Seguridad Social… ‘¡eso no me alcanza para nada!’ Cubanet

Moraima Bello (Foto: Vladimir Turró)

LA HABANA, Cuba.- Bajo un sol abrasador, tendida a un costado de la acera, se encontraba Moraima Bello Valdés. Medio dormida, esperaba la llegada de su hermana en las afueras de su apartamento, ubicado en el municipio La Lisa. Necesitaba que le diera algún medicamento para su malestar de estómago.

“Me comí un pollo allí en la esquina que acabó conmigo”, lamenta mientras apunta con el dedo hacia una cafetería estatal.

Es una mujer de cincuenta y tres años a la cual le faltan sus dos piernas de la rodilla hacia abajo. Su olor producto de la falta de higiene hace que la gente le huya ante el pedido de ayuda para intentar trasladarse hacia la sombra. Dice sentirse con mucho mareo y sin fuerzas para caminar. Sin más opciones, se arrastra logrando llegar hasta la sombra y se recuesta en la pared.

Cuenta que fue al médico, pero nadie la quiso atender: “Me dieron mil excusas para no atenderme, por eso me fui de allí; me di cuenta que era por el mal olor que tengo, ¿pero qué le voy hacer si no tengo casa?”

Moraima residía en un pequeño cuartico en el municipio Marianao, hasta que en 2014 el techo de su vivienda se cayó. Hasta la fecha, según relata, la han mantenido engañada bajo la excusa de que pronto le van a dar su casa.

“Hace años me están diciendo que me van a dar un local al que nada más tengo que poner, por mis propios medios, las puertas y las ventanas; pero hace unos días fui a ver a la encargada, la que tiene que ver con Albergues, y me dijo que todavía nada”, explicó.

Moraima “reside” donde le coja la noche, y se alimenta gracias a la caridad que pide por toda La Habana.

“Lo que me da el Estado por Seguridad Social, ¡eso no me alcanza para nada! Solo me dan por mi chequera 147 pesos al mes (alrededor de 6 dólares). Eso es lo que me da el Estado por ser impedida física, y lo agradezco, ¡pero eso no me alcanza para nada!’’, insiste. “Para poder comer pido limosnas, en el Vedado, generalmente, que siempre está lleno de extranjeros. Ellos se compadecen de mí y me ayudan. Aunque bueno… los cubanos también. Gracias a eso al menos puedo comer”, resalta.

(Foto: Vladimir Turró)

Destaca que tiene dos hijos adultos, una hembra y un varón, los cuales, en ocasiones, la han dejado pasar la noche en sus casas, al igual que su hermana, pero asegura que no quiere ser una carga para nadie.

‘’Cada cual tiene su vida hecha y los entiendo, mi hijo el varón a cada rato me da algún dinero. Él tiene su negocito de vender discos, que no le deja mucho, pero de lo que gana me da algo’’, apunta.

Su vestimenta se resume a tres o cuatro blusas que tiene guardadas en una cartera que funciona como armario, ropa que le han regalado algunos de los vecinos de su hermana, quienes dentro de sus posibilidades también le han ofrecido, en algún momento, algún que otro plato de comida.

“Yo trato de ayudarla en lo que puedo. A veces le lavo hasta la ropa, porque no es fácil lo que ella pasa. Es muy duro vivir en la calle, y faltándote los dos pies es mucho más duro”, concluyó Zenaida, una vecina de la hermana de Moraima mientras le entregaba una botella de agua fría.

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