El ministro Guindos ofende a la inteligencia: “El coste de la corrupción no es económico, es social”

Luis De Guindos asegura que la corrupción no tiene coste económico

El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha intentado evitar a toda costa cuantificar el impacto que tiene la corrupción en la economía española. Es posible que su ministerio no haya dedicado un sólo segundo a evaluarlo pero sí lo han hecho numerosos estudios independientes que lo sitúan entre un 6% y un 10% del PIB.

Si atendemos a los análisis oficiales, la CNMV cuantifica el coste de la corrupción en 90.000 millones de euros anuales. Más de la mitad, 47.500 millones de euros, el 4,5% del PIB, corresponde a sobrecostes administrativos por las deficiencias en el control de las contrataciones públicas. El economista Jesús Lizcano asegura que la corrupción es un impuesto implícito al ciudadano, una pérdida, un gravamen imprevisto que no se factura y no se presupuesta. Los otros 40.000 millones son absorbidos, directa o indirectamente, por las muchas formas de corrupción existentes.

Pese a todo, el ministro de Economía ha negado la mayor argumentando que: “El coste no es económico, es social. Está en la desazón que genera”, planteó. Asimismo, cree que el mundo institucional funciona en la lucha contra ella: Policía, Guardia Civil y juzgados acaban demostrando que “quien la hace la paga”. Evidentemente, no estaba pensando en el expresidente Jordi Pujol ni en otros muchos implicados en el 3% que sortearán la prisión tras los últimos pactos con el Gobierno.

Guindos ha mentido con una desfachatez ofensiva en la XXXIII Reunión del Cercle d’Economia en Sitges, y ha intentado reconducir su discurso ofreciendo escasos datos y buenas palabras: “los datos que vamos conociendo son los mejores desde el inicio de la crisis”.

Los riesgos no desaparecen

El ministro ha insistido en sus mensajes de brotes verdes que tanto desgastaron a otros ministros de su ramo asegurando que aunque estemos en un contexto positivo y pese al buen tono de la economía, aún se dan “riesgos a la baja”. El principal es la “otra cara de la moneda de la globalización”, el proteccionismo. Pero en el horizonte aparecen también el Brexit, la retirada de estímulos de los bancos centrales, la amenaza de los populismos… Y los riesgos también pueden venir desde dentro. “Puede que nos equivoquemos, que la agenda de reformas no sea la necesaria”, reconoció. Por eso, una vez más recordó que “la economía española aún es vulnerable”.

El ministro se mostró especialmente crítico con la amenaza del populismo. Planteó que se basa en dos grandes premisas. La primera, la existencia de “un chivo expiatorio”, un mal que siempre viene de fuera. La segunda, que las recetas a aplicar son “mágicas y simples”. Incluso lo ha relacionado al caso catalán, momento que ha aprovechado para decir que “ningún territorio le da la más mínima posibilidad a la independencia”. Como en ocasiones anteriores, sostuvo que ese escenario “tendría un impacto extremadamente negativo”.

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