FC Barcelona, Campeón de la Copa del Rey 2017

El Barça de Luis Enrique cerró la era del técnico asturiano con un partido que fue un compendio de sus mejores virtudes para ganar su tercera final de Copa consecutiva. Fútbol control, dominio posicional y capacidad de decidir con la fiereza letal de sus delanteros. Ayer no salió Luis Suárez, pero sí Alcácer, que estuvo a la altura y marcó uno de los tres goles en el 3-1 ante el Alavés. Los otros dos fueron obra de Messi y Neymar para completar el tridente de la noche. El Barça dominó y ganó casi siempre, aunque le costó abrir la muralla que montó Pellegrino y en algún momento pasó apuros. Pero acabó encontrando espacios en un Alavés valiente, que desmintió a quienes dan un valor residual a este título y que tuvo en Messi un enemigo demasiado poderoso y en una afición de ‘diez’ su mejor soporte.

Mascherano se fue a los nueve minutos roto tras un choque brutal con Marcos Llorente. El percance, aunque quede feo decirlo, tuvo un lado bueno: entró André Gomes como lateral derecho y jugó su mejor partido de la temporada, con incidencia en el segundo gol del Barça y con una serie de diagonales desde la derecha que contribuyeron a abrir la muralla alavesista.

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Esa sacudida moral del trompazo de Mascherano no sólo dio lugar a que André tuviese su noche de gloria, sino que no desactivó a los azulgrana, que siguieron jugando con paciencia y moviendo el balón para tratar de derribar el muro de cinco del Alavés, en un 5-3-1-1 que buscaba no dejar un solo espacio y matar al Barça a la contra. Casi lo logran de forma inesperada, en una pérdida de balón de Piqué ante Ibai, cuyo disparo lejano fue repelido por Cillessen con tan mala suerte que el balón paseó de poste a poste por la línea de gol y casi se mete en la portería. Claro que en la jugada posterior un pase de Iniesta fue desviado lo justo por Alcácer para obligar a Pacheco a una parada felina.

La cuestión es que el control barcelonista no se traducía en gol y el Alavés se lo fue creyendo conforme pasaban los minutos. Pero cuando delante tienes al Barça sabes que en algún momento se puede abrir una fisura. Y a Messi no se le puede dejar ni un palmo de terreno. En cuanto lo encontró, en una de sus escaramuzas, combinó magistralmente con Neymar por el centro y colocó suavemente el balón lejos del alcance de la estirada del meta Pacheco.

Sin embargo, en la jugada casi inmediatamente posterior, el ataque del Alavés acabó en falta de Iniesta por llegar tarde a un balón dividido cerca del vértice del área, en la derecha, ideal para un zurdo. La cogió, pues, Theo, y clavó un obús por la escuadra de la portería de Cillessen. El lateral fue un prodigio en ataque. En cambio, sufrió mucho en defensa por su banda. Y eso fue un detalle determinante en el partido. Por ahí entraron los dos siguientes zarpazos del Barça.

Golpe a golpe

Messi volvió a encontrar un sitio por el que mover el muro alavesista tras recibir un pase de Neymar, enfrascado en una lucha sin cuartel contra Kiko Femenía. Leo abrió para la subida de André Gomes, que asistió a Neymar, aparecido en el segundo palo. El brasileño acarició el balón casi a puerta vacía, con la defensa descompuesta y en posición dudosa.

Sin tiempo para que el Alavés reaccionase ante el golpe recibido, Messi volvió a sacarse de la chistera un jugadón entre líneas y asistencia a Paco Alcácer, que marcó el tercero al filo del descanso. El tridente de la final había puesto el partido en franquicia para el conjunto de Luis Enrique.

Por dos ocasiones, Alcácer tuvo el cuarto ante Pacheco al inicio del segundo tiempo. El primer remate, tras otro magistral pase de Messi, fue rechazado por el portero. El segundo, a pase de un André Gomes desacomplejado, salió fuera. El Alavés avanzó las líneas a través de sus laterales ante un Barça cada vez más contemporizador. Y en ese escenario volvió a jugar un partidazo Iniesta, como hace un año ante el Sevilla. Y fue víctima además de un exceso de dureza tolerada por Clos Gómez.

Sabedor del triunfo, Luis Enrique dio entrada a Aleix Vidal como premio, ante el equipo contra el que se lesionó, y con Theo, su verdugo ya en la caseta tras ser sustituido.

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