Los grillos contra el imperialismo Cubanet

‘¡Al ataque sónico!’ (Aristide Pumariega/Cortesía)

LA HABANA, Cuba.- Este jueves 26, a las ocho y media de la noche, justo entre el noticiero vespertino y la gustada novela brasileña, la Televisión Cubana lanzó al aire un desmentido de las acusaciones estadounidenses sobre los “ataques acústicos” realizados contra diplomáticos de su país —y también de Canadá— en La Habana. Esto fue ratificado en el Granma del viernes 27. El formato escogido fue un nuevo capítulo de la serie “Las razones de Cuba”.

Lo primero que cabe destacar en esta nueva entrega es que la supuesta refutación ha tenido un carácter meramente oficioso. Por esta vez nos hemos librado de tener que leer o escuchar la cansona lectura de uno de esas “declaraciones del Ministerio de Relaciones de Exteriores”, que parecen ladrillos lanzados contra los cubanos.

Como resulta habitual en casos como ése, las rotundas afirmaciones de los locutores o de oficiales de completo uniforme son respaldadas por científicos y especialistas que afirman haber estudiado con detenimiento el asunto. En esta ocasión, esos sabios han llegado a la conclusión de que el ataque acústico habría tenido un carácter similar al de los ruidos que suelen emitir… ¡grillos y cigarras!

Según el Granma, el “profundo estudio” realizado permitió establecer “la similitud entre las muestras sonoras entregadas” por los norteamericanos “y el sonido de estos insectos”. “Este resultado fue presentado a la contraparte estadounidense como la causa plausible de algunos incidentes sonoros reportados”.

El mismo periódico comunista afirma que los ataques acústicos, cuya mención acompaña con calificativos como “presuntos” y “alegados”, han sido objeto de “manipulación política” por parte de Estados Unidos. Un excelente ejemplo de un burro hablando de orejas.

No creo que este nuevo esfuerzo del oficialismo haya tenido, como objetivo primordial, a los cubanos de a pie. Los especialistas del Departamento Ideológico del partido único saben muy bien que los bodrios que ellos cocinan no convencen a la generalidad de nuestros compatriotas. Lo demuestran cada vez que, para que sus afirmaciones tengan cierta aceptación, transmiten fragmentos de noticieros extranjeros, en la voz de los locutores originales.

Es ante todo en otras latitudes donde incondicionales y “compañeros de viaje” recepcionan los guisos confeccionados en La Habana, y los sirven a sus propios públicos. Esto es válido, de manera especial, en los mismos Estados Unidos, donde una serie de comunicadores “liberales” (en realidad, ideólogos anti-sistema con inmensas añoranzas socialistas) se hacen eco de todo lo proveniente de sus “hermanos de ideales”.

Pese a ello, la nueva entrega de “Las razones de Cuba” ha servido para convencer a nuestros atribulados compatriotas de una cosa: la nueva calamidad que les ha caído encima está ahí para quedarse. Porque no admite dudas que las consecuencias de este nuevo diferendo constituyen una desgracia adicional, que se suma a las otras que ha provocado la política inmovilista de los ocupantes del Palacio de la Revolución.

Éstos, en lugar de aceptar la mano que mantuvo tendida durante meses el presidente Obama, optaron por hacerle asquitos y remilgos de todo tipo. Al surgir el nuevo diferendo, su canciller le pidió una entrevista urgente al ocupadísimo Secretario de Estado… para decirle lo mismo que habían declarado durante semanas. Lo que el señor Tillerson debe haber valorado como un desperdicio de su valioso tiempo se saldó, en apenas unas horas, con la expulsión de una quincena de diplomáticos cubanos de Washington.

Esta última situación, sumada a la retirada de buena parte del personal estadounidense de la Embajada en La Habana, ha conducido a una gran ralentización en el otorgamiento de visas a los ciudadanos de uno y otro país (y también a cubanos, pues, aunque parezca increíble, los castristas exigen a nuestros compatriotas radicados en el extranjero que obtengan un permiso otorgado por ellos mismos para poder visitar el suelo en que nacieron).

Esta virtual paralización de los permisos de viaje representa un sólido golpe propinado a los castristas. De ella, la propaganda de La Habana culpa a “la Mafia anticubana de Miami”. El Granma, más específico, cita al senador Marco Rubio. Son, pues, nuestros compatriotas de ideas democráticas radicados en el exilio los que pueden acreditarse esta fuerte estocada asestada al régimen.

Porque lo que no puede negarse es que, pese a toda la retórica antiamericana de los agitadores comunistas, los viajes de quienes residen en Cuba a la tierra del “enemigo”, y viceversa, constituyen el mejor de los alicientes incluso para aquellos que están comprometidos política e ideológicamente con el castrismo.

El Granma desliza una velada amenaza. Según el órgano oficial del partido único, “esta situación… pone en riesgo la preservación de la seguridad nacional de ambos países, pues se afectarían los acuerdos en materia migratoria”, entre otros. ¿Estarán insinuando la posibilidad de un nuevo éxodo masivo?

No creo que estén locos en el Palacio de la Revolución. Y tendrían que estarlo para pensar que, a estas alturas, con un presidente republicano con las características de Donald Trump en la Casa Blanca, podrían iniciar una nueva aventura de ese tipo sin sufrir consecuencias harto desagradables para ellos mismos.

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