El ‘día D’ del futuro del PSOE

Tras 253 días de guerras intestinas desde el golpe orgánico del 1 de octubre al secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, apenas un 0,4% de los ciudadanos españoles (unos 188.000) tienen este domingo en su mano decidir el futuro de partido que más tiempo ha gobernado España en la etapa democrática, y cuyo veredicto condicionará a buen seguro los avatares de la política española en los próximos años.

Y es que, como no se ha cansado de repetir Susana Díaz, “el PSOE es mucho PSOE”. No en vano, se cuenta, que a principios de los años noventa, tras la tercera mayoría absoluta de Felipe González, el entonces vicesecretario general del partido, Alfonso Guerra, llevó a la Ejecutiva Federal un estudio sociológico que concluía que la derecha prácticamente no tendría posibilidad alguna de volver a gobernar este país durante muchos lustros.

Sin embargo, en poco más de cinco años el Partido Popular llegó al poder y el todopoderoso PSOE, con casi 4.000 casas del pueblo por toda la geografía española, se encuentra ahora al borde de la “desaparición” o del “suicidio”, como no se ha cansado de advertir uno de los candidatos, Patxi López, durante toda la campaña.Sin caer en tanto dramatismo, lo cierto es que el PSOE lleva 253 días a la deriva, desangrándose internamente, dando bandazos inexplicables y recreándose en una autodestrucción de la que nadie sabe si va a poder recuperarse ocurra lo que ocurra este domingo.

Susana Díaz, Pedro Sánchez y Patxi López, tan radicalmente diferentes entre sí, son los tres osados que aspiran a hacerse con el timón del barco, pero nadie sabe bien si se quedará la tripulación o, a los cuatro días, empezarán a abrirse vías de agua bien por proa o por estribor.

Todo ello estará marcado por quién gane, por cuánto gane, por qué actitud tenga quien gane y por cómo responderán los que queden en segunda y tercera posición. Y, pese a los compromisos de todos ellos para buscar la reconciliación y la unidad tras el “día D”, los irreconciliables enfrentamientos personales que se han evidenciado en esta larga campaña, hacen prever que vaya a ser difícil que todos remen en la misma dirección.

La presidenta andaluza, Susana Díaz, sigue partiendo como la favorita para convertirse este domingo en la primera “autoridad” de Ferraz, pero todo apunta a que se le ha difuminado el sueño de entrar por la puerta grande, con alfombra roja y en olor de multitudes.

Las perspectivas que maneja su equipo es que ganará con toda seguridad, pero no por demasiada diferencia frente a Pedro Sánchez. Apuntan que podría repetirse la distancia de los avales –en torno 6.000 votos más que Pedro Sánchez-,‘ y entre cuatro y cinco puntos de diferencia.

Se asume que se han cometido muchos errores en la campaña, tal vez, por exceso de confianza. La sorpresa del gran número de avales recogidos por Sánchez dejó noqueados a los “susanistas” que, en modo alguno, lo esperaban. De hecho, días antes de la entrega, presumía de que iban a doblar en firmas de Sánchez. Ese era su plan, una victoria anticipada, para ir a unas primarias en las que se sólo se discutiera por cuánta diferencia iban a ganar al defenestrado secretario general del PSOE.

Su equipo asume el error y lo justifica en que en ningún momento sospecharon que tras tener 60.000 avales asegurados, Sánchez podría acercárseles tanto. Hay que recordar que en las últimas primarias el ex líder del PSOE fue quién más firmas presentó y no llegó a 40.000. “Nadie pensó que pasaría de 30.000”, asegura un cercano colaborador de Díaz.

Pero las dudas sobre su victoria este domingo también se han acrecentado por una pésima campaña que ha sorprendido a propios y extraños. Lo que se consideraba el todopoderoso aparato del PSOE andaluz, una maquinaria perfecta para controlar el partido, se ha demostrado bastante ineficiente en la estrategia, agendas y calendarios. Pinchazos en los mítines, actos improvisados, ocurrencias de última hora y criterios tan cambiantes en temas tan claves como si había que presentar un proyecto político o no.

Díaz, según algunas fuentes, se ha dado perfecta cuenta de esto y, en la recta final de campaña, ha intentado coger las riendas, tener más presencia y “poner las pilas” a su equipo y sus plataformas. La presidenta tiene fama de ganar en las distancias cortas, y no se ha prodigado mucho en esa faceta hasta los últimos días.
No obstante, que el 24% de la militancia del PSOE sea andaluza y mayoritariamente susanista, y con la inmensa mayoría de los barones de las federaciones socialistas a su favor, parece difícil que se le escape la victoria, aunque sea por poco. A fin de cuentas, como dijo Díaz en un off the record: “Yo soy de la generación de Barrio Sésamo; ganar es ganar, y perder es perder”.

En las filas de Pedro Sánchez el escenario es otro. Dicen oficialmente que hay un “moderado convencimiento” de que este domingo Sánchez se volverá a convertir de nuevo en el secretario general del PSOE. Extraoficialmente, ponen una sonrisa de oreja a oreja y, sin pudor alguno afirman: “Nos da igual lo que saque Susana, nosotros vamos a estar seguro por encima del 50% de los votos”.

En esta candidatura ha pasado lo contrario que en la de Díaz. Ha sorprendido su nivel de organización, de planificación y de cómo han sabido llevar la iniciativa de la precampaña y la campaña durante tantos meses. Se podría decir que sus rivales han ido todo el tiempo a rebufo de la senda que marcaba Sánchez.

Aseguran que conocen el partido en profundidad en contra de lo que ellos llaman “los notables”, y explican que no les ha costado conseguir tal número de avales, “y nos han seguido llegando más fuera de plazo”.

Su convencimiento en la victoria lo fían a lo que podría denominarse el “voto útil” y a que los partidarios de Patxi López terminen decantándose por Sánchez. “Es evidente que están más cerca de nuestro proyecto de partido y que tienen mayor rechazo a Díaz. Eso se reflejará en el voto”, dicen.

Por ello, en la recta final Sánchez ha querido presentar a López como el “tapado” de Díaz, la liebre que necesita para poder ganarle y, luego, incorporar al dirigente vasco en aras de la integración. Están convencidos de que la jugada para perjudicarles no les va a salir bien.

Y en el medio del debate y del enfrentamiento ha aguantado un Patxi López que, como prometió, ha llegado hasta el final de la carrera. El dirigente vasco ha hecho una campaña mediática y cercana. Medios de comunicación y actos pequeños en agrupaciones y apenas grandes actos.

Posiblemente, sea el mejor dialécticamente de los tres, el que tiene eso que se denomina más “cultura de partido” y quien presenta un proyecto de lucha contra la división interna y de definición ideológica que es el que mejor puede sonar a la militancia y a los votantes socialistas.

Sus posibilidades de victoria son mínimas. En principio, ganará en el País Vasco, tiene un apoyo significativo en Madrid, y podría arrancar importantes restos en Cataluña o en Castilla y León. El convencimiento de su equipo es que sacará más votos que los 10.800 avales que obtuvo, el objetivo es estar en torno al 20% de los votos y el sueño es estar cerca de un tercio. Pero otros análisis apuntan que su porcentaje va a ser casi testimonial por el trasvase de apoyos que está produciéndose en los últimos días, fundamentalmente hacia la candidatura de Sánchez.

No será hasta la noche de este domingo, oficialmente en torno a las 23.00 horas, cuando tras 253 días se sepa en qué manos quedará el PSOE. Lo que nadie sabe es qué ocurrirá a partir del día 254.

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