Una inspectora de cinco pesos Cubanet

La economía cubana se encuentra marcada por la corrupción de forma profunda (desdeminsulacuba.com)

LA HABANA, Cuba.- De lunes a viernes Marlén es maestra, y los domingos, según dice, “merolica”. Viene casi todas las semanas desde Jagüey Grande, Matanzas. Los vecinos siempre la esperamos porque trae frutas frescas, jugos y otras chucherías de buena calidad que en la ciudad no se consiguen. Si se le hace algún encargo, trata de conseguirlo.

Su salario es de 635 pesos mensuales. De ahí le descuentan 138 de un crédito que pidió para reparar su casa, que estaba en muy malas condiciones, más 59 pesos del refrigerador, que no ha terminado de pagar y ya se anotó para cambiarle el mueble, que está en muy malas condiciones. Le quedan 438 pesos para pagar electricidad, agua, comida, medicinas. Por eso tiene que venir a vender a La Habana.

Marlén tiene dos niñas. Una va a cumplir 15 años, y la otra tiene 3. Cuando sale a vender, la mayor cuida a su hermanita. Ahora está reuniendo para las fotos y alguna ropita para los 15, porque, dice, su hija no va a ser menos que las demás. Aunque la niña no quiere ni las fotos. Se pone muy nerviosa cada vez que ella sale. Teme que un día la dejen presa o hasta la boten de su empleo estatal.

Encima de todos sus problemas, las cosas se le han complicado. El 30 de abril una inspectora la pescó in fraganti pregonando cremitas de leche y pulpa de mango. La mujer, inflexible, le pidió el carnet de identidad y la licencia. Marlén se creyó perdida. Se demoró buscando y rebuscando el carnet; aparentaba no encontrarlo mientras pensaba qué hacer. Entonces sacó un billetico de 5 CUC y le dijo con temor: “Un regalito por el día de las madres”. La inspectora lo agarró, y le cambió el rostro. Duramente le advirtió: “No puedes andar sin carnet”, y se fue. Al contarme el susto, Marlén reflexiona que fue una imprudencia venir la víspera del 1º de mayo, porque siempre movilizan gente para vigilar. Precisamente, ella acostumbra venir los domingos pues piensa que es difícil encontrar inspectores ese día, sobre todo por la tarde.

Para colmo, el domingo pasado no pudo venir porque la Policía le quitó la mercancía saliendo de Jagüey. Pararon la guagua en las 8 Vías y le decomisaron todo a todo el mundo. Ese es un contratiempo que enfrentan a menudo los cientos de vendedores clandestinos que vienen de las provincias próximas a la capital, en su mayoría orientales indocumentados y sin licencia. Uno de ellos me dijo una vez: “La licencia no me sirve para vender en La Habana. Yo compro tanquetas de mango o de guayaba en el mercado de Torrientes (Matanzas) para venderlas en las cafeterías. Por eso saqué una licencia de mensajero, y con esa me hago el bobo”.

Durante la clausura de la Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista (PCC) el 29 de enero de 2012, el general Raúl Castro aseguró: “Nuestro país puede ganar la batalla de la corrupción, primero frenarla, y luego liquidarla sin contemplaciones de ningún tipo”. Sin embargo, han pasado cinco años de estas declaraciones y el cáncer de la corrupción sigue carcomiendo nuestra sociedad.

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