Un mes con la receta… y sin pastillas Cubanet

Cola en las afueras de una farmacia (Foto: Orlando Freire)

LA HABANA, Cuba.- La escasez de bienes y artículos de primera necesidad, ocasionada principalmente por la descabellada política económica de las autoridades, ha provocado que los cubanos de a pie lleven casi seis décadas haciendo colas en buena parte de sus actividades cotidianas.

Hasta ahora eran los centros que ofertaban productos alimenticios los que mayoritariamente congregaban esas filas de personas, a veces interminables, que soportaban la incomodidad con la zozobra adicional de escuchar en cualquier momento esas dos palabras terribles: “¡Se acabó!” Es decir, que se quedaban sin adquirir el producto que necesitaban.

Sin embargo, en las últimas semanas las colas se han visto también en las farmacias, en especial las ubicadas en La Habana. El motivo fundamental de la aglomeración de personas en torno a esos establecimientos es la adquisición de tabletas de dipirona y paracetamol, dos de los calmantes más consumidos por la población.

Hay quienes aducen que ha disminuido la producción de esos medicamentos, lo que traería como resultado la no satisfacción de la demanda. Mas, otras opiniones apuntan a culpar a las empleadas de las farmacias, las que estarían vendiendo al público una ínfima parte de los medicamentos recibidos, y el resto lo esconderían para entregarlo posteriormente a los revendedores.

De ser cierta esta última hipótesis, estaríamos en presencia de otra manera de “luchar” adoptada por muchos cubanos. Esas empleadas, que perciben un salario estatal que no les alcanza para satisfacer sus necesidades elementales, recibirían una parte del dinero que obtengan los revendedores al ofertar “por la izquierda”, y a precios muy superiores a los oficiales, esos medicamentos a la población.

A media mañana de este jueves 19 de octubre había cola para acceder a la farmacia de la calle Infanta, frente al cine Astral, en el municipio de Centro Habana. Un señor jubilado exteriorizaba la impaciencia que lo embargaba por entrar al establecimiento. “Imagínense que ahorita llevo un mes con la receta de dipirona en el bolsillo, y no acabo de conseguirla. Ayer me enteré que hoy entraban los medicamentos en esta farmacia, y me levanté a las dos de la madrugada para marcar en la cola. Porque yo no puedo pagarle la dipirona a uno de esos revendedores, y mucho menos ir a una farmacia internacional, donde si la hubiera me la venderían en divisa”.

Cola en las afueras de una farmacia (Foto: Orlando Freire)

Por su parte, una señora que escuchó al jubilado no quiso quedarse callada: “Yo creo que aquí está pasando algo raro. El otro día oí en la televisión que en Venezuela escaseaban los medicamentos. Cualquiera diría que Raúl le está mandando a Maduro la dipirona y el paracetamol que nos falta a nosotros”.

A renglón seguido encaminamos nuestros pasos hacia la farmacia internacional anexa al hotel Sevilla, en el Prado habanero. El único calmante que había eran unos frascos que contenían una solución de dipirona con paracetamol. Pero su precio resultaba inasequible para el cubano de a pie: el equivalente a 16 dólares. O sea, casi el salario mensual de un empleado estatal.

El jubilado de esta historia tendría que pasarse dos meses sin comer para poder comprar esas gotas que calmaran sus dolores.

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