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País sin huevos

LA HABANA, Cuba. – Tener huevos en Cuba es, sin ninguna duda, un gran distingo; lo mismo si se trata de la valentía que de la tenencia de huevos de ave. En Cuba los huevos siempre merecieron reverencias, pero hoy son mayores que en otros tiempos. “El huevo merecería una estatua”, así decíamos hace ya algunos años, también llenos de escaseces, en los que los huevos no habían desaparecido del todo, para hacer evidente que era lo que más comíamos, pero eso fue hace mucho tiempo, en un tiempo que despierta hoy las añoranzas.

Hoy el huevo es un recuerdo, es una larga tristeza. Hoy el escenario del huevo es otro. Hoy es peor, tanto que el huevo de pato comienza a tener adeptos, y también adictos, y mucho más ahora que están perdidos los unos y los otros.

En estos días el huevo es muy difícil de comprar. En estos días no se encuentran ni en los “centros espirituales”, y cuando aparecen tienen precios que ya alcanzan la estratosfera. Quizá por eso algunos dicen, tras conseguirlos, “compré un cartón de testículos”, y hasta, en franco irrespeto, “compré la hostia”.

Los huevos son hoy solo una palabra, son una utopía, una expresión, un sujeto al que no conseguimos predicar. El huevo es lo irrealizable soñado. Los huevos son una utopía. El huevo es hoy, y para muchos, lo trascendental, y tiene una infinidad de predicados. Hoy el huevo es el imposible, es la quimera, la atracción frustrada, la seducción y el conflicto, es el peligro. El huevo es la ausencia de dulces, el flan que se perdió, el pudín y la natilla que no hay. El huevo es la añoranza, es un signo de la miseria, un símbolo de otros tiempos.

El huevo en Cuba está por las alturas, y creo que en algún momento, y en sus subidas, conseguirá instalarse en ese sitio en el que antes estuvo el águila, el águila del monumento al Maine que fuera derribada con gran alboroto por los comunistas después de 1959. El huevo. ¿Qué es el huevo? El huevo son los 5.000 pesos que ayer pagué por esas “posturitas de pollo”. 5.000 pesos por 30 huevos, 166 pesos y unos centavos más, por cada huevo.

El huevo, diría hoy Tomás Moro, si es que estuviera en Cuba, es lo trascendental. Tomás Moro diría que el huevo trasciende a lo diverso. El huevo en Cuba es lo singular, y las singularidades se pagan muy caras. El huevo en Cuba es lo trascendental. El huevo en Cuba es transnatural y con todos los atributos de la vida eterna.

El huevo en Cuba consigue trascender tanto como esas cosas que están fuera de la experiencia humana, al menos en Cuba y en mi barrio, donde 30 huevos ya cuestan 5.000 pesos. El huevo en Cuba ya tiene la categoría de bien supremo, y su precio llegará a lo más alto del monumento al Maine, ese sitio en el que estuvo instalada el águila que Fidel hizo tumbar. Sí, Fidel tumbó al águila e hizo desparecer los huevos. Fidel tiró al suelo al águila, y a las gallinas. Fidel aplastó los huevos.

ARTÍCULO DE OPINIÓN
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