El Real Madrid apuntala su dominio en Europa

El Real Madrid retorció un poco más a su favor la historia de la Champions League en Cardiff y cantó su duodécimo título (1-4) en la competición más ilustre de clubes. Lo hizo ante una Juventus que alarga un gafe sin precedentes en su persecución de la orejona. Tres títulos en cuatro años y un doblete (Liga + Champions) permiten al equipo de ‘Zizou’ ser lo más parecido a lo que un día fue el de Di Stéfano. Galardones que engrandecen un palmarés sin parangón y, por encima de todo, le permiten ser la escuadra que tumbó el mito de repetir título con el nuevo formato.

La final citó a dos equipos tan alejados entre sí en la búsqueda de la gloria europea que el resultado pareció marcado desde el inicio. Y la precisión quirúrgica blanca en el remate volvió a ser ese monstruo despiadado que aterroriza sin remisión a cualquier defensa. El equipo que heredó Zidane de Benítez hace año y medio destrozó en tan solo 90 minutos varios mitos que durante años parecieron un imposible.

Cristiano Ronaldo desequilibró desde el gol el duelo a muerte entre leyendas que le enfrentaba a Buffon

Cristiano Ronaldo, con dos tantos, desequilibró desde el gol el duelo a muerte entre leyendas que le enfrentaba a Buffon. El portugués ejerció de verdugo oportuno de un equipo que mereció más en el primer tiempo, pero que acabó como una marioneta ante la mística del campeón. Puede ser que las victorias blancas no lleguen a trascender por su belleza, pero por número y continuidad son incontestables. Esto les ha llevado a marcar un ciclo en cuanto a títulos sin parangón en los últimos cinco años.

Ningún equipo ha sido capaz de garantizar tanta certidumbre en los momentos importantes como lo ha hecho el de Zidane. En Cardiff volvió a lograrlo en un segundo tiempo en el que borraron del césped a un rival amenazador en el primero. La competitividad blanca les hace caminar con una enorme seguridad entre tinieblas, por esos lugares en los que muchos simplemente pueden soñar con no derrumbarse. Incluso ante a la otra BBC, aquella con la que la Juventus pretendía romper un gafe de momento irremediable, los blancos salieron victoriosos.

Cristiano Ronaldo celebra la victoria del Real Madrid Cristiano Ronaldo celebra la victoria del Real Madrid (Laurence Griffiths / Getty)

En la ciudad galesa, el conjunto que más ha conocido la derrota en esta competición, la Juventus, fue incapaz de tumbar la maldición que le acompaña. Nunca fue montaña sencilla de escalar el equipo italiano, pero las finales son partidos en los que las piernas dependen más de la cabeza que nunca. Los nervios son dueños de medio encuentro, la otra mitad pertenece habitualmente al talento y a la experiencia de los futbolistas. Y allí, los blancos fueron mejores.

Ambos equipos tardaron muy poco en quitarse la careta con la que habían escondido sus identidades antes del baile de disfraces que suponía la cita en el Millenium Stadium. El Real Madrid eligió su traje más exquisito y ofreció a Isco para deleite del público de Cardiff. Allegri no tuvo ataques de entrenador en el día D y repitió el equipo que había convertido en párvulos a los chicos del Mónaco en semifinales.

Los blancos jugaron el partido a hurtadillas, siempre esperando a los movimientos de su rival para establecer el guión necesario

Los blancos jugaron el partido casi a hurtadillas. Siempre esperando a los movimientos de su rival para establecer el guión necesario. Cambiando los ritmos hasta ver el momento en el que asestar cada golpe. Con la sabiduría que otorga la experiencia de haber ganado dos finales en tres años, los blancos aguantaron los momentos de insubordinación italiana para, desde la efectividad, gobernar la final.

La salida de la Juventus fue la de un equipo que tenía una cuenta pendiente con la historia. Otros quizás habrían tenido dudas ante el lustroso escenario, pero la presentación de los de Allegri fue la de un equipo sin complejos. Fueron tres los sustos a los que tuvo que hacer frente Keylor Navas con intervenciones de buen portero. Higuaín calentó al guardameta en dos ocasiones y Pjanic, de volea, retó al portero con un órdago desde la frontal.

Mario Mandzukic celebra su gol en la final ante el Real Madrid Mario Mandzukic celebra su gol en la final ante el Real Madrid (Alastair Grant / AP)

El Madrid fue de menos a más. Ese diesel que aparece en los partidos grandes para terminar siempre con más alegría que su rival. A la chita callando los blancos hicieron suyo el cuero. Y la Juventus aceptó el descanso. No esperaban los italianos que la efectividad del campeón apareciese tan pronto.

