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Diez años de la gesta de Edurne Pasaban, la primera mujer en ascender los 14 ochomiles

   MADRID, 16 May. (EUROPA PRESS) –

   Cuando el 17 de mayo de 2010 puso el pie en la cima del Shisha Pangma (8.027 metros), Edurne Pasaban (Tolosa, 1973) culminó un largo camino de nueve años que le convirtió en leyenda: era la primera mujer de la historia en ascender los 14 ochomiles del planeta. Justo este domingo, se cumplen diez años de aquella gesta.

   «Estos diez años han pasado muchas cosas en mi vida, menos intensas y emocionantes que las de aquellos días, pero también importantes. Cuando terminé los 14 ochomiles, mi gran pregunta era qué iba a hacer. Han sido diez años intensos en los que he tenido que reinventarme y buscar la felicidad. Encontrarla no ha sido fácil», recuerda la alpinista vasca.

   Desde sus primeros contactos con la montaña en su Tolosa natal, Pasaban fue buscando nuevos retos. De los Pirineos al Mont Blanc, y de allí, a los Andes. Fue entonces cuando su mirada se dirigió al Himalaya, donde desarrollaría las grandes hazañas de su vida.

   En 1998, afrontó su primer reto himaláyico con la ascensión al Dhaulagiri (8.167 metros), pero las condiciones meteorológicas hicieron que se quedase a solo 272 metros de la cima. Tras ello, apuntó más alto: el Everest (8.848 metros). Sus intentos de hacer cumbre en el techo del mundo en 1999 y 2000, por la cara norte y sin oxígeno, se frustraron y se saldaron incluso con congelaciones.

   Tuvo que esperar hasta 2001 para conseguir, en el Everest, su primer ochomil, con la ayuda de oxígeno artificial y por la vía del Collado Sur, por la que el neozelandés Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay se convirtieron en los primeros en alcanzar el techo del mundo. Aquel 23 de mayo de 2001 daba el pistoletazo de salida de su carrera hacia los 14 ochomiles.

   Aquel mismo año, el Dhaulagiri se le volvió a resistir, en una dramática expedición en la que falleció su amigo Pepe Garcés. Ya el 16 de mayo de 2002, holló la cima del Makalu (8.463 metros), el ‘Gran Negro’, y el 5 de octubre también se apuntaba el Cho-Oyu (8.201 metros). En un prolífico 2003, Pasaban hizo cumbre en el Lhotse (8.516 metros), el Gasherbrum II (8.035 metros) y el Gasherbrum I (8.068 metros).

   EL K2, UN MOMENTO CRÍTICO

   Ya por entonces le acompañaba el programa de TVE ‘Al filo de lo imposible’, que vivió junto a ella la mayor parte de sus ascensiones. Y en 2004 llegó un momento clave: el K2 (8.611 metros), quizás el más difícil de los 14 ochomiles. Junto a Juanito Oiarzabal, Juan Vallejo y Mikel Zabalza, afrontó el reto.

   Sin embargo, ya desde el primer momento, la segunda montaña más alta del planeta empezó a ocasionar problemas, que se agudizaron en un descenso terrible. Toda la expedición pagó una dura factura, que en el caso de Pasaban se saldó con dos dedos de los pies amputados y con una larga hospitalización posterior. A pesar de todo, la vasca había tenido suerte: era la única mujer que había hollado el K2 y había vivido para contarlo; las seis anteriores habían muerto en el descenso.

   «En mi vida mi familia es muy importante, pero sin las personas que me acompañaron nunca hubiera conseguido los 14 ochomiles y seguro que no estaría aquí y no sería Edurne Pasaban», reconoció la alpinista. Aquella experiencia fue el comienzo de una larga depresión que le acompañaría los siguientes años.

   A pesar de todo, todavía pudo hacer cumbre en 2005 en el Nanga Parbat (8.125 metros), que le convertía en la mujer viva con más ochomiles (8), pero 2006 se convirtió en un año duro y doloroso, donde Pasaban se replanteó su vida y cayó en un pozo del que solo salió un año después, en 2007, llamada de nuevo por la montaña.

   No logró hacer cumbre en el Shisha Pangma, pero cerró el año coronando el Broad Peak (8.047 metros). Ya en 2008, al tercer intento, pisó por fin la cima del Dhaulagiri (8.167 metros), en un año en el que también ascendió con éxito el Manaslu (8.156 metros). El Kanchenjunga (8.586 metros), en una ascensión que estuvo a punto de costarle la vida, puso el contador de ochomiles en 12 en 2009.

   2010 sería el año. El Annapurna (8.091 metros), la montaña más letal, no se le resistió el 17 de abril, y solo un mes más tarde cerraba una gesta histórica en lo más alto del Shisha Pangma (8.027 metros). Quedaba por delante, sin embargo, otro reto mayor: saber qué hacer con su vida.

   «Me he dedicado al turismo, abrí una pequeña agencia, me dedico mucho a dar charlas en empresas de motivación y liderazgo. En 2017 conseguí mi 15º ochomil, una de las cosas que más deseaba: ser madre. Nació Max y eso ha redondeado mi vida», explica.

   «Este año, con el décimo aniversario, quería celebrarlo de alguna manera especial, con toda la gente con la que logrado los 14 ochomiles. Me parecía una bonita manera de hacerlo, sobre todo porque hace mucho tiempo que no nos vemos. Estaban planeadas una comida y una buena fiesta, pero la situación no lo permite», señala en relación a las restricciones por la pandemia de coronavirus.

   Con su hazaña aquel 17 de mayo de 2010, Pasaban, Medalla de Oro al Mérito Deportivo y Premio Nacional del Deporte, se ha convertido en historia del alpinismo y en un referente para la mujer en el deporte, un ejemplo de sacrificio y superación, en la montaña y en la vida.