Inicio Cuba Escuelas venezolanas sufren cierre técnico encubierto con la COVID-19

Escuelas venezolanas sufren cierre técnico encubierto con la COVID-19

ROMA, Italia.- En Venezuela se debía regresar a las aulas de forma presencial este mes de abril, ya lo había anunciado el dictador Nicolás Maduro a inicios de marzo, pero repentinamente el domingo 21 del pasado mes declaró que no era posible volver a las escuelas debido al incremento de los casos de coronavirus en el país.

“Por ahora no es posible, por ahora no vamos a iniciar clases presenciales”, dijo Maduro en una alocución transmitida por televisión estatal. Luego subrayó que el regreso a las aulas sería “hasta nuevo aviso”.

¿El COVID-19 es el verdadero motivo de la no apertura de las escuelas en Venezuela? ¡No!, ya lo había alertado el pasado 26 de marzo la dirigente sindical de la Federación Colegio de Profesores de Venezuela, Raquel Figueroa, quien criticó la improvisación del régimen y denunció las graves fallas en la infraestructura de los planteles, además de los bajos salarios que afecta al personal docente.

Para corroborarlo, CubaNet recorrió algunas instituciones del área metropolitana de Caracas y constató que la verdadera causa del no regreso a clases “hasta nuevo aviso” en Venezuela “es el factor económico”. Así lo expresó Anureth Herrera, empleada de una escuela pública: “Bueno el factor más relevante para que no se dé completamente la incorporación del personal, no solamente del personal docente sino de todos los que laboramos en las instituciones educativas, es el factor económico”.

Herrera es personal administrativo de una escuela bolivariana, con 17 años de servicio, y trabaja en una zona de escasos recursos, con una matrícula de 150 estudiantes, desde preescolar hasta sexto grado. “Es muy difícil que un docente con un sueldo de un dólar o dos dólares al mes pueda llegar al plantel cuando prácticamente lo va a gastar todo en pasaje. Es imposible”, explicó.

Además, “están los servicios básicos que no existen, la infraestructura del plantel es otro factor. Allí no contamos con agua, no contamos con internet. También está el factor económico de los padres de nuestros estudiantes, que no todos tienen para mandar a sus niños al colegio, entonces no creo que se dé efectivamente el llamado, ni de reincorporación del personal ni de todos los estudiantes, porque hay factores de deserción, hay factores económicos, hay muchos factores que hacen difícil la reinserción”, aseveró.

“Gasto el triple de lo que gano en pasaje”

Una maestría en Educación Especial y 22 años de servicio no fueron suficientes para garantizar una vida digna a Carolina Villarroel, maestra de una escuela pública que con su salario no logra ni siquiera pagar el transporte para movilizarse todos los días hasta la escuela donde trabaja.

“Por ejemplo, el sueldo que yo gano no me abarca, no me da el pasaje diario, que son cuatro los que debo pagar, y lo que debo gastar en pasajes abarca el triple de lo que me paga el ministerio de educación. Da mucho sentimiento que una persona que pasa años estudiando, especializándose para transmitir sus conocimientos a los niños, en esta época, en esta situación que tenemos con el país, lamentablemente tampoco se pueda reintegrar a su trabajo de 22 años de servicio. Los que perjudican realmente son los niños”, dijo a CubaNet.

Un docente en Venezuela gana de salario mensual aproximadamente 4 500 000 bolívares, unos dos dólares según el cambio paralelo vigente al momento que fue realizado este artículo (pues cambia diariamente). Este ingreso sólo alcanzaría para comprar el 1.2% del costo de la canasta básica (ubicado en 349 223 074,42 bolívares, lo que equivale a 225,69 dólares), de acuerdo con un reciente informe del Centro de Documentación y Análisis de los Trabajadores (CENDA), una ONG venezolana dedicada al estudio de temas sobre calidad de vida y condiciones laborales en el país sudamericano.

