¿Se destapó en Cuba la caja de pandora racial? Cubanet

La mayor parte de la población penal cubana está compuesta por negros (Foto: BBC)

LA HABANA, Cuba.- Un supuesto acto de discriminación racial perpetrado por el chofer de un almendrón (auto particular) contra la joven Yanai Aguirre Calderín, en Marianao, y publicado el pasado día 3 de julio en la página Buzón Abierto, del semanario Trabajadores, abrió al público la Caja de Pandora de la discriminación por el color de la piel, con cierta repercusión a nivel nacional.

Según denunció Yanai en el Semanario, al advertirle al chofer que se bajaría una parada después de lo acordado, este le respondió en forma descompuesta que “cada vez que se montaba un negro en su carro era lo mismo y por eso no los soportaba”, y que al llamarlo falta de respeto la obligó a bajarse, no sin antes decirle que en su auto no quería negros.

Este incidente puntual, más allá de los mensajes de solidaridad con la joven estudiante de la carrera de derecho en la Universidad de La Habana, y de repudio en contra del conductor del auto, es sólo la punta del Iceberg de la discriminación existente en Cuba, que, con diversos matices, suceden a diario en la vía pública, un centro laboral o estudiantil, una firma extranjera, un programa de televisión y en el barrio, a lo largo y ancho del país.

De acuerdo con lo publicado este lunes en el Semanario bajo el título “No basta con el repudio”, la denuncia por discriminación racial efectuada por la joven Yanai ha recibido decenas de comentarios en el sitio web de Trabajadores, así como en su sección Buzón Abierto, adonde también llegaron numerosas llamadas repudiando una actitud y comportamiento imperdonables y repelidos en Cuba y en cualquier parte del mundo.

También, señala Trabajadores, el caso fue llevado ante Atención a la Ciudadanía de la Fiscalía General de la República, y se hizo la denuncia en la Dirección General de la Policía, donde el supuesto hecho fue tipificado como Delito Contra el Derecho a la Igualdad, por lo que el conductor del auto está sujeto a una investigación preliminar.

Sepultada bajo más de cinco décadas de manipulaciones, mentiras y otros paletadas de olvido revolucionario, la discriminación racial se corporiza y anda entre los escombros de una sociedad forjada sobre el ocultamiento de sus males y el espejismo de un devenir integrador, cuando la realidad desentierra a cada paso un acto de racismo en el país.

“¡Vaya! Coge tu negrita cimarrona aquí”

Un señor de la raza negra, de alrededor de 70 años de edad, que revendía este lunes el semanario Trabajadores a un costado del estanquillo de prensa ubicado en Zanja y Hospital, en Centro Habana, y decía en su pregón: “¡Vaya!, coge tu negrita cimarrona aquí”, en referencia al artículo sobre Yanai, fue interpelado por una señora que le advirtió: “Mi viejo, esa es una expresión de racismo, y como el chofer, también puede ser empapelado y quién sabe si van los dos a prisión”.

“Señora mía, yo estoy preso en esta piel desde que nací, y muy mal que me va por no tener el valor de rebelarme como Yanai”, respondió el vendedor de periódicos.

Además, agregó, “ser cimarrón es un mérito en esta sociedad de aguantones y “mira-pa-un-lao”. ¿O usted no ve cómo cada día nos afrijolan más, nos tiran pal rincón, ante la vista de todos y no pasa ná. De ahí que admire a la jovencita por su valor de denunciar, aunque no creo que todo lo dicho sea verdad. Hay que oír la versión del chofer. Pues aunque existe el racismo a tutiplén en el país la gente lo disfraza o cantinflea como la ideología y la opinión”.

Como si hubiera sacado una bomba casera de la especie de zurrón en que portaba los periódicos, varias personas que aguardaban el paso de un ómnibus por la parada de ese lugar, dieron un paso atrás y se alejaron del señor y su pregón, que continuaba sonriente: “¡Vaya! Coge tu negrita cimarrona aquí. ¡Vaya! Coge tu negrita cimarrona aquí. ¡Se formó!”

La cuestión es que el hecho del acoso policial a jóvenes de la raza negra que a diario circulan por la capital, el nivel de precariedad en que subsiste la mayoría de negros y mestizos en el país, y la impronta de un racismo soterrado que hoy sale de los oscuros salones de la academia más allá de las manifestaciones del folklor, hoy toma panaderías, calles, parques y esquinas de la ciudad, en un trepidante eco que pronto se terminará.

Tal vez por casualidad, azar del destino, o influencia de los ancestros africanos, en el momento que ocurre este incidente discriminatorio por el color de la piel, un grupo de intelectuales, antropólogos, sociólogos y otros sabichosos cubanos, casi de forma clandestina, debaten en la intimidad del salón Martínez Villena, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), “El color cubano hoy: situación, alcances y perspectivas”.

Ojalá y hagan un tiempito en sus ardorosos debates y se monten en un almendrón, se den una vueltecita por el bulevar de San Rafael, se paren frente a la estación de policía de Zanja y Lealtad, dirijan sus inmaculados pies por los cimientos de una construcción, puedan recorrer sin previo aviso las cárceles Combinado del Este o Nieves Morejón y verán como allí el mosaico cultural que dibujan en su imaginación adquiere un solo color: El negro.

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