Salsa Mayor y la Sinfónica Nacional, el espectáculo del año

LA HABANA, Cuba.- Un despliegue de glamour tropical que incluyó alfombra roja y zalamerías de la prensa oficial fue la antesala al fabuloso concierto ofrecido por Maikel Blanco y su orquesta Salsa Mayor, junto a la Sinfónica Nacional, este fin de semana.

Era tal la magnitud de este acontecimiento que no se producía en la música cubana desde finales de la década de 1970, que importantes directores de orquesta dentro del panorama popular bailable se hicieron presentes en la sala Avellaneda del Teatro Nacional. José Luis Cortés “El Tosco” (NG La Banda), Lázaro Valdés (Bamboleo) y “El Noro” (Primera Clase) asistieron a la presentación del fonograma Que no me quiten la fe, arreglado y producido por el propio Maikel Blanco y comercializado bajo el sello BIS MUSIC.

El álbum, correspondiente al año 2015, resume la madurez alcanzada por Salsa Mayor, un ensemble conformado por virtuosos instrumentistas. Desde su aparición en la escena musical de la Isla, la orquesta que dirige el pianista, compositor y arreglista Maikel Blanco no ha dejado de ganar seguidores y sumar público bailador con cada una de sus producciones; aunque su presencia en las listas de éxitos se hizo más notable gracias con el lanzamiento del CD A toda máquina, fechado en 2012.

En un panorama timbero muy lastrado por la mediocridad y la escasez de buenos arreglistas, la propuesta de Salsa Mayor descuella gracias a un sonido de excelencia, irresistible para los bailadores, que no recurre constantemente a las estridencias en el plano de los metales, ni a las cerradas descargas de percusión. La orquesta tiene su sello, pero se percibe el legado “vanvanero” y la sabrosura del songo en el fraseo de los trombones y en esa maestría para aprovechar las variaciones de la clave cubana, sin perderla en los desafueros timberos comunes a otras agrupaciones.

Sin apostar por el formato tímbrico de la charanga, Maikel Blanco ha hecho de su orquesta una síntesis de la mejor tradición de la música popular bailable, no solo en el plano de los arreglos musicales; también en la composición de canciones que rescatan el valor de contar historias para ilustrar la cotidianidad nacional con humor e inteligencia.

El sábado 19 de noviembre, Salsa Mayor se vistió de charanga, acompañada por la Sinfónica, para imprimir una sonoridad diferente a los temas incluidos en Que no me quiten la fe. Desde el intro, con la canción que da nombre al disco, hasta el cierre del espectáculo con la “otra” que pidió el público, la sala Avellaneda permaneció de pie.

Una vez superados los problemas de audio que apenas permitían escuchar a los buenos cantantes de la orquesta, todo transcurrió casi perfecto. La gente no paró de bailar, desde el extranjero que nunca dio con el ritmo, el criollo que lo lleva como parte de su ADN, y los comedidos músicos de la Sinfónica, hasta tres niñas que aún cansadas y medio dormidas en los últimos compases del concierto, seguían dando cintura en sus butacas.

De Salsa Mayor no hay coro que el bailador no conozca, y fue un placer inmenso ver a los asistentes divertirse tanto; conquistar, desde la primera canción el espacio inmediato al escenario y cantar toda la noche la retahíla de sencillos que están “pegaísimos”. Apoteósica fue la interpretación de Siempre que llueve escampa, un hit bailable que ha tomado por asalto los medios de comunicación, y fue defendido en vivo con tremenda sandunga por parte de los frontmen, todos solistas y buenos bailadores.

Si algo se echó en falta fue, precisamente, la Sinfónica. Tal vez fuera un problema de acústica, pero mientras Salsa Mayor arrollaba con un sonido de excelencia, desde el público se oía, si acaso, algún acorde de violín u otro lejano de flauta. A los efectos del espectáculo, Salsa Mayor arrasó y la Sinfónica anadaba por ahí… en alguna parte.

Quizás en el DVD, luego de la depuraciones que se logran en estudio, ambos formatos se escuchen equilibrados y radiantes; pero la gracia era sentirlo, apreciarlo en vivo. Hacerse acompañar por una orquesta sinfónica es, sin dudas, ambicioso; por ello más vale esperar el producto final para valorar con justicia la calidad de los arreglos y cuánto se complementaron —o no— dos universos sonoros tan distantes entre sí.

El otro detalle negativo de la velada fue la presencia en el teatro de personas bebiendo ron y cerveza, como si se tratara de un vulgar toque en La Piragua, escenario famoso por la calaña de quienes allí se reúnen y las broncas que se arman. Afortunadamente no hubo incidentes, pero este tipo de conducta reafirma la creencia de que la timba es música de ambiente y propiciadora de conflictos.

Al margen de estas cuestiones, fue un concierto memorable que cerró con los simpáticos coros de José Luis Cortés “El Tosco”, una breve improvisación de “El Noro” y una descarga al piano como solo puede hacerla Lázaro Valdés, director de una orquesta que cuya trayectoria ha estado pletórica de éxitos.

Como dijera en una ocasión el maestro Manolito Simonet: “Maikel Blanco y su Salsa Mayor  merece estar incluida en cualquier descarga de música cubana. Es una orquesta con la que hay que contar”. Salsa Mayor ha entrado con ambos pies a la ruta del éxito, proponiendo una sonoridad a medio camino entre salsa y timba, y al menos dos discos de culto para los que disfrutan la música popular bailable hecha en Cuba.

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