Mano a mano entre censura y prisión Cubanet

Ángel Delgado (Foto: María Matienzo)

LA HABANA, Cuba.- El programa Malditos de la Post-guerra es un proyecto de Sandra Ceballos quien en Espacio Aglutinador, su galería independiente, muestra documentos que, en algún momento, han servido para incriminar o censurar a artistas.

En esta ocasión, Crónicas y Evidencias, ha propiciado un diálogo con la censura de Alberto Casado y el encarcelamiento de Ángel Delgado, en la década del 90. Ambos artistas cuentan a CubaNet su experiencia.

Según Alberto Casado toda la obra expuesta trata de “la historia del arte cubano”, y agrega que “estas piezas eran una historiografía del arte, una chismografía y como vivo en Guanabacoa casi siempre me entero de las cosas como de oídas; por eso las piezas tienen ese tono, el de alguien que oyó un comentario, un chisme.”

Para Ángel Delgado lo interesante de esta exposición “es que muestro un poco más de la realidad de aquel performance”, refiriéndose a la documentación que generó la obra La esperanza es lo último que se está perdiendo, que se hizo en el Objeto esculturado, en 1990: “Hay dibujos que hice dentro de la prisión, documentos oficiales como el acta de libertad, algunas notas de las visitas que tenía, es todo eso que normalmente no se ve y que no se sabe, y para mi es súper interesante poder mostrar después de 26 o 27 años muchas de las cosas que la gente ha hablado de mi performance, pero que la gente nunca supo, más lo que ni se imaginaba”.

Ángel Delgado está consciente de que su “caso” en el mundo del arte ha generado fábulas, lo que hace de Crónicas y evidencias una especie de momento de la verdad, y comenta: “Hay montones de historias de lo que sucedió y la gente se ha inventado su propio performance y han hecho los cuentos de no sé cuántas maneras, de lo que hice y de lo que quise decir”.

En los dos artistas, contar historias ha sido determinante en sus obras.

En Alberto, el vacío que creó la emigración hacia México de casi toda de la vanguardia artística de los 80 y el paso a su generación hizo que los porqués fuera una preocupación, y desde que era estudiante del Instituto Superior de Arte (ISA) empezó a trabajar el tema de la censura y a generar su propia censura.

“Un profesor creó un taller para contar la historia de lo que había pasado”, cuenta Casado. “El vacío y la tensión, me llamaron la atención. Imagínate que empezaba el período especial y contar la historia era como crear el cambio de generación que no habíamos tenido”.

En Ángel Delgado, los hechos abruptos lo obligaron a querer contar.

“Estos son dibujos que narran historias a través de un alfabeto que tuve que inventarme porque era la manera en que podía describir todo lo que veía dentro de la prisión sin ser descubierto”, dice Delgado. “Hay partes que están escritas con más imágenes, más información, tratando de desvirtuar la atención de todo porque cada vez que ellos querían nos hacían una requisa y si yo hubiera tenido algo muy evidente, me lo iban a quitar. Por eso es que parecen jeroglíficos. Ahí hay mucha simbología que tiene significado y otra que es pura desviación de la atención. Mi hermana era la única que sabía la traducción”.

A Casado las circunstancias geográficas y el silencio alrededor suyo lo impulsaron a “hacer este tipo de trabajo con una técnica que trabajan mucho los artesanos en Guanabacoa, que era en cristal con papel de aluminio, que está asociado al mundo del arte kitsch, pero que lo tomé porque quería asociarlo a la censura y a la política”.

A Delgado el encarcelamiento lo cambió estética y conceptualmente. ¿Qué quedó del artista después de seis meses de prisión?

“Siempre digo que la prisión fue mi última etapa de la escuela. Yo pasé la elemental de artes plásticas; San Alejandro nivel medio y pasé unos años del ISA, y la prisión fue mi último semestre, porque cuando intenté regresar al ISA, me dijeron, “por órdenes superiores usted no puede entrar nuevamente a la escuela”. Y me sirvió para todo porque mucha de la obra que hice posteriormente fue hecha con técnicas carcelarias. En la prisión hice mucho trabajo con jabón y mucho dibujo sobre pañuelos. Y conceptualmente mi obra gira alrededor de ese punto aunque no sea para nada anecdótica, siempre he tratado de esa experiencia llevarla a lo colectivo”, asegura el artista.

Alberto Casado (Foto: María Matienzo)

Los dibujos expuestos en Espacio Aglutinador son 16 de 102 originales que después se convirtieron en un libro.

“Eso ha tenido consecuencias”, asegura Alberto Casado, quien ha expuesto muy poco en Cuba. “No es que me dedique completamente a la censura; es que siempre mi trabajo ha tenido la carga de la protesta, de la rebeldía, de denuncia. El hecho es que mis piezas no se exponen en ninguna galería oficial, precisamente mi primera exposición fue aquí en el año 96”, y se refiere a Espacio Aglutinador, de Sandra Ceballos, “y después de eso en Nueva York, mientras que aquí he sido un artista olvidado, marginado.”

Entre las piezas de Alberto Casado están las historias de los escritores cuando las Palabras a los Intelectuales y más recientemente, Go Home, Guayatola, “sobre Aldito Menéndez también y su ‘Guayatola’, una pieza que él se confeccionó a partir de que no lo dejaran entrar a Cuba”. Esta obra de Casado nunca se expondrá en Cuba, pero que fue subastada en el Centro Cultural cubano de Nueva York el año pasado.

Los dos artistas han traducido su experiencia al arte y han logrado combinar conceptos, estéticas, historia y comercio, al punto que Ángel Delgado no encuentra culpables.

“Ya sabemos que hay todo un sistema que puede ser el culpable, pero ni siquiera eso es lo importante en este caso. Creo que le he sacado bastante provecho a una situación, que por muy difícil que fuera, me ayudó. Es muy extraño decirlo, pero me ayudó”, y de alguna manera habla por toda una generación de artistas plásticos que sobrevivieron a historias de represión y censuras, establecieron relaciones con sus represores, y se hicieron del halo de lo eterno que puede dar el arte.

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