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Futbolistas adoctrinados desde niños en el odio a España acaban como embajadores millonarios del independentismo catalán

Por José L. Román.- La lección de democracia impartida recientemente por Anna Muzychuk, renunciando a ir al Mundial de partidas rápidas de ajedrez de Arabia Saudí, por ser un país donde los derechos de la mujer rozan la esclavitud, ponen en evidencia la idiocia y estulticia por ejemplo, de Xavi Hernández, quien desde Catar quiere darnos lecciones de democracia a los españoles que no somos independentistas.

La muy respetada y admirada campeona del mundo, haciendo gala de su impecable coherencia, no quiere competir en un país donde en nombre del islam se vulnera y aplastan los derechos fundamentales de las personas. Vergüenza debería dar a ciertos dirigentes de equipos de fútbol españoles, a quienes cegados por la codicia no solo no dejan de competir en aquellos países, sino que además arrancan del escudo de su equipo la cruz de Cristo para contentar a los ricos mandatarios árabes.

Pero, volvamos a Xavi Hernández. Este magnífico futbolista es evidente que ha sido también víctima desde niño de un adoctrinamiento en el odio a España. Por tal motivo, y atendiendo al dicho castellano de que “lo que se aprende con babas no se olvida con canas”, el resultado ha sido convertirse en embajador del independentismo catalán haciendo caso omiso a que el deporte está para dignificar a las personas por encima de cualquier doctrina e ideología política.

Y nosotros, el pueblo español, cuando descubrimos que alguien ha logrado hacerse multimillonario por el solo hecho de dar patadas a un balón sin que se le conozcan otras excelencias, lo elogiamos diciendo que tiene magia en los pies. Sin embargo, cuando se trata de analizar y valorar a empresarios como Amancio Ortega, se le criminaliza con odio y saña hasta límites insospechados, aun a pesar de que su trayectoria hasta alcanzar el éxito ha consistido en trabajar muy duro para levantar un imperio que crea cientos de miles de puestos de trabajo.

Esta es una de las abyectas realidades de nuestro tiempo: millonarios buenos e intocables a quienes se magnifica y adula, y capitalistas negreros y esclavizadores a los que hay que linchar y privar de su fortuna. La misma virulencia que utilizan ciertas formaciones políticas para con Amancio Ortega, se niegan a ejercerla por ejemplo, contra personajes que se han hecho multimillonarios dando patadas a un balón y con el dinero de todos los españoles. Multimillonarios que hablan de democracia y de libertad desde países de religión islámica, como embajadores capitalistas de un ente perverso que odia a España y a todos los españoles.

El odio les ciega; la hipocresía los contamina. Convertidos en embajadores del independentismo catalán, aumentan sus fortunas con el dinero proveniente del despotismo y la tiranía. No alcanzan a ver ni valorar seriamente el daño que su reprobable comportamiento está causando en los niños y jóvenes catalanes, que en su ánimo de imitar a su ídolo, harán también suyas las falsedades que vierta el vocinglero millonario.

Dais verdadera pena. Mientras solo utilizabais las piernas y los pies para haceros millonarios tanto con la Liga como con la Selección españolas de fútbol, pasabais desapercibidos, pero una vez agotada la etapa de sacar el máximo rédito del fútbol español, dais rienda suelta a un odio visceral, obsesivo e injusto. Habéis sido los claros promotores y principales responsables de enfervorizar a toda una afición en el independentismo, y de haber convertido el Camp Nou en la capilla sixtina del odio a España.

Se auguran tiempos revueltos, no os quepa la menor duda que el mal que habéis sembrado y estáis sembrando se volverá contra vosotros. España y los españoles os encumbraron, os promocionaron y os enriquecieron, y vosotros, en lugar de mostrar el agradecimiento que esta gran nación y los españoles merecen, os dedicáis a ciscaros en la mano que os dio de comer y a contribuir a fracturar la sociedad enfrentando a personas de una misma familia.

Hay gente tan sumamente pobre que solo tiene dinero. Ser millonarios no os exime de vuestra imbecilidad y del desprecio más absolutos. No sois conscientes del poder de vuestras palabras en niños y jóvenes, ni del odio que sembráis en ellos con vuestras necedades.