Victoria para disipar dudas y meterse como líder en octavos

En este país de enterradores procaces muchos se habían aventurado a dar por desahuciado a este Atlético sin tener en cuenta que, como defiende Simeone con bastante sentido común, los balances es mejor hacerlos con todos los datos, al final del asunto y no en el tercer capítulo. Nos encontramos en noviembre, queda un mundo, para bien o para mal. Que el equipo no está en su mejor momento es una obviedad pero que al Atlético no le puede dar nunca por muerto, aún lo es más. Y que Simeone tiene un equipazo, aún más. Y ya decimos, una temporada es larga y pocos o ninguno pueden decir que no pasarán por un mal momento a lo largo de la misma. Si los rojiblancos lo atraviesan minimizando al máximo los daños, habrá pelea. En el curso pasado el asunto arrancó con las mismas dudas y el equipo colchonero aguantó en la lucha por el título hasta la penúltima jornada y se metió en la final de la Liga de Campeones, eliminando a Barça y Bayern. Aviso para navegantes, o para los enterradores prematuros.

Estaba claro que este partido era un asunto más emocional que clasificatorio. El objetivo más valioso del mismo era recuperar sensaciones, reencontrarse un poco con ese Atlético posterior al irregular arranque ante el Alavés y el Leganés. Y eso se logró en cierta medida. No es la mejor versión pero sirve para crecer. Partido a partido. Porque si estar mal es llevar cinco victorias en cinco partidos de Champions (mejor arranque en la historia de la entidad), estar ya en octavos del torneo continental y estarlo como líder de un grupo en el que está el Bayern; y en Liga estar a un punto de los puestos de Champions, pues que baje Dios y lo vea.

El Atlético despachó al PSV con dos tantos de su dupla francesa en la segunda mitad, justa recompensa a su propuesta y esfuerzo. El equipo rojiblanco volvió a ganar aferrado a la fórmula del curso anterior. Los del Cholo se han ganado poder viajar a Munich de turismo. Bueno, qué chorrada, este equipo es tan competitivo que jugaría con el cuchillo entre los dientes incluso en un partido de padres contra hijos.

Diego Pablo Simeone debió consultarlo con la almohada. De lo de Koke de pivote es casi indiscutible a volver a la vieja guardia, a la receta de un Tiago que no había sido titular desde la primera jornada de Liga. Ojo, desde la primera jornada de LaLiga. El Atlético probó una cosa en la previa (con Koke en el centro y Gaitán en banda) pero a la hora de la verdad, el Cholo tiró de lo conocido para intentar alcanzar una versión recuperada del Atlético en un momento de dudas existenciales. Al final, los resultados o las dudas, se llevaron como un vendaval, por lo menos para este partido, lo de Koke como pivote. Habrá que ver qué sucede en el futuro inmediato porque este equipo necesita recuperar confianza y resultados.

Para el Cholo se asoma un nuevo debate porque si el físico le aguanta a Tiago, el asunto tiene pinta de colear. Partidazo del luso en el timón del equipo. El de Viana do Castelo movió el partido y se permitió dar una asistencia de gol, incluso, a Griezmann.

El vallecano volvió a la banda y no es que sea consecuencia, porque el canterano llevaba el timón del equipo en el primer tramo de temporada cuando los rojiblancos habían encajado tres goles en 12 partidos y el Atlético tenía más fiabilidad que un motor alemán; pero el caso es que el equipo colchonero fue algo más reconocible que en los últimos partidos. O no digamos más reconocible, digamos más parecido a lo del curso pasado, más arropado, menos vistoso pero más directo. Una salida intensa, con presión acompasada que es lo que se había perdido un poco en las últimas citas y velocidad en ataque. El equipo rojiblanco tenía noticias de lo sucedido en Rusia con el batacazo histórico del Bayern y salió al campo a solucionar el asunto rápido.

En media hora, los de Simeone habían acumulado hasta cinco buenas ocasiones, algunas muy claras, especialmente un remate a dos metros de la línea de Gameiro a pase de Carrasco, un gambeteo con centro-chut del belga, un cabezazo de Godín tras jugada a balón parado, un disparo de Griezmann que se marchaba pegado al palo y una ocasión más de Gameiro al que le faltó velocidad y le sobró confianza -cuando se disponía a fusilar le robó la cartera Willems a pesar de que había arrancado tres metros detrás de él-.

Pero no todo fueron buenas noticias, ese momento de despiste defensivo que se ha asentado en este Atlético en los últimos partidos (el gol de Nzonzi, los penaltis de la Real, el del Rostov, los de Málaga a balón parado, el tercero del derbi…) apareció de nuevo. Pereiro se plantó solo ante Oblak en el 17’, el uruguayo debió alucinar de verse tan solo y tiró literalmente a las manos del esloveno. En la lista de intenciones colchoneras está la de recuperar la intensidad defensiva, la gran virtud de este equipo y sobre la que se asentaban sus buenos resultados. Era tan extraño ver errores individuales defensivos en este equipo hace unos meses como ahora lo es no verlos, por ahí es por donde el Atlético debe comenzar a recomponerse. Media hora le duró el brío al partido, que hasta el descanso entró en un valle de los de bostezo.

SEGUNDO ACTO

El Atlético comenzó el segundo acto en su búsqueda del gol curativo. Giménez lo rozó, como su cabezazo rozó el palo, a los 50’ minutos en una jugada en la que a Gameiro también le faltó unos centímetros para embocarla. El de Sanlis se tomó revancha poco después para abrir el partido, pase de profundidad de Griezmann para que su compatriota cruzase inapelable, pegado al palo. Primer gol en Champions de Gameiro con la rojiblanca.

El Atlético se quitaba la presión y se acomodó, pero de ‘sentirse cómodo’, arropado y saliendo con velocidad y a partir de ahí se reencontró consigo mismo. Tiago volvió a dar una lección de mando y le regaló a Griezmann el 2-0 que terminaba el partido. Gameiro aún tuvo tiempo para enviar un balón al larguero, Filipe para lesionarse y Vrsaljko

Loading...