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Defender la carne

La ofensiva del ministro Alberto Garzón contra el sector cárnico español ha ganado fuerza con la afirmación de que, en España, se exporta «carne de mala calidad» procedente de «animales maltratados». Después, el ministro trató de reorientar la polémica hacia las llamadas “macrogranjas” y las diferencias entre los distintos tipos de explotación. En todo caso, Garzón continúa avanzando en pos de los “objetivos de desarrollo sostenible”, la Agenda 2030 y el resto de políticas que, so pretexto de salvar el planeta, harán a las clases populares más pobres y a las élites mucho más ricas. 

En efecto, detrás de ese pretendido interés por los animales y su bienestar, por la alimentación y por el ecologismo, se esconde la industria de la “carne artificial”, que en realidad es un compuesto vegetal. Ya se pueden ver “hamburguesas vegetales” en cadenas de comida rápida y supermercados. 

Como advertía en 2019 el ganadero Victorino Martín, presidente de la Fundación Toro de Lidia, el “movimiento animalista es en realidad una industria animalista, perfectamente engrasada económicamente, que intenta imponer una nueva moral pública, incompatible con nuestra cultura” para añadir más adelante que “El animalismo no es más que una utopía destructora; una utopía destructora de nuestra civilización, de nuestra sociedad. Tras ella queda la nada, una sociedad uniforme, sin expresiones culturales propias y poderosas, sin diversidad de gentes que hacen cosas diferentes en lugares distintos. Una sociedad gris, homogénea, urbana, consumidora y fácilmente manejable”. Esto último es crucial. Se trata de que los ciudadanos se vayan acostumbrando a que les digan no sólo qué comer, sino qué comidas y hábitos alimentarios son legítimos. 

La última estación de esa destrucción simbólica de la vida rural es la campaña desatada contra la carne

El campo está plantando cara a las asfixiantes políticas del gobierno. La Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores-Asaja, la Coordinadora de Asociaciones de Agricultores y Ganaderos-COAG y la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos-UPA, la Real Federación Española de Caza, la Real Federación de Asociaciones de Ganado Selecto , la Unión de Criadores de Toros de Lidia y la Alianza Rural, han convocado una manifestación en Madrid para el próximo 20 de marzo bajo el lema “Juntos por el campo”. Es reconfortante ver cómo la sociedad civil y el tejido asociativo reaccionan frente a unas políticas que, desde la reforma laboral hasta la materia ambiental -ahí está la cuestión del lobo y la ganadería- están arrinconando y ahogando la economía rural. 

Sin embargo, no es sólo, como decía, un asunto económico. Ni siquiera se limita a lo político. Desde la Revolución Francesa hasta nuestros días, las tensiones entre el campo y la ciudad atraviesan tres siglos de historia de Europa. En España, la posguerra supuso la despoblación del campo y, lo que es peor, la estigmatización de la vida en los pueblos a través de estereotipos como “el paleto”. La última estación de esa destrucción simbólica de la vida rural es la campaña desatada contra la carne. 

Salgamos en su defensa. 


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