Así ha cambiado el ideal de belleza masculino en los últimos 150 años

El artista Nickolay Lamm ha recreado el ‘varón perfecto’ según los cánones de distintas épocas

Que la belleza es un concepto tan subjetivo como cambiante es algo que está fuera de toda duda. Lo hemos comprobado varias veces en esta misma sección: en su día te contamos cómo es el hombre perfecto según el canon de belleza de 19 países distintos; y te mostramos diez curiosos rasgos considerados sensuales en ciertas culturas. La idea de lo que es bello y lo que no cambia en función del lugar y la cultura, pero también según la época. En la imagen sobre estas líneas puedes ver cómo ha cambiado el ideal de belleza masculino desde 1870.

Se trata de un proyecto publicado por el artista Nickolay Lamm en su blog. A la izquierda tienes su simulación del «hombre perfecto» en 1870. Lamm recuerda que la obesidad no se juzgaba en aquellos tiempos de la misma manera que hoy en día. Entonces se consideraba que unos kilos de más eran síntoma de acceso a alimentos y por tanto de una posición económica desahogada. De hecho, en países como Estados Unidos llegaron a existir los llamados «Fat Man Clubs», que exigían un mínimo de 90 kilos de peso a sus miembros.

El segundo por la izquierda es el hombre ideal en torno a 1930. Ha bajado de peso respecto al anterior y su imagen está mucho más cuidada, aunque sin llegar a un desarrollo vistoso de la musculatura. Podemos identificarlo con los galanes del cine de la época, como Clark Gable o John Wayne. Justo en el centro encontramos al varón de moda en la década de los sesenta, un tipo delgado y con el pelo largo, que guarda evidentes similitudes con célebres rebeldes como los músicos Robert Plant, Mick Jagger o John Lennon.

En cuarto lugar de izquierda a derecha está el hombre perfecto en 1980. Uno de los que más llama la atención dado el impresionante tamaño de sus músculos. Fueron los años de gloria de actores como Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme o Sylvester Stallone. Los gimnasios multiplicaron su popularidad y la tendencia del «culto al cuerpo» ganó adeptos. Por último, a la derecha está el que Lamm etiqueta como ideal desde 1990 hasta la actualidad. Algo así como un término medio entre los tres anteriores.

No es la primera vez que Nickolay Lamm da que hablar con sus simulaciones. También él recreó cómo sería Nueva York en otro planeta, colaboró en un estudio para mostrar al mundo lo que el cambio climático podría llevarse y fabricó una Barbie con el cuerpo de una mujer real que no dejó a nadie indiferente.

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