Este Barça no da para más

Las certezas gobiernan el fútbol y los quizás las tertulias de bar. Porque es fácil imaginar a cualquier seguidor del Barça este jueves, cortado en mano y pitillo en boca, discutir qué hubiera pasado si el conjunto azulgrana hubiera competido en Turín como lo hizo en el Camp Nou. Nunca se sabrá. La única realidad es que el equipo de Luis Enrique está eliminado de la Champions porque la Juventus fue mejor en la eliminatoria. Todo lo demás forma parte de la imaginación. Como el VAR.

No haber logrado su objetivo no significa que el Barça no se dejara el alma en ello, extasiado el equipo azulgrana después de vaciarse ante una magnífica Juventus, que vuelve a llamar a las puertas de la gloria. La historia recordará siempre la hazaña ante el PSG, pero quizás olvide con el paso de los años que fue en balde, terrible el despertar culé después del adiós a Europa.

El Barça intentó pintar otra Gioconda, una tarea tan titánica como imposible

La misión del Barça era prácticamente imposible, obligado el conjunto azulgrana a pintar una segunda Gioconda y convertir al Camp Nou de nuevo en el Louvre del fútbol. No existe un objetivo más ambicioso, ni tampoco más complicado. Sobre todo, si enfrente tienes un lobo con piel de cordero como la Juventus en lugar de un cordero con piel de lobo como el París Saint-Germain.

Luis Enrique escogió a conciencia los óleos a utilizar. Los colores del 3-4-3 quedaron en el armario, recuperando los del 4-3-3 para intentar la gesta y completar una nueva obra maestra. Pero bien pronto empezó a darse cuenta de que el lienzo no iba a quedar bien, que sus pinturas no se enganchaban como esperaba,

Leo Messi lo intentó todo ante la Juventus Leo Messi lo intentó todo ante la Juventus (Josep Lago / AFP)

La salida de la Juventus fue imponente, atrevido el equipo de Allegri, que repitió el mismo once de Turín y dejó muy claro que si encajaba tres goles en el Camp Nou sí sería esta vez por culpa de una obra divina. Cuadrado recorría la banda de arriba abajo y era un martirio para Alba, que tenía en mente cosas bien distintas, como pisar una y ota vez el área de Buffon.

Messi vivía encerrado en la jaula planteada por la Juve por el centro, por donde encontrar un espacio era como buscar una aguja en un pajar. Y si el óleo más brillante de la paleta no responde como espera el artista, la obra queda demasiado deslucida. Con más o menos acierto, nadie le podrá reprochar al Barça haberlo intentado con todas sus fuerzas.

Messi tuvo la mejor oportunidad en la primera parte, pero no la aprovechó y la gesta empezó a derretirse

El conjunto azulgrana tardó un cuarto de hora en inquietar a Buffon. Lo hizo Rakitic, que inauguró el mejo tramo local de toda la primera parte, encerrada la Juve en su área intentando esquivar los golpes como podía, que en su caso es con maestría supina. La esperanza del Camp Nou comenzó a apagarse cuando sus jugadores fueron incapaces de acertar en esos minutos. En especial, cuando a Messi se le escapó una de esas opciones que en situaciones así no se pueden fallar.

Busquets dirigía las operaciones, Neymar dibujaba sus trazos por la izquierda, ante su amigo Alves, y el resto acompañaba con muchas ganas pero escaso acierto. No estaba incómoda la Juve, que dejaba a Dybala e Higuaín descolgados en busca de un gol que finiquitara la noche definitivamente.

Tampoco estuvo fino Kuipers, demasiado permisivo, quizás asustado por la película de terror protagonizada por su colega Kassai. Si de algo no acusarán al holandés es de ser un árbitro casero. Aunque el principal problema del Barça fue futbolístico, estampado el conjunto azulgrana contra el muro bianconero como una mosca contra el parabrisas de un Fórmula 1.

El entrenador de la Juventus, Massimiliano Allegri El entrenador de la Juventus, Massimiliano Allegri (Alberto Estévez / EFE)

No brotaban los goles y la épica quedaba ya como último recurso para los azulgranas, obligados a marcar tres goles en la segunda mitad, con el único argumento de haberlo logrado en siete minutos ante el PSG. Pero la Juve no se metió en la cueva y plantó cara con una grandeza digna de elogio, que debe servir de aviso al que acabe siendo su rival en semifinales. Impacta la tranquilidad con la que el bloque de Allegri encajaba las acometidas de todo un Barça desbocado, con más corazón que cabeza, todo sea dicho.

El Barça se estrello contra el muro de la Juventus como una mosca contra el parabrisas de un Fórmula 1

El triunfo quedaba como último consuelo en los últimos minutos, descartada por agotamiento la gesta y disfrazado Piqué de Superman, pero la puntería de los azulgranas brillaba por su ausencia y hasta la Juve crecida, seguía atacando con cuatro y cinco futbolistas tras cada recuperación, otra demostración de grandeza piamontesa. El Camp Nou agradeció el esfuerzo de los suyos hasta el final, aunque se marchó a casa con la sensación de estar viviendo el final de un ciclo triunfal, pero que agoniza. El clásico del domingo lo acabará de determinar, pero este Barça no parece dar para más. Gioconda sólo hay una y Leonardo da Vinci, también.

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