La historia entre Cuba y Rusia que Raúl Castro desconoce Cubanet

Vladimir Putin junto a Raúl Castro durante una visita del primero a Cuba (EPA)

LA HABANA, Cuba.- A los dos años de su arribo al poder, el 13 de febrero de 2010, Raúl Castro hizo un brindis con todos sus amigos generales y coroneles en la Sala Universal de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), con motivo de conmemorar el primer convenio comercial establecido entre Cuba y la URSS para la compra de un millón de toneladas de azúcar y el primer crédito de cien millones de dólares, concedido a la isla para la construcción de plantas industriales.

Ese día, dijo, se cumplían cincuenta años de relaciones entre cubanos y soviéticos.

Es significativo cómo el canciller ruso Serguei V. Lavrov no acudiera al acto político y sólo enviara por escrito una felicitación. Seguramente porque, en Moscú, la historia entre la URSS y Cuba es muy distinta a la que conocía Raúl: En Rusia, por el contrario, se celebra el 6 de julio de 1902 como la fecha en que por primera vez se establecieron relaciones entre ambos países.

Al parecer, o Raúl no conocía la historia, o no le daba valor alguno, porque fue aquel 6 de julio que el zar Nicolás II respondió afirmativamente a la misiva del presidente cubano, Don Tomás Estrada Palma, donde le había propuesto el establecimiento de las relaciones.

De esa forma, el Imperio Ruso y Cuba quedaban amigos para siempre. El consulado cubano en San Petersburgo tuvo como primer jefe de esa misión al célebre ajedrecista José Raúl Capablanca, casado con una princesa rusa, y a partir de esa fecha ocurrieron eventos culturales de gran trascendencia: la célebre bailarina Anna Pavlova, con toda su comitiva, fue aplaudida en La Habana, el poeta Vladimir Mayakovski se reunía con intelectuales cubanos y se pudo disfrutar de presentaciones a cargo de famosos músicos como Rajmaninov, Serguei Rokofiev y otros.

Pero los acontecimientos históricos de aquella época con relación a Moscú no terminaron ahí.

Aunque la represión estalinista era conocida en el mundo entero, el 17 de octubre de 1942 Cuba reconocía a la dictadura soviética, mediante acuerdos suscritos en Washington, entre los embajadores de Cuba y la URSS. El diplomático Aurelio Fernández Concheso se reunió en el Kremlin con los principales líderes comunistas y recibió de manos de José Stalin una carta de amistad dirigida a Fulgencio Batista, quien había arribado a la presidencia dos años antes.

Un poco después ocurrió un singular suceso: a consecuencia de un correo diplomático proveniente de Moscú, se puso en evidencia que La Habana se estaba convirtiendo en un centro de espionaje soviético. Aun así, las relaciones diplomáticas continuaron: en 1955 el General Batista exportó azúcar a la URSS en varias ocasiones y en 1957, la compañía de ballet, con Alicia Alonso al frente, realizó una extensa gira por las principales ciudades de ese país, aprobada por el Gobierno cubano.

Todo eso pasó por alto Raúl Castro cuando celebró los llamados cincuenta años de amistad.

Ni siquiera le importó que en dos ocasiones el Kremlin le informara, en sus visitas a Moscú, la verdadera fecha de las relaciones y que Vladimir Putin; que conversando con él en su casa campestre de las afueras de Moscú le rectificara que no eran cincuenta, sino ciento diez, los años transcurridos del establecimiento de las relaciones.

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