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Santa Clara: poco empleo y bajos salarios para los jóvenes

VILLA CLARA, Cuba. — Hace tres meses que Geisy busca un lugar conveniente para trabajar en el que pueda ganar cerca de los 5 000 pesos mensuales. Por menos dinero ha encontrado algunas ofertas de empleo en la llamada candonga, un mercado aledaño a los hospitales de la ciudad en el que confluyen todo tipo de negocios: ropa, calzado, ferretería y alimentos ligeros o revendidos de las tiendas MLC.

Geisy tiene 22 años y a causa de un embarazo temprano no pudo terminar el técnico medio en Contabilidad. En la zona común de la candonga se mantiene de pie por más de ocho horas diarias en un puesto donde prepara panes con queso y batidos de frutas, pero el pago depende de lo que logre vender en el día. Además, debe promocionar a gritos su oferta y cuando llueve suelen caer goteras dentro del establecimiento. Geisy confirma que las condiciones no son las mejores.

“Como hay tantos puestos parecidos, la competencia es mucha y casi todos vendemos lo mismo.”, apunta la muchacha. “Yo quisiera algo más estable y que me dé más dinero porque la vida está muy dura. Lo otro son los bares, pero tienes que pasarte la noche en vela y tampoco los salarios son tan altos”.

Las fuentes de empleo en negocios por cuenta propia se han agotado drásticamente en Cuba en los últimos meses: quienes cuentan con una plaza estable no quieren o no pueden abandonarla; en otros casos, los propios dueños han asumido los roles de vendedores o elaboradores de alimentos para obtener ganancias netas. Para los jóvenes, la situación resulta en extremo preocupante, sobre todo, para aquellos que no poseen títulos universitarios o de nivel medio, peor aún si se trata de madres divorciadas a cargo de hijos pequeños.

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(Foto de la autora)

Por otra parte, un porciento elevado de personas en edad laboral ha abandonado sus trabajos en el sector estatal para probar suerte como TCP, pero factores como la poca disponibilidad de insumos y la inflación de los precios en el mercado informal ha dado al traste con la sostenibilidad de muchos de estos nuevos emprendimientos. Datos recientes compartidos por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) confirman que existen 66 200 ciudadanos desempleados en Cuba, lo cual representa una tasa de 1.4 % de desocupación. Al cierre de febrero de 2021, Cubadebate reportó que 92 651 cubanos habían acudido a las oficinas de la dirección de trabajo en busca de empleo, pero que solo el 52% aceptó las propuestas laborales ofrecidas.

Plazas vacantes, pero poco salario

Una búsqueda rápida en los dos grupos de Telegram “Se busca trabajo” y “Trabajo en Cuba” arroja que la mayoría de las solicitudes para plazas laborales, tanto en el sector privado como en el estatal, son realizadas por personas entre los 20 y 30 años de edad. Gran parte de las propuestas pertenecen al sector de la gastronomía, peluquería o labores relacionadas con la construcción.

“Hola, tengo 20 años y busco trabajo de medio tiempo, preferiblemente por la tarde y los fines de semana. Ya he trabajado como dependiente en cafeterías. Tengo buen dominio del inglés y aprendo rápido”, escribió una muchacha llamada Arianne en “Trabajo en Cuba”. Anuncios de compañías estatales como Suchel Camacho o la empresa eléctrica también son compartidos por los usuarios en estos grupos.

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(Foto de la autora)

El año pasado, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social subió a las redes la aplicación Trabajar en Cuba, que incluiría propuestas tanto del sector estatal como del no estatal. La apk permite seleccionar campos como el nivel de escolaridad, la provincia y el salario mínimo. Para un graduado de nivel medio, en la provincia de Villa Clara, por ejemplo, se ofertan empleos como auxiliar de inspección de la Empresa Eléctrica, Lector Cobrador, Maquinista de trenes, electricista, tabaquero o liniero eléctrico. El salario de estas plazas no sobrepasa los 3 500 pesos mensuales.

“Yo mismo estuve trabajando como eléctrico”, asegura Alexis, joven villaclareño que renunció a su plaza en Caibarién y ahora ocupa un puesto como pelador de caña en una guarapera. “Al día puedo salir con 500 o 600 pesos, mucho más de lo que ganaba cuando trabajaba las ocho horas cortándole los cables a la gente que no pagaba la electricidad”.

Actualmente, existen más carreras en ofertas que estudiantes optando por ellas y solo el 47 % de los graduados se encuentran laborando en trabajos afines a lo que estudiaron, según corroboró el mes pasado el diario oficialista Juventud Rebelde. Asimismo, las cifras compartidas por la ONEI apuntan a que más de 830 000 jóvenes no trabajan ni buscan empleo en Cuba. Mientras, en la televisión cubana transmiten algunos spots en los que se solicitan plazas para la policía o como agentes de seguros.

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(Foto de la autora)

De trabajos duros con mejores pagas

“Empecé buscando un trabajo como peluquera, pero nadie me escribió”, contesta vía Telegram una muchacha llamada Melisa, de 24 años de edad. “Terminé aceptando un trabajito como cuidadora de una anciana, cosa que nadie quiere hacer en su vida y menos siendo tan joven, pero me pagan muy bien”.

Las ofertas de empleo como cuidadores de ancianos o niños que aún no se encuentran en edad escolar resultan entre los más solicitados en las plataformas online. Sin embargo, no todos los jóvenes están dispuestos a ocupar su tiempo en estas faenas. Existen, incluso, algunas propuestas realmente insólitas: como “bañadores de enfermos” o “acompañantes para personas encamadas en un hospital”.

Entre los trabajos que más abundan y que son mejor remunerados actualmente en Cuba se encuentra el de revendedor o kiosquero. En una pequeña pesquisa por los repartos Camacho y Santa Catalina de Santa Clara se contabilizaron más de 120 puestos en los que se oferta la misma mercancía. Si se le sumaran otras zonas de la ciudad, las cifras pudieran indicar que gran parte de los jóvenes supuestamente desempleados se ganan la vida sacándole algunos pesos por encima a la oferta de las tiendas MLC.

(Foto de la autora)

“Tampoco da para mucho, porque no se puede abusador”, apunta Yariannis, una mujer de 34 años residente en el reparto Condado que afirma que no le quedó más remedio que “ser revendedora” ya que sus estudios no le alcanzan para tratar con “público preparado”, pero que “sacando cuentas no hay quien le gane”.

En su puesto de venta ubicado a la entrada de un pasaje, tiene paquetes de pollo a 1 800, salchichas a 190, íntimas y sazones Goya. Ninguno de estos productos le pertenece a ella, pero recibe un por ciento de las ventas diarias.

“Yo no soy la dueña de la divisa. Mi función es hacer las colas y vender. Esto no es fácil, hay que cazar las cosas cuando aparecen en las tiendas, a veces hasta pagando a quienes te informan de lo que van a sacar. Ya he sido advertida de que esto no se puede hacer, pero prefiero pagar una multa que dejar de trabajar”.

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