Harold Cárdenas en las entrañas del monstruo Cubanet

Harold Cárdenas (micubaporsiempre.wordpress.com)

MIAMI, Estados Unidos.- Por más que lo intento, no consigo dejar de escribir sobre Harold Cárdenas. Y es que no tienen desperdicio las cosas que dice el bloguero de La Joven Cuba.

Ahora mismo, cual el bíblico Daniel cuando fue engullido por la ballena, Harold Cárdenas se encuentra en “las entrañas del monstruo”: está en New York, gozando de una beca de dos años que le dieron en la School of Internacional and Publics Affairs de la Columbia University.

Harold Cárdenas, que tiene la cara blindada y más que muela zurda para dar, unas espuelas más grandes que las del Gallo de Oro y el Llanero Solitario combinadas, en un post publicado el 28 de agosto en La Joven Cuba y titulado “Las entrañas del monstruo”, explica que se siente muy a gusto en esta beca, que considera su nueva trinchera de combate por la revolución de Fidel y el socialismo.

Dice Harold Cárdenas en dicho post —que está escrito con algunas faltas de concordancia inhabituales en él, siempre cuidadoso de la redacción— que decidió irse a estudiar al extranjero el día que Donald Trump ganó las elecciones. Conociendo a sus bien amados y muy paranoicos líderes, al bloguero le preocupaba ser víctima del fuego amigo cuando aumentara “la retórica hostil” de la nueva administración norteamericana en contra del régimen castrista y este entrara en pánico y empezara a disparar con todas sus armas y hacia todos lados.

El sagaz Harold vio a tiempo el atrincheramiento de los retranqueros, que se cerraban los espacios para “la crítica dentro de la revolución”, que “buscarse problemas pasaba de moda”, y mientras el comisariado tronaba contra los centristas y cualquier otro corrimiento ideológico, él —que de ningún modo está al centro, sino a la izquierda de Lenin— decidió poner pies en polvorosa, al menos por un tiempito, hasta que baje un poco la marea. Así que aplicó en varias universidades extranjeras, a ver cuál se le daba. Y se le dio la beca de la universidad norteamericana. Fue ahí que Harold tuvo que sopesar qué haría, pues sabía “el costo político que implica estudiar en USA”. Pero venció sus prejuicios, y allá fue, presto al sacrificio, haciendo pucheros, en pos de la abstracción académica, con tres camisas y un libro de Che Guevara.

¿Qué mejor sitio que el corazón del imperio para defender al castrismo? Ya anunció que denunciará desde allá “el acoso” a que está sometida la dictadura que él aún se empeña en llamar “revolución”. Compadezco a los que tengan que escuchar su cháchara.

Anuncia Harold Cárdenas, siempre tan osado, que no le preocupa decir en New York que es socialista. ¿Y por qué iba a preocuparle? Malo sería que se proclamara neonazi, con tanto pendenciero que anda suelto…

Si algún impertinente le habla de los dólares que ganará, Harold Cárdenas, que se sabe defender como gato boca arriba, volverá a decir que serán empleados en la lucha por la causa, como las armas que los rebeldes fidelistas les arrebataban a los casquitos de Batista.

Los jefazos pueden contar con la fidelidad de Harold Cárdenas. Va y cuando regrese, en pago por sus servicios a la causa, le dan el carnet del PCC que tanto anhela. Harold jamás renunciará a sus ideas, que seguirán siendo rojas como un tomate bien maduro, a punto de podrirse. Y más ahora que estará mejor alimentado y durmiendo con aire acondicionado, en Yanquilandia.

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