La verdadera historia de Tamara Bunke Cubanet

Tamara Bunke, alias ‘Tania la Guerrillera’ (elaltobolivia.blogspot.com)

LA HABANA, Cuba.- La dictadura de Fidel y Raúl Castro tiene tantas, pero tantas historias ocultas, que aún no se sabe dónde comienzan ni dónde terminan. Se volverían locos los cubanos a sueldo del régimen si un día les da por escribirlas.

Una de ellas, tan manoseada por estos días en la prensa castrista, es la de Haydee Tamara Bunke Bider (1937-1967), muy conocida en Cuba como “Tania la guerrillera”.

Ni las periodistas cubanas Mirta Rodríguez Calderón, y mucho menos Marta Rojas, autoras del libro Tania, la guerrillera inolvidable, fueron capaces de escribir la verdadera historia de esta argentina, como lo ha hecho el uruguayo José A. Friedl Zapata, experto en periodismo investigativo, que pudo descifrar, con su libro de igual nombre: Tania la Guerrillera, “el oscuro rompecabezas que son todavía la vida y muerte del Che Guevara”, como señaló en su solapa Carlos Alberto Montaner.

Por apego a la verdad, hay que decir que a Tamara, muerta en una emboscada preparada por el ejército de Bolivia, no le cabe el adjetivo de “guerrillera”. Se sabe que pasó muy poco tiempo en la selva boliviana junto a un pequeño grupo de rebeldes dirigidos por el Che y que no disparó ni un solo tiro.

La vida de Tamara, bien contada por Friedl Zapata, estuvo marcada por el hecho de ser hija de militantes de extrema izquierda comunista, que incluso supieron que su hija se había convertido en una espía doble de la RDA y la URSS, un trabajo altamente peligroso y sórdido, que por último le costó la vida.

Friedl Zapata dedicó su valioso tiempo, y quiso saber todo respecto a Tamara desde que el Teniente Coronel Gunter Mannel, del Servicio Secreto de Alemania Oriental, se fugara a Alemania Federal en 1961, donde confiesa, entre otras cosas, que Tamara era uno de sus agentes del MfS, entrenada y seleccionada por él mismo en cursos de espionaje, en coordinación con el KGB soviético de Berlín.

Dijo Mannel además que el trabajo específico de Tamara era acercarse a personalidades extranjeras, de interés especial para la Seguridad del Estado alemán, una labor que la joven veinteañera realizaba gracias a su juventud, belleza y conocimiento de otros idiomas, sin escrúpulo alguno, para que luego la MfS chantajeara a dichas personas a través de cintas y fotos comprometedoras.

Una de aquellas misiones la cumplió Tamara a cabalidad: entrar en contacto con el Che Guevara, en diciembre de 1960, de visita este en la RDA.

Hoy es sabido que, además del KGB —que no confiaba en el Che por sus ideas pro-China, por sus fuertes críticas contra los productos soviéticos y por su política exterior—, también la CIA quería vigilar de cerca al Che por sus actividades revolucionarias financiadas por Cuba. Friedl Zapata, incluso, echó un vistazo a documentos de la CIA de los años sesenta, donde aparece Tamara como agente de Alemania, Moscú y La Habana.

En su largo y complicado recorrido como profesional del espionaje comunista, Tamara continuó su trabajo a su llegada a La Habana en mayo de 1961 convertida de inmediato como triple agente, en los brazos de Manuel Piñeiro, alias “Barbarroja”, jefe de la Dirección General de Inteligencia Cubana, más conocida por sus siglas (DGI) y cuyo objetivo principal era dominar las actividades encubiertas de Cuba en América Latina, algo que terminó con la caída definitiva del comunismo europeo.

Para esa fecha todavía los restos del Che, de algunos de sus hombres y de Tamara no habían sido buscados por orden de Fidel Castro. Demoró treinta años para que lo hiciera. ¿Acaso la guerra de guerrillas del Che fue echada al olvidado durante todo ese tiempo, como ocurre con los restos de Camilo?

La historia verdadera de Tamara hoy se conoce en gran parte gracias al colega uruguayo Friedl Zapata. También, aunque bastante tarde, a Dámaso Lescaille, alias Ulises Estrada, jefe de espías y un bello negro cubano que nos cuenta en un libro suyo, publicado en 2005, después de 41 años, el gran amor que sintieron él y Tamara. Ella se lo confesó a su madre en una carta: “Si no me roban a mi negrito, me voy a casar y habrá enseguida mulaticos cuando regrese a Cuba”. Él murió hace tres años, dijo, sin poder olvidarla.

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