Los hombres de Zidane fueron añadiendo registros a su juego hasta que fueron capaces de ejercer la presión en zonas clave. Dybala y Pjanic ya no se daban la mano con soltura y eso hacía sufrir a los de Allegri. El tanto de Cristiano a los veinte minutos despertó a los juventinos de su corto letargo. El portugués dio comienzo a los fuegos artificiales en la primera ocasión que toco el balón con un remate desde la frontal que desvió lo justo Bonucci hacia la red.

Los blancos se dieron cuenta de que esperar no era el camino y el centro del campo de Zidane comenzó a funcionar a las mil maravillas

La aparición de Carvajal, duda hasta el último instante, por la banda volvía a ser clave en un partido de Champions. Y el portugués hizo lo que mejor se le da en esta vida, enviar el balón a la red. Pero el chupinazo del portugués dio pie al mejor momento de los italianos, que se vieron desahuciados tan pronto, que decidieron irse a por el rival. Sólo siete minutos después del gol de Cristiano llegó la reacción bianconera. Higuaín recibió en el área un centro de Alex Sandro y cedió un pepino a Mandzukic. Pero el gigante croata puso sentido al balón del argentino y con una tijera creó un remate espléndido que batió de forma preciosa a Navas.

El empate de los italianos les devolvió la confianza en que cabía la posibilidad de que su misión no fuese imposible. Se rebelaba el aspirante contra la sorna del vigente campeón con una energía inaudita. Volvió la presión alta y comenzó a brillar la cabeza de Mandzukic para permitir las salidas en largo de los de Allegri. Los blancos se vieron realmente amenazados por primera vez en el encuentro y replegaron en su área, intentando contener a un rival que olía sangre. Los italianos gobernaban la final con mano de hierro, pese a que el Madrid seguía muy vivo en el marcador.

Casemiro se toca el escudo mientras celebra su gol en Cardiff Casemiro se toca el escudo mientras celebra su gol en Cardiff (Andy Rain / EFE)

El segundo tiempo fue una historia totalmente diferente. El Madrid volvió a crecer mientras era la Juventus el que tenía que achicar agua de su área. Desde el inicio, los blancos se dieron cuenta de que esperar no era el camino y el centro del campo de Zidane comenzó a funcionar a las mil maravillas. El tsunami blanco llegó desde el talento de Modric, Isco y sobre todo Kroos, que se sintió liberado para ordenar a los blancos.

Y como había sucedido en el primer tiempo, no necesitaron de demasiados alardes para traducir su juego en goles. Casemiro en el minuto sesenta lograba un gol inverosímil, no exento de cierta fortuna, pero que sumía a la Juventus en océano de dudas. El efecto de ese tanto fue tan devastador en las mentes transalpinas, que los blancos tardaron un suspiro en cercenar la final.

De nuevo Cristiano Ronaldo, el delantero más aterrador del momento, volvió a aparecer en solitario en el área rival para rematar un centro de Modric. El sueño juventino moría. El blanco tocaba el cielo de golpe. La final había muerto con la duodécima camino de Madrid. Asensió marcó el cuarto cuando la Juventus ya acampaba en campo contrario sin posibilidad alguna.

Con Ancelotti, en Lisboa, iniciaron un ciclo cuya última parada ha sido Cardiff. Tanto en la capital portuguesa como en Milán, la temporada pasada, el Madrid tuvo que engatusar a la diosa fortuna para lograr el éxito ante el Atlético de Madrid. En Cardiff, la varita del fútbol volvió bendecir a tocar a un equipo destinado a ganar, sea como sea.

Juventus, 1 – Real Madrid, 4

1 – Juventus: Buffon; Barzagli (Cuadrado, m.64), Bonucci, Chiellini, Álex Sandro; Khedira, Pjanic (Marchisio, m.70); Dani Alves, Dybala, Mandzukic; e Higuaín.

4 – Real Madrid: Keylor Navas; Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo; Casemiro, Kroos (Morata, m.89), Modric, Isco (Marco Asensio, m.82); Cristiano Ronaldo y Benzema (Bale, m.77).

Goles: 0-1, m.20: Cristiano Ronaldo. 1-1, m.27: Mandzukic. 1-2, m.61: Casemiro. 1-3, m.64: Cristiano Ronaldo. 1-4, m.90: Marco Asensio.

Árbitro: Felix Brych (Alemania). Amonestó a Dybala (12), Pjanic (66) y Sandro (70) por el Juventus; y a Ramos (31), Carvajal (42), Kroos (53) y Asensio (90) por el Real Madrid. Expulsó a Cuadrado por doble amarilla (72 y 84).

Estadio: final de la Liga de Campeones disputada en el Millennium Stadium ante 74.500 espectadores.

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