Saúl Ñíguez guía a España a la gran final

España ya está en la gran final del Europeo Sub-21. Cuatro partidos, cuatro victorias. Doce goles a favor y dos en contra. El mejor equipo de este campeonato, sin duda. Y si no que se lo pregunten a Italia, que también acabó hincando la rodilla. Tres goles de Saúl Ñíguez dejaron KO a la selección que más veces ha conquistado este trofeo. Cinco veces lo ha ganado, la que más, pero su supremacía en esta categoría del futbol ya está en peligro. La Rojita suma cuatro y el viernes, ante Alemania, va a por el repóker. Visto lo visto, lo tiene a su alcance. Esta generación de jugadores invitan al optimismo, por no decir a la euforia. ¡Vaya grupo de cracks!

Las imágenes del España-Italia sub – 21

Al final fue una victoria (3-1) apacible, aunque la primera parte fue un toma y daca constante entre dos equipos que, si bien mostraron las lógicas precauciones defensivas, no dejaron nunca de mirar al marco rival. Quien pensara que Italia iba a jugar al catenaccio estaba muy equivocado. La transalpina, al menos su actual Sub-21, no es una escuadra rácana en su fútbol. Los jóvenes pupilos de Luigi di Baggio, de excelente calidad de mediocampo en adelante, pronto pusieron de relieve que también saben jugar al ataque. Chiesa y Bernardeschi, entrando desde las bandas, se acercaron pronto con peligro a los dominios de Kepa.

A la Rojita, como ya sucedió en sus tres anteriores partidos del campeonato, le costó meterse en el choque. La sorpresa táctica de Albert Celades fue cambiar de banda a Deulofeu y Marco Asensio, lo que no sirvió para sorprender a los italianos. España, eso sí, tuvo también sus opciones en el arranque. Dani Ceballos lo probó desde lejos y Deulofeu buscó el ‘gol olímpico’ en un saque de esquina al que respondió atento Donnarumma. Tras otro chut de ‘Deulo’ que blocó el meta llegó la primera gran ocasión de Italia, en un disparo de Pellegrini dentro del área que hizo lucir a Kepa. Acto seguido, el portero vasco volvió a trabajar despejando un remate de cabeza de Caldara.

España no estaba cómoda en el campo. Se echaban en falta las internadas por la banda de los laterales Bellerín y Jonny, mucho más preocupados de la marca a Benass i y Chiesa, así como tener menos de lo habitual el balón en su poder, con un Dani Ceballos algo desconectado, Saúl no daba abasto, mientras Marcos Llorente lucía mucho más en labores de contención. Aun así, los de Celades tuvieron un par de ocasiones más, con chuts de Deulofeu y Sandro que se fueron fuera por poco. Con 0-0 se llegó al descanso.

Sin cambios en ambos equipos, la segunda parte parecía que iba a discurrir por los mismos cauces, aunque no fue así. La Rojita se hizo con las riendas desde el arranque y, ya con el balón en su poder, llegó el gol. En el minuto 53, una gran acción de Dani Ceballos, rompiendo desde la banda izquierda, acabó con el balón a los pies de Saúl Ñíguez, que batió a Donnarumma con un potente disparo.

España había hecho lo más difícil, pero aún le iba a sonreir un poco más la suerte. Solo cinco minutos después de marcar, Gagliardi veía la segunda tarjeta amarilla por un entradón a Dani Ceballos, que había empezado su recital de fútbol con caños imposibles incluídos. Con diez en el campo, Italia parecía que iba a ser presa fácil, pero si algo tiene el ADN de los azzurri es que nunca se dan por vencidos. Así, en el minuto 62, su mejor jugador, Bernardeschi, se sacaba un chut desde fuera del área. El balón tocaba en Vallejo, despistando a Kepa y el empate volvía al marcador.

Lo que podía haber sido un jarro de agua fría para España, Saúl Ñíguez se encargó de que no fuera así. El centrocampista, en una noche inolvidable para él, volvió a avanzar a los de Celades con un golazo. Un zambombazo suyo desde fuera del área entró como una exhalación dentro del marco de Donnarumma, que se tiró para salir en la foto (min. 65).

En esos momentos, la Rojita estaba ya desmelenada. Deulofeu y Marco Asensio tuvieron el tercero en sus botas, pero no encontraron el camino del gol. Por entonces Italia ya se estaba diluyendo como un azucarillo en el agua hirviendo y España lo aprovechó. Cómo no, Saúl Ñíguez, inconmensurable, puso la puntilla al rival. Era el minuto 74 y una internada de Marco Asensio fue aprovechada por el posiblemente mejor jugador del torneo para firmar el 3-1. Era su quinto gol en cuatro partidos.

El encuentro estaba visto para sentencia a falta de un cuarto de hora. Italia aún se acercó un par de veces al área de Kepa, pero nunca dio la impresión de poder dar la vuelta al marcador. No había milagro posible para la azzurra. España estaba en la final. Sin discusión. Ahí la espera Alemania. Que se prepare.

Ficha técnica:

España: Kepa Arrizabalaga; Bellerín, Jorge Meré, Vallejo, Jonny; Saúl Ñíguez, Marcos Llorente, Dani Ceballos (Oyarzabal, min. 89); Deulofeu (Denis Suárez, min. 83), Sandro (Iñaki Williams, min. 78) y Marco Asensio

Italia: Donnarumma; Calabria, Caldara, Rugani, Barreca; Benassi (Garritano, MIn. 87), Gagliardi, Pellegrini, Chiesa (Locatelli, min. 61); Petagna (Cerri, min. 72) y Bernardeschi

Goles: 1-0, Saúl Ñíguez (min. 53); 1-1, Bernardeschi (min. 62); 2-1, Saúl Ñíguez (min. 65); 3-1, Saúl Ñíguez (min. 74).

Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Mostró tarjeta amarilla a Benassi (min. 45), Calabria (min. 54) y Cerri (min. 76). Expulsó por doble amonestación (min. 50 y min. 58) a Gagliardini.

Estadio: Krakow Stadium (14.000 espectadores)

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