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Inmigrantes magrebíes, documentados, con teléfonos de última generación y con dinero, viajan sin problemas a la Península desde Canarias

La Policía está “desbordada” con el problema que plantea la inmigración ilegal a Canarias. A los efectivos actuales se unirán en breve agentes de la Unidades de Intervención Policial (UIP) llegados desde Vigo y Valencia.

Según cuenta La Razón, agentes que trabajan sobre el terreno han mostrado su preocupación por la presencia de una inmigración, perfectamente organizada, con medios económicos, que procede del Magreb, en especial desde Marruecos. Nada que ver con los subsaharianos que, en la mayoría de los casos, llegan con lo puesto.

Se trata de personas jóvenes que “vienen perfectamente organizadas, con dinero, con buenos teléfonos (bajan de las barcas con la cargas al 100 por 100, lo que no deja de ser curioso) y con aspecto que dista mucho de quienes han tenido que hacer un recorrido de 100 kilómetros en embarcaciones de este tipo”.

Otro asunto que ha llamado la atención es la precisión con la que realizan la navegación, hasta el punto de arribar hasta el mismo puerto, como si fueran “lobos de mar”.

Se han observado relaciones de jerarquía en algunos grupos, como si hubiera jefes que dirigen las actuaciones de los otros; tienen en común el objetivo de viajar a la península como primer paso para entrar en Europa.

Cuando son derivados a los hoteles (las cifras oficiales hablan de 5.000, pero los agentes consultados señalan que son muchos más) se abre un “coladero” para los que disponen de pasaporte en regla y dinero: simplemente tienen que dirigirse al puerto o al aeropuerto, comprar un pasaje, y embarcar hacia la península. Al llegar a cualquier ciudad española, en especial Madrid, nadie les va a controlar ya que viajan desde territorio nacional, según las citadas fuentes.

Durante su permanencia en el puerto de Arguineguin, se ha observado que algunos practican kárate y otro tipo de ejercicios físicos para mantenerse en forma; y que cuando son conducidos, lo hacen en fila, en formaciones cuasi militares, sin plantear ningún tipo de problema.

Por lo que respecta a los que viajan sin documentación, la Policía les toma una huella nada más llegar a tierra y la filiación que quieran manifestar; y, con posterioridad, la Policía Científica completa los datos para comprobar si están reseñados en los archivos oficiales internacionales. Al ser tantos los que llegan, se acumula el trabajo y no se puede realizar los trámites en tiempo real, por lo que, si salta alguna alarma, hay que intentar localizar a la persona en cuestión, algo verdaderamente complicado, según las mismas fuentes. La sombra de la delincuencia organizada y del yihadismo está siempre presente.

“Los magrebíes, entre los que son mayoría los marroquíes, saben a lo que vienen, con un trayecto perfectamente definido. Si no traen dinero, lo reciben a través de las compañías dedicadas a las transacciones internacionales y, si disponen de documentación en regla, no hay nada que impida que viajen a Europa vía España”, insisten los mismos agentes.

Existen sospechas más que fundadas que se mueven al amparo de mafias asentadas en su país, que tienen tentáculos en Canarias; están convencidos de que su estancia en el archipiélago será corta y les preocupa estar permanentemente conectados por el teléfono. Antes que pedir la comida, que a veces rechazan, exigen enchufes para los cargadores y, si no, se los quitan a los de la Cruz Roja”, agregan. “En ningún caso se les ve asustados por estar en tierra extranjera, ser inmigrantes ilegales; la impresión es que vienen perfectamente aleccionados”.

“Cuando el ministro del Interior viajó a Canarias, llegaron alrededor de 800 inmigrantes; y desde que ha ido a Marruecos, llevamos dos días sin pateras, pese que el mar está en buenas condiciones, lo cual no deja de ser llamativo”, subrayan. Se da por seguro que el flujo de embarcaciones hacia las islas se reanudará en cualquier momento, pero ahí queda el dato.

En lo que va de año, según Europa Press, han llegado a las islas unas 19.000 personas, de las que continúan en el archipiélago unas 9.000. ¿Dónde están las otras 10.000? Probablemente en la península o en otro país de Europa.