Es decir, un docente venezolano tiene un déficit de 98.7% en su salario para cubrir los gastos básicos de alimentación. Situación que fue confirmada por Villarroel: “Trabajamos en una Institución Educativa que no recibe los suficientes beneficios que debería dar el Ministerio de Educación, como es un sueldo acorde a la cesta básica que está en el país, con todos nuestros gastos. Tampoco se reciben los beneficios a nivel de salud. No hay una valoración del trabajo de los maestros”.

“La mayoría no se podrán reintegrar”

Ante la pulverización de sus salarios, los maestros han tenido que buscar otras vías de sustento, como Carolina Villarroel: “lamentablemente en esta cuarentena hemos tenido que ser más que creativos en el colegio, buscar otros medios de sustento como, por ejemplo, a pesar de que tengo mis 22 años de servicio y una maestría en educación especial, hoy en día estoy vendiendo empanadas. Algo que me enorgullece porque es un trabajo digno, pero tuve que hacerlo debido a que, lamentablemente, el sueldo que gano del Ministerio de Educación no alcanza para sostenerme yo, mucho menos a mi familia”.

Y así sobreviven los maestros venezolanos, “buscando alternativas” en tan difícil situación, mientras que otros dan lo mejor de sí cada día a pesar de las dificultades. “Una compañera tiene que caminar más de 5 kilómetros, dejar a su niña, que es una niña especial, tiene 5 discapacidades en una, pero con su pasión, con su amor al servicio, al niño, va al trabajo diariamente, se va y viene a pie de su casa. Eso no lo valora el Ministerio de Educación. Así como está ella están muchísimos colegas, y lamentablemente cuando hacen el llamado de regreso a clases la mayoría de los maestros no se podrán reintegrar hasta que el país tome la decisión de reivindicarnos y valorarnos, y colocarnos un sueldo digno que pueda alcanzar todas nuestras necesidades”, añadió Villarroel.

En este contexto, el mayor problema que debe afrontar el sistema educativo venezolano es el monstruo de la deserción escolar.  “Nuestros niños pasan muchísimas necesidades porque trabajamos en una zona si se quiere decir rural, una zona vulnerable, de bajos recursos y, bueno, también nuestros niños han desertado porque sus padres han tenido que salir del país para buscar mejoras para ellos mismos”, afirmó.

66% de deserción antes del COVID-19

Al escudriñar en la realidad venezolana es posible verificar que lo que se vive en Venezuela es un cierre técnico del sistema educativo, que el régimen intenta cubrir con las medidas anti COVID-19. Lo cierto es que no es posible garantizar el regreso a clases de 8 763 066 estudiantes de educación básica, en un país en donde hay escasez de transporte público, falta de dinero en efectivo, hay fallas en los servicios básicos y una enorme pobreza que ha traído consigo el abandono de las aulas.

Esta crisis del sistema educativo venezolano ya era conocida en septiembre de 2019: “de los estudiantes que aún quedan matriculados, al menos 66% no asisten regularmente a las aulas, situación que sumada a 75% de abandono de los puestos de trabajo evidencian un escenario histórico de crisis en el sistema educativo venezolano”, declaró a los medios venezolanos Javier Tarazona, director general de Fundaredes.

“Muchos padres tuvieron que emigrar, yo creo que en el caso de nuestra escuela un gran porcentaje de padres y madres tuvieron que emigrar, y sus hijos fueron dejados con sus abuelos, personas mayores, con problemas de salud, con dificultades para trasladarse, para estar atentos a la atención educativa de los niños, y ya nosotros veníamos enfrentando esas dificultades, porque por ser personas mayores que no cuentan con un empleo sino con su pequeña pensión son los que les daban la comida, son los que buscan las comidas para sus niños, porque en la escuela no se da completamente el programa de alimentación escolar, porque llegan muy pocos recursos y no complementan la comida que los niños necesitan. Entonces ya ese era un factor bastante fuerte que se venía presentando, que los niños no fueran todos los días al colegio porque sus representantes, que eran sus abuelos, no los podían llevar”, concluyó Anureth Herrera.

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