El Gobierno cree que fue el objetivo de “una encerrona” en la manifestación

La consigna es restar importancia a lo que ocurrió el sábado en la manifestación de Barcelona y, por eso, en público, no saldrán palabras de reproche de la boca del Gobierno. Sus componentes se mantendrán fieles a la frase de Mariano Rajoy, ayer, en Pontevedra: “Las afrentas de algunos no las hemos escuchado”. Pero en privado es otra cosa: “Fue una encerrona al Rey, al presidente del Gobierno y a toda la cabecera”.

Ahora bien, no les extraña. Lo consideran un grano más en el granero que acumula las afrentas recibidas y el “uso” que, a su juicio, los independentistas han hecho de los atentados. “No hay más que ver lo de Puigdemont en el Financial Times del viernes”, explican en alusión a la entrevista donde el president acusaba a Rajoy de jugar con la seguridad de los catalanes. Y mientras, recuerdan, el presidente lanzaba un mensaje de unidad y de apoyo a las instituciones catalanas y a los Mossos.

Invitación al President

El presidente pide a Puigdemont que “renuncie a sus planes de ruptura”

Eso, subrayan las mismas fuentes, se une a lo que días antes publicaba The Wall Street Journal, que pretendía demostrar que Catalunya “puede gobernarse independientemente de Madrid” y que se sustentaba en las tesis de dos significados independentistas, “disfrazados de expertos”.

Al Ejecutivo de Rajoy no le cabe la más mínima duda de que la colocación de los independentistas, para que silbaran al Rey y al presidente del Gobierno, no sólo estuvo preparada, sino muy bien organizada e inspirada –o al menos consentida– por los organizadores: la Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona. “Pero sabíamos a lo que íbamos”, aseguran las mismas fuentes; “como lo sabía el Rey y, sin embargo, decidió ir”. Ambos se marcharon tranquilos, añaden, porque “su presencia fue bien recibida por la mayoría de los ciudadanos”.

La única respuesta

Rajoy no caerá en la provocación pero responderá con serenidad y con la ley

De hecho, lo que más reconforta a los miembros del Gobierno es que en la manifestación se veía claramente “lo que algunos no querían que se viera”: que pasadas esas filas “estratégicamente copadas por los independentistas”, el resto de la manifestación, “la gente normal”, iba “a honrar a las víctimas”.

A juicio del Gobierno, la propia manifestación “se organizó para que no fuéramos”, pero sólo había una opción: “poner cara de póquer e ir”, porque “no ir no era una opción”. Los silbidos son lo de menos, aseguran en el Gobierno. “Rajoy está acostumbrado a ir al País Vasco y que le llamaran asesino”, pero “es muy injusto con las víctimas”, que “merecen la solidaridad de la sociedad, y no que se les utilice para sus fines”, añaden. Por eso, el mensaje de Rajoy ayer fue de solidaridad con las víctimas y de gratitud hacia “los catalanes sensatos, moderados y respetuosos; la inmensa mayoría”.

Para el Ejecutivo de Rajoy, la manifestación de Barcelona fue “una metáfora perfecta de lo que pasa en Catalunya: una minoría, los independentistas y radicales, a la que se da todo el protagonismo, y una mayoría de gente a la que se invisibiliza, como si no hubiera nadie más; y unos dirigentes que hacen los que les mandan los radicales”. Y a estos prefirió dirigirse Rajoy. “Estuvimos donde teníamos que estar y estamos orgullosos de haber estado allí y de que estuviera también el Jefe del Estado”.

Sin alternativa

El presidente, orgulloso de su presencia y de la del Rey, ya que “no ir no era una opción”

Rajoy está convencido de que todo lo que hacen los independentistas es “para provocarle” de cara al proceso. Sin embargo, el presidente del Gobierno, según sus colaboradores, sabe mantener la calma y los que se están exasperando son “quienes van a cometer las ilegalidades”. Por eso, al jefe del Ejecutivo sólo le queda, como en la manifestación, “poner cara de póquer”. De él no va a salir ningún improperio, añaden. Responderá, pero “con serenidad y con la ley”.

Ayer lo demostró. Al día siguiente, y a pesar de lo ocurrido en la manifestación, a Rajoy sólo se le oyeron palabras de unidad. Y sobre el proceso, lanzó una invitación amable a Puigdemont para que renuncie y no siga adelante con el desafío soberanista. Es decir, una invitación a los responsables catalanes, pero sin citar expresamente al presidente de la Generalitat, a “que renuncien a sus planes de ruptura, división y radicalidad”.

Esa decisión de renunciar a los citados planes no está en manos de Rajoy, pero sí lo está –recuerda el propio presidente– la defensa de la Constitución y de “la legalidad de Catalunya, su Estatuto, sus garantías democráticas y su pluralidad. Y no os quepa la menor duda de que así lo hará el Gobierno de España. Ninguna.” De este modo, Mariano Rajoy aprovechó la coyuntura para elevar su presión sobre la Generalitat e insistir en la advertencia de que el Gobierno central hará todo lo posible por impedir la celebración del referéndum.

Metáfora de Catalunya

“Una minoría que impone su discurso y una mayoría a la que se invisibiliza”

El tradicional inicio de curso político en Pontevedra que celebra Mariano Rajoy, tuvo que ser retrasado un día por la manifestación en recuerdo a las víctimas de los atentados. Ayer, en la carballeira (robledal) de San Xusto, en Cotobade, hasta los discursos de los teloneros estuvieron en cierta medida volcados hacia Catalunya. Así, el vicepresidente de la Xunta, Alfonso Rueda, expresó su orgullo por “el ejemplo de saber estar” dado en Barcelona, durante los incidentes de la manifestación, por la tripleta de gallegos formada por Rajoy, la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y el presidente de la Xunta, Núñez Feijóo.

Este se desmarcó por adelantado de la consigna que después dio Rajoy de no caer en la provocación y calificó de “malditos” a aquellos que “dividen a la gente”, en referencia a los colectivos soberanistas. No obstante, Feijóo afirmó que la amenaza yihadista crea una lógica “de buenos y malos” y presumió de haber estado al lado de todos los catalanes, también de los “nacionalistas, independentistas y de la alcaldesa de Podemos”.

En una intervención en la que los datos macroeconómicos tuvieron un peso muy inferior a las de todos los años anteriores, el presidente del Gobierno insistió en defender la conjunción de esfuerzos para afrontar “esta amenaza que compartimos contra toda la humanidad”. “Vencer al terrorismo desunidos no es posible.

La unidad de los demócratas es el peor enemigo del terror”, agregó, al tiempo que afirmaba que “si los asesinos cambian de métodos, hábitos y conductas, nosotros tenemos que hacer lo mismo con las herramientas del Estado de derecho”. Así, enmarcó en esta línea de colaboración su encuentro de hoy en París con el presidente francés, Emmanuel Macron; la canciller alemana, Angela Merkel, y el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, para reforzar la cooperación antiterrorista.

Los atentados yihadistas de Catalunya han propiciado un nuevo escenario en el que, según Rajoy, resulta más improcedente la culminación del desafío soberanista de la Generalitat con la celebración del referéndum del 1 de octubre.

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