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Messi castiga la candidez del Levante

Al Barça le da para ganar a medio gas a más de la mitad de equipos de la Liga. Es la diferencia que marca tener o no tener a un futbolista del nivel de intimidación de Leo Messi. El argentino, en un puñado apariciones, sentenció un partido que, a otros equipos que opositan a la Liga, les hubiese costado un mundo.

El Levante quiso morder al principio con una presión asfixiante ante un Barcelona con una defensa de circunstancias por no contar con un lateral diestro puro. Los de Paco López hostigaron una y otra vez a unos culés que no eran capaces de pasar con facilidad la medular. A Arturo Vidal se le veían las costuras, mientras que Messi ni la olía.

Pero los locales empezaron a perder fuelle físico al cuarto de hora, pese a que Boateng ya había obligado a Ter Stegen a demostrar su valía. El Barça comenzó a desplegar sus alas y el partido se convirtió en un correcalles que obviamente les terminó por favorecer. El talento siempre saca réditos del caos.

Boateng tuvo la mejor para los locales cumpliéndose la media hora de juego y estrellando su ocasión contra el larguero. En la siguiente aproximación, Messi robó en la frontal un balón, le persiguió toda la zaga del Levante y encontró en un recoveco un espacio para habilitar a Suárez. El uruguayo metió el interior de forma elevada y acrobática para hacer imposible para estirada de Oier.

Ese tanto desencadenó a un Barça que vio que presionando a sus rivales podría sacar petróleo. Rochina fue víctima de ese agobio regalando un balón a Busquets que, sin pensárselo ni un segundo, asistió al espacio para que Messi definiese en el uno contra uno y dejase prácticamente visto para sentencia el partido a dos minutos del descanso.

El resultado en el intermedio era injusto a tenor de los méritos de cada contendiente. El Levante había puesto más empeño y pasión, mientras que al Barça le daba con un par de chispazos de Messi para desequilibrar casi definitivamente el marcador.

Messi no perdona

Leo quería más y sólo tenía que apretar un poco más para incrementar su cuenta personal. El delantero de Rosario vio cómo en esta segunda parte sus compañeros le buscaron sistemáticamente en posiciones de gol y Messi correspondió con máxima eficacia.

En un contragolpe, que parecía la típica jugada de baloncesto de trenzas, Suárez dirigió el ataque por el carril central, abrió para Alba y Messi anotó con la sencillez y facilidad con la que se formula en esta oración. De manual fue ese gol dos minutos después de salir de la caseta. No había esperanzas de remontada en el Ciudad de Valencia.

Y el 0-4 se encargó rápido y veloz con una jugada de tiralineas de Luis Suárez. El uruguayo hizo un caño a su compatriota Cabaco –que repartió tanta cera que sería expulsado por machacar a Dembélé 15 minutos después– y centró con el exterior al segundo palo a la entrada de Arturo Vidal. El chileno, en una jugada de fútbol sala, la cedió de primeras atrás a Leo para que culminase su hat-trick.

Los visitantes establecieron el modo ahorro de energía y sólo quedaba por ver si el Levante –con Borja Mayoral muy activo en la media hora que tuvo– como el exponente de las ocasiones. La más clara, sin embargo, la tendría Luis Suárez en el minuto 80 cuando Messi decidió regalarle un gol que falló obscenamente. Hasta un juvenil lo hubiese metido.

Y con Leo en modo rey mago, el que sí se supo aprovechar de la generosidad del argentino fue un Gerard Piqué que recuperó un balón en su propia área y haciendo un costa a costa con Messi de apoyo, el culé certificó la manita con un gol de killer en el área, donde hasta recortó a dos defensas rivales. El Barça castigó a un Levante excesivamente inocente.