Guillén, el poeta malo Cubanet

Foto de Nicolás Guillén dedicada a la autora (Cortesía/Archivo)

LA HABANA, Cuba.- Sólo faltaba por estos días que Miguelito Barnet hiciera una apología sobre el aniversario ochenta de unos panfletarios versos de Nicolás Guillén, escritos en 1937 durante la Guerra Civil Española, sin mencionar, claro está, sus horribles crímenes.

Si le digo “el malo”, no es cosa mía. Es de otro poeta que lo consideraba contrario a Jorge, el tocayo.

Si se le reconoce como malo, aunque Miguelito lo haya olvidado, es porque Nicolás, bien conocedor por cierto de los crímenes de José Stalin, le cantó, sin escrúpulo alguno e incluso no dejó de incluir en su obra poética completa aquellos versos que tituló, por los años cuarenta, Una canción a Stalin, y que comienzan pidiéndole a Changó y a Ochún que lo protegiesen y resguardasen, porque “cantando a su lado, los hombres libres van”.

¿Los hombres que asesinó para que dejaran de ser libres?

Por lo menos, hoy no tenemos que ver en silencio cómo los escritores oficialistas cubanos, como es el caso de Barnet, en pleno siglo XXI y liberados los expedientes rusos más comprometidos, para el conocimiento de todos, aún no saben los innumerables crímenes del comunismo; crímenes contra el espíritu, contra las culturas nacionales, contra la cultura universal.

¿No comenzó Stalin demoliendo centenares de iglesias en Moscú?

Le siguieron las guerras civiles, donde la URSS tuvo 20 millones de muertos, China 65 millones, Corea del Norte dos millones, etc. O esa decena de millones de muertos del movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder.

Es evidente que el Poeta Nacional de Cuba no estaba nada lejos de conocer el terror implantado por el comunista georgiano a partir de los años veinte del siglo pasado.

Si el gran viajero Nicolás no se tomó el trabajo de conocer el resultado de los archivos abiertos en Rusia, donde aparecen por orden cronológico los millones de víctimas de su “querido capitán”, ¿será porque estaba de acuerdo con ellos?

Nada raro si tenemos en cuenta que hasta en su propio país cerró los ojos y en la Fortaleza de la Cabaña, cuando se fusilaba a tutiplén hasta llegar a la cifra de cinco mil, acudió raudo para un segundo canto, su Canto al Che.

Tampoco es raro si, enfermo como era al avión para volar bien alto hacia el capitalismo, andaba por otro continente cuando la violencia estatal cubana se ensañó con los jóvenes homosexuales, muchos de ellos artistas o escritores y sin cometer delito alguno, y fueron enviados a los nuevos campos de concentración de su amigo Fidel Castro. Sí, el mismo a quien haciendo estancia en París, en 1953, calificó de “muchacho alocado” cuando supo del ataque al Cuartel Moncada.

Nicolás pasó por alto el terror rojo soviético, el Estado contra un pueblo, y se hizo comunista. Pasó por alto la gran hambruna que provocó Stalin, sus ciclos represivos, sus millones de crímenes, el reverso de una victoria y, por último, la salida del estalinismo.

En su aristocrática torre de marfil, en el Vedado, calló ante la represión contra los intelectuales cubanos, que sufrieron prisión y por último el destierro.

Calló —y eso fue lo más doloroso— el asesinato cometido contra Nelson Rodríguez Leiva, de 27 años y de su amigo Ángel López Rabí, de 16, ambos escritores, fusilados en La Cabaña en 1971.

Sí, estamos —así lo dice la historia—, ante un poeta malo.

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