 y 60 de esta Isla, donde aborda diferentes problemáticas y conflictos que han marcado al país y a otras regiones del mundo. El espectáculo de danza fusión llega con música en vivo y abarca géneros musicales como el chachachá, la salsa y el bolero. Desde el 2011, el aclamado conjunto no visitaba Villa Clara.

Los ánimos lucen por ahora más calmados, mientras la cola crece por minuto. Han colocado unos barrotes alrededor de la taquilla, un intento por conducir a la masa desesperada hacia una pacífica adquisición de la entrada. A cada rato alguien pregunta por la lista y solo pueden llevarse la decepción, pues ya la demanda supera la oferta con creces. El teatro La Caridad, una construcción del siglo XIX, no es amplio. El número de localidades ronda los 500, pero habrán 100 menos: 50 para invitados de la compañía y 50 para el Gobierno.

“Yo por suerte ya tengo mis entradas”, se jacta agotada la “gerente”, quien remata: “Hace falta que ahora haya valido la pena”.