Inicio Cuba ¿Es bueno o malo el nacionalismo?

¿Es bueno o malo el nacionalismo?

HAWÁI, Estados Unidos. – Me he decidido a tratar el nacionalismo en una breve columna periodística. El nacionalismo es complejo e incomprendido. Sin embargo, lo intentaré en las 680 palabras que tengo asignadas.

Comencemos por aclarar que nacionalismo y patriotismo no son sinónimos. A menudo se encuentran juntos, pero son diferentes. Igualmente, no debemos equiparar la nación ni el Estado con el gobierno. Ser patriota no implica que uno deba ofrecer un apoyo inquebrantable a todas las políticas del gobierno, como implica la frase “Mi país, acertado o equivocado”.

Esa frase se atribuye a Stephen Decatur Jr. (1779-1820), oficial naval y comodoro de Estados Unidos. Este joven, patriota y héroe de las Guerras de Berbería y de la de 1812 desempeñó un papel importante en el establecimiento de la identidad de los Estados Unidos. A propósito de la frase, el erudito inglés G. K. Chesterton señaló: “´Mi país, acertado o equivocado´” es algo que ningún patriota se atrevería a decir excepto en un caso desesperado”. Básicamente, Chesterton quiso decir que no debemos ser incondicionales a las políticas emprendidas por nuestra nación.

El patriotismo se define como el amor o devoción a la patria. Del mismo modo, el nacionalismo también refleja la lealtad y devoción a una nación pero, y esta es una diferencia fundamental, el nacionalismo también busca construir y mantener una única identidad nacional sobre características sociales compartidas: cultura, lengua, religión, política o historia. Esto hace que el nacionalismo sea excluyente y que prive de derechos a quienes no comparten esas características. La definición de nacionalismo incluye “exaltar una nación por encima de todas las demás…”. Sin control, el nacionalismo puede convertirse fácilmente en fascismo o nazismo, como ocurrió en Italia y Alemania. Así lo aclaró Charles de Gaulle: “El patriota ama a su patria, el nacionalista odia a todas las patrias que no son la suya”.

Los historiadores suelen situar los orígenes del nacionalismo moderno en la agitación política del siglo XVIII, asociada a las revoluciones americana y francesa. En el siglo XIX, el nacionalismo se convirtió en una de las fuerzas políticas y sociales más influyentes de la historia. Los historiadores han identificado varios tipos de nacionalismo, tres de los cuales presentaré aquí: el cívico, el étnico y el económico.

El nacionalismo cívico define la nación como formada por personas que tienen derechos políticos iguales y compartidos. El nacionalismo cívico sirvió de inspiración para el desarrollo de las democracias representativas en países multiétnicos como Estados Unidos.

En contraste, el étnico es una forma de nacionalismo donde la nación se define por su etnia. El tema central del nacionalismo étnico es que la nación se delimita por características como una raza común, una lengua común, una fe común o una historia común.

El nacionalismo económico es una ideología que favorece el intervencionismo estatal en la economía, con políticas que hacen hincapié en el control gubernamental de la economía. Mis lectores latinoamericanos están muy familiarizados con esta variante.

En mi tribu cubana, el nacionalismo comenzó con las Guerras de Independencia y estuvo presente de forma patente en los primeros días de la República. El Partido Revolucionario Cubano  —comúnmente llamado Partido Auténtico— tuvo sus orígenes en la revolución nacionalista de 1933 y tenía como lema “Cuba para los cubanos”.

Los auténticos sostenían que la economía debía ser gestionada por comisiones tripartitas formadas por dirigentes obreros, burócratas del gobierno y empresarios. En 1933, un gobierno provisional encabezado por el líder auténtico Ramón Grau San Martín habilitó una ley que exigía que no menos del cincuenta por ciento de todos los empleados de las empresas nacionales o extranjeras debían ser cubanos. La famosa Constitución cubana de 1940 también estuvo muy influenciada por las ideas nacionalistas de los auténticos.

El nacionalismo cubano se trasladó al exilio y a principios de la década de 1960 estuvo representado por un movimiento llamado Nacionalismo Realista, encabezado por Rafael Luis Serralta Nogues.

El nacionalismo puede significar cosas diferentes para cada persona, pero ser estadounidense siempre ha significado identificarse con un conjunto de ideas expresadas en la Declaración de Independencia, la Constitución y la Declaración de Derechos.

Nota: el último libro del Dr. Azel es “Libertad para novatos”

ARTÍCULO DE OPINIÓN
Las opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no necesariamente representan la opinión de CubaNet.

Recibe la información de CubaNet en tu celular a través de WhatsApp. Envíanos un mensaje con la palabra “CUBA” al teléfono +1 (786) 316-2072, también puedes suscribirte a nuestro boletín electrónico dando click aquí.

Publicidad