¿Qué sucede en Cuba cuando se precisa una “tercera pata”? Cubanet

(Foto: granma.cu)

LA HABANA, Cuba.- Llegado a Tebas, Edipo se entera de la existencia de una “esfinge” a la que únicamente se podía destruir después de responder a un acertijo, ese que averiguaba cuál era el animal que caminaba primero en cuatro patas, más tarde en dos, y finalmente en tres. El joven Edipo acertó con su respuesta, advirtiendo que se trataba del hombre, quien al nacer se movía gateando, “en cuatro patas”, hasta que se levantaba para caminar erguido sobre sus dos pies, mientras que, llegada la vejez, se apoyaba en un bastón, su tercera pata.

Edipo dio la respuesta exacta y Tebas, salvada de los males de la esfinge, le ofreció como recompensa la mano de Yocasta, la reina viuda, su madre, a quien desposara sin saber del parentesco. Conocida la verdad el rey Edipo se sacó los ojos y vagó por los caminos apoyado de un bastón o del hombro de su hija, la fiel Antígona.

Así camina ahora Lorenzo, apoyado sobre el hombro de su hija Nancy, y no porque tuviera que enmendar alguna culpa como el tebano. A este hombre habanero le robaron el bastón hace unas semanas. Una mujer que gritaba improperios a su marido, que corría tras él, le arrancó el bastón a Lorenzo, y siguió corriendo tras su presa. El viejo Lorenzo cayó al suelo, algunos de los que estaban cerca lo ayudaron a incorporarse, pero la ladrona consiguió largarse con el apoyo de Lorenzo.

Lorenzo, además de la pérdida del bastón, descubrió que su prótesis se había dañado en la caída, y ahí comenzaron las peripecias de este anciano y de su hija, quien ha tratado de restaurar la prótesis sin conseguirlo. Ya estuvo en dos talleres, y en cada uno se aterró al mirar la expresión de los mecánicos que no consiguieron componerla. Y el pobre hombre no se resigna al sillón, quiere dar su vueltecita callejera como cada día, pero su hija no se atreve a traspasar la puerta con su padre, teme que vuelva a caerse y que el mal se vuelva mayor.

No tengo noticias de que Layo, padre de Edipo y rey de Tebas hasta que lo mató su hijo, hiciera alabanzas de las atenciones que prodigaba su reinado para los más viejos, pero en Cuba, a cada minuto, sí que se habla de la atención a sus mayores, de las garantías de la salud que tienen sus ciudadanos, aunque la realidad sea otra.

Tendrían que constatar esos parlanchines el desamparo que siente un anciano cuando llega a una farmacia y se entera que no podrá cumplir las recomendaciones de su médico porque siguen “en falta” un sinfín de medicamentos. Mi madre hace tres meses que no consigue la aspirina de 125 milígramos y tampoco la digoxina, y su corazón no le agradece en nada esas ausencias, se lo recuerda a cada instante.

Ese altanero gobierno discursea sobre su “generosidad”, y sobre la atención a los de la tercera edad, sin que se atreva a mencionar las pésimas condiciones que tienen en la isla los hogares de ancianos, sin que reconozcan la pésima alimentación que tienen en esta isla los más viejos. No creo que este gobierno desconozca lo que para un anciano significa un vaso de leche, un pescado, un bastón, o la prótesis para quien no tiene las dos piernas. No creo que desconozca ese etcétera larguísimo de escaseces, que es prueba de una vida miserable.

Lorenzo dice que, después que se rompió su prótesis, después que le robaron el bastón, ha perdido la luz, y no creo que él esté hablando de la luz divina. Él habla de otra luz. Para Lorenzo, quien ya tiene ochenta y tres años, la luz está en esos paseos matutinos que ahora no puede dar; para él la oscuridad es andar dando salticos por la casa y apoyado en el hombro de su hija. Ramón languidece desde hace tres semanas sentado en un sillón, como tantos ancianos en la isla. Sin dudas por acá no se descifró nunca el acertijo de la esfinge cubana, quizá porque las realidades no son las mismas que conoció Edipo; en Cuba el niño gatea en cuatro patas para erguirse luego sobre los dos pies, pero no está garantizado que en la vejez tenga un bastón o la prótesis que podría necesitar.

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