El drama del día 17, del año 2017, a las 17 horas

Para los amigos de la numerología, el drama se conoció en una coincidencia: eran las 17 horas, del día 17, del año 2017. En este instante, una furgoneta embocaba la parte alta de la Rambla y se llevaba por delante la vida de catorce personas. Pero el relato de este atentado es más complejo y se escribe en cinco escenarios geográficos sucesivos, sin que aún tenga un final.

Hace unos meses, unos jóvenes ocuparon un chalet de la urbanización Montecarlo, en Alcanar (Montsià). Franceses de origen magrebí, nadie receló de ellos. Era una zona con pocos moradores habituales y la casa era propiedad de un banco, que se hizo con ella merced a los desastres de la crisis económica. El miércoles por la noche se produjo allí una gran explosión, en la que falleció uno de los inquilinos y que dejó a otro al borde de la muerte, a la que siguió otra en el desescombro que causó heridas a seis mossos y dos bomberos. En los trabajos de quitar las ruinas apareció el cadáver de otro inquilino. Entonces comenzaron a conocerse algunos datos inquietantes: el trasiego de la gente allí era continuo. Una primera hipótesis fue que era un laboratorio clandestino de drogas, pero se fue al traste cuando en la furgoneta usada en la Rambla se encontró documentación de dos de los ocupantes del inmueble. Ahora se sabe que la casa de Alcanar sirvió de cobijo a una célula islamista, de por lo menos diez integrantes, una de las más importantes de los últimos tiempos en Europa. En Alcanar estaban preparando tres furgonetas cargadas con explosivos y bombonas de butano (habían acumulado hasta 105 en el inmueble). Los vehículos fueron alquilados en una empresa especializada de Santa Perpètua de Mogoda. Cuando estaban preparando las bombas se produjo la deflagración.

La secuencia de los atentados en Catalunya La secuencia de los atentados en Catalunya (Raúl Camañas)

La explosión accidental de Alcanar hizo cambiar de planes a los terroristas, y, a pesar de lo terrible de lo ocurrido después, minimizó los efectos. Sobre las 17 horas del jueves, una furgoneta descendió por la calle Pelai y al girar por la Rambla se subió al paseo central y comenzó a circular haciendo eses, atropellando a cuantos viandantes pudo y chocando contra quiscos y mobiliario. Así 600 metros, hasta que a la altura del mosaico de Miró, el conductor abandonó el vehículo y se dio a la fuga. Balance: catorce muertos y más de un centenar de heridos, algunos de carácter grave. Las imágenes que trascienden de la popular calle son escalofriantes: cadáveres, heridos, sangre en el asfalto, … A los pocos minutos, los Mossos d’Esquadra blindaron la zona e iniciaron la búsqueda del sospechoso. Todas las personas que estaban en la zona son recluidas en locales y tiendas, donde permanecen más de una hora hasta que la situación se tranquiliza. Son momentos de angustia, de pánico, pero también de solidaridad, donde los vecinos abrieron las puertas de sus casas a los turistas horrorizados, donde los trabajadores de los establecimientos daban consuelo a sus huéspedes forzosos. Al mismo tiempo que se peinaba el Raval en busca del terrorista, se puso en marcha la operación jaula, para impedir que salga de la ciudad el fugitivo, que los ciudadanos aceptan con resignación ejemplar. Las rondas se colapsan y se tardan hasta seis horas en recorrerlas. Y de nuevo aflora la fraternidad: los vecinos no dudan en salir de sus casas y dar agua, chocolate o galletas a los prisioneros forzosos de sus coches. Horas después del atentado, que es reivindicado por la noche por el Estado Islámico, las redes sociales recuerdan a una de las arterias más populares del planeta tal como la vivió el poeta granadino Federico García Lorca: “La calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: la Rambla de Barcelona”. In memoriam: ayer se cumplieron 81 años del fusilamiento del mago de los versos.

La matrícula de la furgoneta abandonada en la Rambla conduce a una empresa especializada en este tipo de vehículos de Santa Perpètua de Mogoda. Allí se obtuvo un dato inquietante: en realidad se alquilaron tres. En los documentos aparece el nombre de Driss Oukabir; un hombre residente en Ripoll, nacido en Marruecos pero con pasaporte español. Trasciende su nombre y su foto, y hasta él se ve en los medios, ante lo cual trata de llegar a la comisaría y asegura que no tiene nada que ver, y que le ha robado su documentación su hermano Moussa, un joven que había colgado mensajes muy radicalizados en la red. Driss es detenido, lo mismo que otras dos personas de la población. La segunda de las furgonetas aparece abandonada en Vic.

Con la operación Gàbia en marcha, a las siete menos cuarto de la tarde, un Ford Focus embiste un control de los Mossos en la Diagonal, en la Zona Universitària, y le rompe el fémur a una sargento. Su compañero dispara contra el vehículo, que no se detiene. Tres cuartos de hora después, el coche es localizado en Sant Just Desvern, frente al edificio Walden. El propietario está dentro, muerto de una cuchillada. Es un ciudadano de Vilanova i la Geltrú, ajeno a los acontecimientos. La sospecha es que uno de los terroristas, en su huida, lo secuestró, se hizo con su vehículo y le dio muerte.

De madrugada, un Audi A3 encaró el paseo Marítim, y topó con un control de los Mossos. Intentó evitarlo y pretendió subir a la acera, donde atropelló a una mujer, que murió. Sin embargo, no pudo completar la maniobra y volcó. Del automóvil bajaron cinco personas. Cuatro se fueron en una dirección y fueron abatidos por un agente. El quinto se marchó en dirección contraria, y tras herir a varias personas con un machete, fue alcanzado por los disparos de otros policías. Los cinco murieron. Una tercera furgoneta fue localizada averiada en las cercanías.

Epílogo (incompleto)

Este drama se cuenta en cinco escenarios, pero no está escrito del todo. Faltan líneas por redactar. La hipótesis es que, en la casa de Alcanar, una nutrida y decidida célula terrorista islámica estaba decidida a cargar tres furgonetas con explosivo y bombonas de butano, para estrellarlas en la Rambla, Vic y Cambrils. El resultado habría sido dantesco. Para más adelante quedan las preguntas: cuántos eran los terroristas, cómo nadie sospechó de la compra de 105 bombonas en poco tiempo, porqué no había bolardos en la Rambla… De momento, el resultado es que el día 17, del año 2017, a las 17 horas, Barcelona entró en la geografía del dolor.

Loading...