Obesidad, otro indicador del deterioro en Cuba Cubanet

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La obesidad en Cuba es un problema creciente (Foto: Alba León Infante/El Toque)

LA HABANA.- Según medios oficiales, cerca del 43% de la población cubana padece sobrepeso u obesidad, lo cual dice mucho del estilo de vida en un país donde la alimentación es cara y de mala calidad. Aunque desde 2011 no se publican cifras al respecto, los grupos de mayor riesgo son los niños y adolescentes, que ven afectado su rendimiento físico e intelectual; además de sufrir daños emocionales a causa de las burlas y el bullying que se ha disparado, sobre todo, en las escuelas secundarias.

La Organización Mundial de la Salud reveló en 2016 que existe un total aproximado de 41 millones de niños menores de cinco años con sobrepeso u obesidad, casi el doble detectado en 2011, y la mayoría en países en vías de desarrollo. La temprana aparición de esta enfermedad demanda una respuesta inmediata y eficaz para evitar que en la etapa de preadolescencia los niños sean declarados diabéticos tipo 2, hipertensos, o padezcan trastornos ortopédicos severos.

Esta realidad ya se aprecia en Cuba, donde los especialistas alertan sobre la necesidad de modificar la alimentación y elevar el consumo de cereales integrales, queso fresco, carnes blancas, vegetales y frutas. Sin embargo, ninguno explica que para adquirir estos productos —si aparecen— es necesario invertir más del salario promedio mensual, que ronda los 30 CUC.

Las bolsas de pan integral y cajas de cereales con bajo contenido de azúcar no cuestan menos de 2 CUC (50 pesos) en mercados estatales o establecimientos privados. En los agromercados cubanos el abastecimiento y la calidad de las frutas no es regular, y tras el paso del huracán Irma se han encarecido incluso aquellas que, por su abundancia en cualquier temporada, solían ser más baratas, como la guayaba y el plátano fruta.

Las neveras de las tiendas están repletas de productos dañinos —hamburguesas, salchichas, picadillos grasientos— que aportan más calorías que valor nutritivo. Las especies de pescado que se comercializan en la red estatal —tilapia, carpa, tenca— no es del agrado de la población por su mal sabor, y ningún médico las recomienda como base de una dieta sana.

No es de extrañar que en los últimos años en Cuba se haya elevado el número de niños en edad preescolar declarados obesos o con sobrepeso, hecho que aumenta las probabilidades de padecer enfermedades crónicas en la adultez y, por consiguiente, la utilización de los servicios de salud. En esta problemática inciden la tendencia al sedentarismo, la escasez de opciones para conformar una dieta balanceada, el bajo poder adquisitivo de la población y la ignorancia acerca de los parámetros para mantener una adecuada cultura alimentaria.

Los niños y adolescentes cubanos están habituados a paliar el hambre con chucherías —hamburguesas, fritangas, panes, pizzas—, por lo general acompañadas de refrescos enlatados. La antigua creencia de que “gordura es hermosura” goza cada vez de menos popularidad, pues los peligros inherentes al sobrepeso son difundidos por los medios oficiales y la cultura de masas se ha ocupado de establecer un modelo de belleza diametralmente opuesto a las libras de más.

El problema tiene su raíz en un contexto donde se han unido el limitado rango de opciones para tener una alimentación adecuada, los nuevos pasatiempos juveniles —ajenos al ejercicio físico— y la falta de una estrategia para motivar la práctica de deportes y juegos al aire libre. La mayor parte de las áreas deportivas han desaparecido y las pocas que existen son colonizadas a diario por adultos que juegan durante horas, sin pensar en la necesidad de poner la cancha también a disposición de los infantes.

Los parques se han destinado a colas de ómnibus y puntos wifi, haciendo muy difícil que los niños jueguen pelota, fútbol, o monten bicicleta sin molestar a las personas que, obligadas a carenar allí para conectarse a Internet, olvidan el propósito fundamental de esos lugares. La imposibilidad de conciliar los intereses de niños y adultos en cuanto al uso de los parques ha inclinado la balanza en perjuicio de los primeros, cuyos padres prefieren tenerlos en casa, delante de una tableta o la TV, para evitar cualquier conflicto a causa de un pelotazo accidental.

En 2017, con el objetivo de estimular el interés de la comunidad por realizar actividades físicas, varios equipos para hacer ejercicios fueron emplazados en parques y solares yermos de la capital. Los “autores intelectuales” del proyecto no ponderaron que el sol calcinante imposibilita la interacción con los aparatos hasta pasadas las 7 de la noche, razón por la cual son poco utilizados y generalmente por adultos.

La obesidad constituye una epidemia mundial que, en el caso de Cuba, se suma a otros nefastos indicadores sociales como el envejecimiento poblacional, la pésima calidad de vida, la falta de vigilancia en la alimentación desde edades tempranas y el deterioro del sistema de salud.

Por más que la propaganda estatal reitere que el acceso a la atención médica está garantizado, la población seguirá siendo en extremo vulnerable porque lo básico, entiéndase opciones variadas y asequibles para conformar una dieta saludable, no existe.