El Real Madrid, con un pie y medio en la final de Cardiff tras festrozar al Atléti (3-0)

Cristiano, en uno de sus goles.

Cristiano, en uno de sus goles.

Salvo hecatombre merengue o heroicidad del Atlético en la vuelta, el Real Madrid estará el 3 de junio en la final de Cardiff. Los tres goles que marcó un bestial Cristiano Ronaldo y las nulas prestaciones ofensivas de su eterno rival, primer equipo que no le marcó al de Zinedine Zidane en esta Champions, son oro blanco pensando en la vuelta en el Vicente Calderón, donde seguramente la hinchada colchonera vivirá la semana que viene una despedida dolorosísima y el Madrid sellará el pase a su decmoquinta final de la Copa de Europa.

El Madrid tiene prácticamente los dos pies en la final porque fue mucho mejor, más contundente en las áreas, más seguro de sí mismo, más experto, más inteligente en su juego y tiene mejores y más jugadores de nivel. El ‘Balón de Oro’, capaz de endosarle cinco goles en cuartos al Bayern y tres al Atlético en el primer asalto, descubrió todas las carencias atrás de un equipo colchonero, que concedió en defensa como casi nunca con el Cholo y nadó siempre a contracorriente. Le marcó de cabeza, de espléndido derechazo y de toque sutil. Un gran repertorio para un jugador único.

De nuevo, Zidane le ganó la partida a Simeone, equivocado una vez más en Europa e inseguro ante su archirrival. Actuó Isco en el lugar del lesionado Bale, decisión que el virguero malagueño ya conocía desde que el técnico francés se lo confesó hace cuatro días, cuando no le convocó frente al Valencia. En defensa, el marsellés prefirió los galones de Varane a la sobriedad del multiusos Nacho, que entraría tras el descanso por la lesión de Carvajal y estuvo sobresaliente. Le salió bien la apuesta, pero fue injusto con el canterano, que ha completado un abril extraordinario.

Sin la BBC al completo, las licencias tácticas se multiplican y el equipo blanco se organiza más y es más compacto. Con Isco, el Madrid gana un centrocampista más, más posesión de balón, aunque el malagueño también comete frecuentes pérdidas peligrosas, y más desequilibrio ofensivo. Ya demostró con un partido espléndido en el 0-3 liguero en el Calderón que sus cualidades técnicas, su capacidad para desbordar sobre una baldosa, le complican la vida a los colchoneros, aunque en la Champions ha sido residual y pasó de puntillas cuando actuó de titular frente al Bayern.

En el bando contrario, Simeone salió con todo, sin miedo aparente. Atrás, alineó a los cuatro defensas sanos de su plantilla -en el banquillo se quedó el canterano Alberto- y ubicó a un zurdo como Lucas en la derecha al estar lesionados Vrsaljko, Juanfran y Giménez, el parche utilizado en las últimas semanas. Prefirió eso que introducir a Savic en el costado y tener que realizar hasta tres cambios de posición en defensa. Pero el francés sufrió una inmensidad porque el Madrid le buscó una y otra vez. Entre Marcelo, Cristiano e Isco, que le salieron casi siempre por fuera, generaron gran peligro.

El Cholo forzó sin éxito a Carrasco, que arrimó el hombro al recuperarse en tiempo récord de un esguince de clavícula. Al belga, que empezó por la izquierda pero tras el gol del Madrid se cambio a la derecha, se le discute su mala cabeza y no acaba de ser un jugador diferencial en este Atlético. Marcó el gol del empate que forzó la prórroga en la final de Milán y es su tercer máximo artillero este curso, pero le faltaron chispa, más presencia y acierto en el último pase. Y no intimidó el Cholo con la doble ‘G’ arriba, ya que por delante de Griezmann ubicó a su compatriota Gameiro, autor de dos goles en Las Palmas pero errático contra el eterno rival.

Cuestión de talento

Salió con presión alta el Atlético y pierna dura, la que le dejaron Lucas y Filipe a Cristiano y Carvajal, pero dejó muchos más espacios en defensa de lo habitual. En el primer acto, el Madrid anotó un gol y remató 12 veces hacia el marco de Oblak, récord negativo de los colchoneros desde la última semifinal ante el Bayern. El esolveno mantuvo viva la eliminatoria en el primer período. Salvó primero un remate de rosca de Carvajal, que entró en el área como Pedro por su casa, y el golpeo seguido de Benzema. Nada pudo hacer en el gol de Cristiano en otra jugada que mostró los nervios y desajustes Atlético. Un despeje poco contundente, un centro en semifallo de Casemiro y un cabezazo espléndido del portugués. En la jugada anterior estaba en fuera de juego y saltó, pero con la normativa actual esos fueras de juego no se señalan. Y en pleno arreón local, el esloveno desvió un remate de Varane, a la salida de un córner.

Regalaban ambos equipos numerosos balones en la zona de creación, donde un tipo tan seguro como Koke parecía un flan y Casemiro evidenciaba su falta de talento, pero el Atlético era muy flojo en las áreas. La tuvo Gameiro, pero Keylor estuvo rapidísimo para ganarle en el mano a mano. Y también Godín en una acción de estrategia, pero llegó tarde al remate. El vistoso primer tiempo, que seguramente le gustó más a ‘Zizou’ que al Cholo, se cerró con la lesión de Carvajal tras un salto con Saúl.

El Madrid actuó con oficio y grandeza tras la reanudación. Esperó al Atlético con las líneas juntas y concentración máxima, a la espera de que se descompusiera definitivamente. Nada de repetir errores cometidos en anteriores partidos como el del Bayern o el del Barça. Simeone completó prontó los cambios e intentó llegar más con Gaitán, Correa y Torres. Signos de desesperación frente a un depredador que espera el momento adecuado para cazar a su presa. Europa es territorio madridista.

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