¿Qué hay detrás de la reyerta contra La Joven Cuba? Cubanet

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Harold Cárdenas (dw.com)

LA HABANA, Cuba.- Nada bueno augura la agria reyerta sobre el periodismo cubano que se desarrolla desde hace varias semanas en los medios oficialistas y semioficialistas.

Si  digo semioficialistas al referirme a blogs como La Joven Cuba es  porque me resisto a considerarlos independientes, de tan leales como dicen ser al régimen que llaman revolución. Pero en vistas de que ciertos comisarios y su “ciberjauría” les han enfilado los cañones y no escatiman salvas contra ellos, habrá que empezar a aceptar, por insólito que sea,  que vienen a ser algo así como revolucionarios-fidelistas-socialistas por cuenta propia.

El problema es que la línea oficial, que no ha cambiado tanto como algunos pudiesen suponer o desear, no está dispuesta a aceptar las autonomías. Nada. Ni siquiera “dentro de la revolución”.

Esa es la única explicación que pudieran hallar  los que no entienden el porqué del “encarne” del ”cibercomisario” Iroel Sánchez y otros personeros de la prensa oficialista contra el blog La Joven Cuba y  Harold Cárdenas, su fundador y administrador.

Ha sido tan encarnizado el ataque de Iroel Sánchez, que provocó que el periodista y bloguero Paquito el de Cuba se haya salido por un momento del  activismo por la diversidad sexual y le haya escrito al comisario una carta abierta, en defensa de Harold Cárdenas pero sin nombrarlo, donde le expresa su temor de que en vez de defender a la revolución, pudiera estar dañándola gravemente.

El avieso Iroel Sánchez, además de atacar con encono a Harold Cárdenas, publicó en La Pupila Insomne, el blog que dirige, un artículo  cuyo autor, Javier Gómez, afirmó que había sido censurado por los de La Joven Cuba.

¡Qué cosa! ¡El supercensor Iroel Sánchez oponiéndose a la censura en La Joven Cuba!

El pretexto que dio pie para los ataques contra Harold Cárdenas fue su trabajo durante tres años como editor en El Toque. Pero Harold Cárdenas asegura que lo que en realidad molesta son los siete años de existencia de La Joven Cuba, costeada en los últimos tres con lo que le pagaban en El Toque.

Desde hace meses, a los periodistas oficialistas les aprietan las clavijas, les censuran más de lo habitual los posts en sus blogs personales y les prohíben escribir en “otros medios”, que es el nebuloso término que emplean los censores del oficialismo para referirse a OnCuba, El Estornudo, El Toque y Periodismo de Barrio (y ni hablar, qué horror, de CubaNet, Diario de Cuba, Cubaencuentro o Primavera Digital).

Los alegatos de Harold Cárdenas, siempre más a la izquierda que Marx, y cuya fidelidad al fidelismo recuerda la de los cristianos en el circo romano a Jesús de Galilea, hacen todo más confuso.

Un reciente post suyo, “Los periodistas imprescindibles”, donde quebraba lanzas a favor de los periodistas oficialistas, desencadenó otro chaparrón contra él.

A Javier Gómez, el bloguero que sintiéndose censurado por La Joven Cuba buscó cobijo en La Pupila Insomne del inefable Iroel Sánchez, colocándose en la puja de las estrellas del neoestalinismo, pero por cuenta propia, le llamó la atención que el artículo de Harold Cárdenas alarmase más a “algunos independientes” (¿una alusión a Elaine Díaz?) que a los “oficialistas intolerantes” y a los “inmovilistas retrógrados”.

Es para alarmarse, porque Javier Gómez, en medio de sus malabarismos acerca del control estatal sobre los medios de prensa y sus advertencias sobre “la censura  de la tecnocracia empresarial, de la corrupción, de la incapacidad administrativa”, llega a afirmar, en tono de oficial de la Seguridad del Estado, que “el de periodista se ha convertido en el disfraz de moda adoptado por la contrarrevolución en el momento político actual”.

Y sentenció: “Hacer periodismo hoy en Cuba es hacer política, es asumir una posición política. Entonces la cuestión no es si el periodismo se ejerce en un medio estatal o en uno independiente, la cuestión está en si es un periodismo a favor de la Revolución o en contra de ella. La diferencia es hacer periodismo revolucionario o periodismo contra la Revolución. No existe la cuestión periodismo oficial vs periodismo independiente. Esa es la flauta con que pretenden encantarnos. Lo que existe es la cuestión periodistas revolucionarios vs periodistas contrarrevolucionarios donde quiera que trabajen”.

Así que ya saben los colegas (¿me permitirán llamarlos así?) de la prensa oficial y de los blogs oficialistas, semioficialistas,  casi oficialistas y otras yerbas: a no salirse del teque, a no ponerse demasiado críticos, a olvidarse de lo que decía Rosa Luxemburgo de la democracia en el socialismo, y sobre todo, a no colaborar con “otros medios”, que la purga viene en camino (y la ley de prensa, Dios nos coja confesados, también).

Harold Cárdenas, aún en el limbo en que lo han dejado al darle de baja de la UJC  y no concederle el ingreso al PCC, con el destino de La Joven Cuba pendiente de un hilo, si no la salva Díaz-Canel, es capaz, con una resignación que hubiera envidiado Job, de seguir asegurando respecto al bate que le golpea y que golpeará a muchos otros más, que no se trata de una política de Estado, sino de “procedimientos sectarios” de algunos dogmáticos y extremistas.

Harold Cárdenas  habla de “una pugna táctica entre sectores revolucionarios”.  Para intentar explicar qué hay detrás de la actual reyerta en los medios, yo preferiría hablar de un forcejeo, allá en las alturas, entre facciones. Desgraciadamente, ya se siente el tufo, parece estar ganando la ortodoxia neoestalinista, retranquera e inmovilista.

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