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Tras la huella de un cóctel molotov

LA HABANA, Cuba.- En medio de la conmoción nacional causada por el incendio en la base de Supertanqueros de Matanzas, el presentador Humberto López procuró distraer la atención de la ciudadanía con un relato peliculesco sobre dos individuos que supuestamente lanzaron un cóctel molotov contra una tienda localizada en Porvenir y Tejar, en la barriada habanera de Lawton. 

Una vez más, el detestado vocero presentó los “hechos” como quien denuncia una verdad incuestionable, pero los televidentes nos quedamos con las ganas de conocer la identidad de los malhechores, y del influencer que los alentó y pagó por el presunto vandalismo. Humberto habló de la captura inmediata de los delincuentes, de un auto Lada 1600 (color blanco) que pertenecía al padre de uno de ellos, de facturas y mensajes encontrados en sus teléfonos. Siendo tan grave el hecho, no se entiende el secretismo sobre estos personajes, que dicho sea de paso, no estarían atravesando muchas privaciones cuando pudieron disponer de un carro con el tanque lleno para lanzar una botellita encendida contra una tienda, y de las que tienen rampas metálicas nada menos, porque así de idiotas son los “criminales” que ocupan espacio en el noticiero.

Como si en Cuba el sabotaje fuera castigado con una multa y un jalón de orejas, los maleantes, según Humberto López, salieron huyendo por la calle Porvenir y detuvieron el carro en la transitada esquina de Dolores y 16 (ni siquiera se les ocurrió colarse en una entrecalle) para preparar otros dos cócteles molotov, exponiéndose a ser capturados por la policía, lo cual ocurrió apenas una hora después. La historia está tan mal contada, que parece un montaje de la Seguridad del Estado para darle un chisme fresco a la gente e intentar disipar un poco la acritud popular a raíz de lo ocurrido en Matanzas. 

En Cuba los delincuentes que atentan contra la propiedad estatal son los más tontos del universo. Son los únicos que en vez de salir con el artefacto explosivo listo, planean fabricarlos sobre la marcha porque preparar un cóctel molotov en una ciudad casi militarizada, en vísperas del cumpleaños de Fidel Castro y con patrullas asomando por dondequiera, es coser y cantar. Los anticastristas de Miami —no faltaba más— deben ser cuidadosos al elegir a sus maleantes, porque los contratados hasta el momento han sido menos astutos que un colegial. 

No solo los atrapan enseguida, sino que todos se ajustan al mismo guion de mercenario y siempre llevan encima las pruebas que luego servirán para incriminarlos. Quien oye a Humberto López podría pensar que la Policía Nacional Revolucionaria es un modelo de celo y eficiencia laborales. Les toma meses atrapar a un ladrón, un homicida o un violador; pero a un par de supuestos terroristas los agarran en cuestión de minutos. Es más, la patrulla estaba ahí esperando por ellos, sabían a lo que iban y todo estaba preparado. 

Las marionetas del noticiero ya no saben qué inventar para sembrar terror en una teleaudiencia cada día más reducida. Basta asomarse al balcón una noche cualquiera, a las 8 en punto, para comprobar que en la cuadra casi nadie sintoniza el informativo. Son demasiadas mentiras, mal construidas y henchidas de triunfalismo. Una burla en toda regla. 

No a todos los cubanos el hambre y las vicisitudes les impiden pensar. No hay que ser Sherlock para hallar las grietas en los hechos relatados, y de paso avergonzarnos de que allá arriba estén tan convencidos de que somos imbéciles. Resulta que ese mismo pueblo que no ha querido aprovechar el malestar general y el anonimato que brindan los apagones para apedrear un carro patrullero, una estación de policía o una tienda en MLC, sí se atreve a lanzar un cóctel molotov contra un comercio ubicado en una zona céntrica, iluminada y llena de vecinos que afirman no haber oído nada. 

La reconstrucción de los hechos dejó muy mal parados a Humberto López y a Cubadebate, que no tardó en publicar un titular rimbombante diciendo que el pueblo salió a defender su barrio y su tienda en MLC, la cual, según varios residentes de la zona, ni siquiera comercializa en dicha moneda, sino en pesos cubanos. Por consiguiente, siempre está vacía. 

La versión de Humberto López ha hecho aguas por todas partes, y de seguro deben estar muy ocupados los embelequeros del G2 terminando de armar el entuerto. En un par de días volverá con más el Otto Meruelo del castrismo, probablemente con un video donde aparecerán los “elementos inescrupulosos” hablando de instrucciones, sumas y transacciones recibidas desde el exterior. 

Por fin conoceremos sus nombres, y el nombre de quien pagó. El propio Humberto insinuó, en su mal editado video, que podrían ser Ultrack, Otaola o Manuel Milanés. Esperemos que sostenga esa acusación indirecta con pruebas concretas, aunque ya todos sabemos que su labor es al periodismo lo que el “rayo” a la base de Supertanqueros de Matanzas. 

En algo sí lleva razón Humberto López: “En Cuba no habrá impunidad”. Debería recordar muy bien esa frase y tener presente que la justicia, más temprano que tarde, le dará alcance también a él.

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