Valencia: De Soler… a Don Carlos – Marca.com

El jueves 6 de abril de 2017 quedará grabado para siempre en la memoria de Carlos Soler. Fue el día en el que el chaval del filial que hacía relamerse a Mestalla pasó de ser Carlitos a don Carlos.>Aquel gol de vaselina al Celta de Vigo cuando el partido estaba agonizando, aquella ovación interminable, su nombre coreado por los miles de aficionados que poco a poco iba recuperando el estadio… El éxtasis.

La apuesta de Voro, que le dio la titularidad nada más llegar al banquillo explotaba ante los ojos de todos. Carlos Soler se hacía hombre. Poco después, al finalizar la temporada, en una entrevista concedida a MARCA lo recordaba. “Fue el momento, el gol, la gente, la emoción, perfecto”. Lo fue. Desde ese momento a Carlos Soler se le cayó el apellido de canterano -siempre lo será- y se convirtió en uno de los grandes puntales del equipo… y del club. Se trata de una de las referencias de la entidad y del equipo en cada partido que disputa.

De hecho, la llegada de Marcelino García Toral, que le desplazó a la banda izquierda -y después lo ha hecho a la otra, la derecha-, no le ha restado galones. Soler juega siempre y si hay bajas en el doble pivote es el elegido para ponerse la camiseta de Dani Parejo… o la de Geoffrey Kondogbia. Es el bombero que utiliza Marcelino cuando suena la alarma de incendios en la línea medular del Valencia.

Sin duda se trata del jugador que más se ha revalorizado de la plantilla. Viene de coste cero y se ha convertido en uno de los jóvenes a los que los grandes de Europa no le quitan ojo. Está en la agenda de los más grandes.

Un triunfo… ‘señor’

Y todo explotó aquella noche frente al Celta de Vigo en una de esas jornadas intersemanales. Un jueves anodino en el que Soler se despachó con un recital y desde el que ya no fue el mismo.

Dio a su equipo una victoria balsámica para una temporada nefasta en la que las alegrías se pudieron contar con los dedos de una mano. Ese gol fue uno de los pocos clímax de la campaña.

Este fin de semana recibe al Celta en Mestalla bajo aquellas sensaciones tan a flor de piel. A Carlos Soler jamás se le olvidara ese momento final del choque.

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