El éxito del 1-O: entre un insuficiente 9N y un anhelado 27S

Es imposible predecir a estas horas si habrá o no referéndum sobre la independencia de Catalunya el próximo 1 de octubre. El que va a convocarlo, la Generalitat, no tiene ninguna duda de que lo organizará y celebrará. En cambio, el Gobierno central garantiza que lo tiene todo preparado para que no tenga lugar ninguna votación. Y todo sin que ni uno ni el otro revelen cómo van a llevar a cabo sus planes.

A la espera de despejar la incógnita principal, una de las grandes dudas del referéndum gira en torno al nivel de movilización que pueda haber en unas circunstancias tan extraordinarias. Aunque la ley de Referéndum de JxSí y CUP descarta incluir un tope de participación mínima, a nadie se le escapa que a mayor movilización, mayor sería su legitimidad, tanto a nivel interno como internacional.

Repetir o no un 9N en cuanto a la “movilización del no” dependerá de la capacidad de convencer de los efectos vinculantes del 1-O

No en vano, el bloque soberanista se ha marcado como uno de sus objetivos “movilizar a los del no”, consciente de que de ello puede depender el éxito o fracaso del referéndum. A buen seguro que la posición que van adoptando los partidos contrarios a la secesión –el PSC ya ha llamado a quedarse en casa– y los que, por ahora, prefieren no pronunciarse, también influirá.

Ahora bien, ¿Cómo lograr dicha movilización? ¿De qué cifras estaríamos hablando? No es objeto de este texto valorar qué nivel de participación legitimaría un referéndum así, sino más bien analizar los datos y las cifras precedentes para entender claves de la eventual votación.

Gráficos comparativos del 9N y del 27S Gráficos comparativos del 9N y del 27S (LVD)

Los dos únicos procesos que se pueden utilizar como referente del 1-O son, por un lado, el proceso participativo del 9 de noviembre de 2014 y, por el otro, las elecciones autonómicas, convocadas en clave plebiscitaria, del 27 de septiembre de 2015. Por su naturaleza, ambos presentan problemas para funcionar como precedentes del 1-O y, por lo tanto, es imposible extrapolar estas cifras con el 100% de seguridad. Pero, sin contar las encuestas, no hay otros, siendo el 27S el más fiable. Sirven, en todo caso, para dibujar los posibles escenarios de movilización de los favorables a la secesión y, la gran incógnita, de los favorables a la unidad territorial de España.

El 9N fue un proceso participativo. Desde el principio se supo que su resultado no vinculaba en nada a nadie, y el Govern de Artur Mas lo exhibió como una movilización simbólica, como una manifestación con urnas y papeletas. Ese a priori condiciona el 9N absolutamente desde el punto de vista demoscópico.

Tanto el 9N como el 27S, por su naturaleza, presentan problemas para funcionar como precedentes del 1-O

El resultado es conocido: su carácter simbólico movilizó solo a los independentistas y a una pequeña bolsa de votantes que decidió expresar su opinión favorable a un referéndum acudiendo a las urnas pero votando no a la independencia. El resto optó por una abstención, que fue significativamente más alta que la mayoría de procesos electorales en Catalunya. Es difícil poner una cifra exacta a dicha abstención, debido principalmente a que existen discrepancias sobre el censo –hay que recordarlo: no hubo censo como tal–.

Sin embargo, las cifras que se manejan se sitúan entre un 56% y un 59% de abstención aquel 9N, una cifra que, aunque sería inferior al de algunas elecciones europeas (por ejemplo, en 2009), sigue siendo notablemente alta. Ni siquiera llegar al 50% de participación no puede ser considerado una buena noticia, pero otro dato también cabe recordar: la participación tampoco llegó a la mitad del censo en el referéndum del Estatut de 2006.

Por lo tanto, estos son los porcentajes contra los que deberá luchar el soberanismo para que el 1-O no sea un nuevo 9-N. Convencer a esta gran masa de votantes de que, a pesar de la anunciada prohibición por parte del binomio Gobierno-TC, la votación de 2017 tendrá efectos más allá de lo meramente simbólico, será la clave. La ley de Transitoriedad impulsada por JxSí y CUP sólo se puede entender así.

La prueba de que una votación con efectos reales moviliza está en el 27S. Unas elecciones ordinarias, pero convocadas por el bloque independentista en clave plebiscitaria con el fin de contar, dijeron entonces, síes y noes, movilizaron a todos. Y vaya si fue así: las elecciones de 2015 fueron las de mayor participación en Catalunya en unas autonómicas. Acudió casi el 75% de los catalanes, de los cuales más de un 35% votó a partidos favorables al sí, un 29,4%, lo hizo por partidos contrarios a la independencia, y al alrededor de 7% optó por fuerzas que decidieron no decantarse por ninguna de las dos opciones.

El independentismo se moviliza como un bloque en un en ambas votaciones; al no es más difícil de seguirle la pista

Un análisis sencillo de los datos de una y otra votación arroja conclusiones significativas. Tanto en el 9N como en el 27S, el independentismo se movilizó en un grado similar tanto en porcentaje como en cifras absolutas. Un 47,7% (1,8 millones de personas) votó sí en 2014 y un 39,5% (1,9 millones) lo hizo a partidos favorables al sí (JxSí y CUP) en 2015.

En cambio, al no es más difícil de seguirle la pista. En el 9N, se puede dividir a los contrarios a la independencia entre los que acudieron y votaron sí-no, los que votaron no, y los que se quedaron en casa. En el 27S, son más fáciles de detectar: se encuentran entre los que votaron Ciutadans, PSC y PP.

Obviamente una de las grandes incógnitas es adonde irían a parar los votos de partidos que el 27S no se posicionaron. Son unos 400.000 votos que recogieron Catalunya Sí que es Pot o Unió (más de un 12% de los votantes; un 7% respecto al censo), y que serían fundamentales al ser quizás los más susceptibles de movilizarse en un referéndum como el planteado por el Govern, ya fuera para votar sí o no. Aunque es difícil colocarlos en uno u otro lado, tomando los datos que recogen las encuestas, muchos se decantarían por el no a la separación.

Una de las grandes incógnitas es adonde irían a parar los votos de partidos que el 27S no se posicionaron. Pero incluso si estos 400.000 votos acuden a las urnas y votan no, habría dudas sobre no repetir un 9N

Pero incluso aunque estos 400.000 acudieran a las urnas el 1-O y votaran en contra de la secesión, habría que esperar al comportamiento electoral de votantes de otros partidos (por ejemplo, PSC) para poder hablar fehacientemente de “movilización de los contrarios a la independencia” o, dicho de otro modo, evitar repetir otro 9N.

¿Y dónde están los votantes que el soberanismo debe convencer para avalar el 1-O? Un mapa de la abstención en la consulta del 9N nos ayuda a responder a la pregunta. Hay dos focos claros: el litoral –en especial, las poblaciones del cinturón de Barcelona– y el Aran.

Dado el peso demográfico de poblaciones como L’Hospitalet de Llobregat, Cornellà de Llobregat, Santa Coloma de Gramanet o Badia del Vallès, el hecho que la abstención superara el 80% en las cuatro poblaciones es un dato a tener en cuenta. En muchas otras como El Prat, Sabadell, Terrassa, Badalona o Montcada i Reixac, por citar unas cuentas, la abstención no bajó del 70%.

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