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Junqueras no quiere bajar barriga y no hará huelga de hambre

El anuncio de la huelga de hambre de los presos independentistas Jordi Sánchez y Jordi Turull ha provocado un terremoto en el mundo soberanista. Mientras la ANC y Carles Puigdemont aplauden la iniciativa, ERC no la secundará. El vicepresidente del Govern, Pere Aragonés, se ha limitado a instar al Gobierno a «ponerse a trabajar y deshacer el camino de represión que llevó a cabo el PP» y le ha afeado que «defender» al poder judicial demuestra que «la separación de poderes no existe». Están de acuerdo con el fondo, con las reivindicaciones, pero no en las formas. «Ahora no es oportuno», afirman fuentes republicanas que aseguran que «ERC no secundará la huelga, aunque la respeta».

Al conocerse la idea de que Junqueras no sumarse a la huelga de hambre, las redes sociales no han dudado en sacar punta a las conocidas aficiones gastronómicas del republicano.

Sin embargo, según publica La Razón, los motivos parecen ser políicos. Oriol Junqueras ha trasladado a sus colaboradores que ahora «toca ser serios y trabajar para rebatir a la acusación en el juicio», porque «es importante tener una buena defensa para que, si la sentencia es negativa, la justicia española quede en evidencia». Estas fuentes añaden que Junqueras es favorable «a tomar medidas cuando acabe el juicio, tras la sentencia. No ahora». Esta opinión también es compartida por otros sectores independentistas alejados de la dirección de Junts per Catalunya, los cuales no dudan en calificar el ayuno de Sánchez y Turull como «humo y un invento, del que no se han previsto las consecuencias».

De momento, la iniciativa de Sánchez y Turull no ha sido secundada por los otros presos: Oriol Junqueras, Joaquin Forn, Raúl Romeva, Dolors Bassa, Carme Forcadell y Josep Rull no se han pronunciado, aunque, según fuentes bien informadas, no la se cundarán ni Junqueras ni Romeva. Los dirigentes de JxCat han dado este paso para recriminar los retrasos en la tramitación de ocho recursos de amparo por el Tribunal Constitucional, que al no contestar les impide recurrir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En el documento entregado a la prensa por sus abogados se reclama al alto tribunal que sea «imparcial y diligente». El Gobierno de España recordó a los dirigentes independentistas que «cuentan con la protección y garantías que les ofrece el Estado de derecho».

La huelga de hambre no ha sido el bálsamo para fortalecer la unidad independentista. Al contrario, se ha acentuado la división. Sólo la ANC –su presidenta, Elisenda Paluzie, no descarta que se sumen más personas– y el JxCat de Puigdemont la han apoyado sin titubeos. Joaquim Torra afirmó, por su parte, que Cataluña se merece una salida para poder tirar para adelante y seguir avanzando», y añadió que «es urgente encontrar una solución». Òmnium y la CUP mantuvieron un discreto silencio, y ERC se mostró en contra de secundarla. Fuentes independentistas afirman que «la huelga de hambre responde a una necesidad de protagonismo para recuperar el liderazgo del independentismo y a una guerra interna por el liderazgo de la Crida». Asimismo, estas fuentes consideran que este movimiento es «una forma contundente presionar a ERC para lograr listas unitarias», algo que rechazan los republicanos.

En el mundo independentista, este fin de semana se habla de esta «huelga indefinida», y no se duda en comparar la situación como la del 1 de marzo de 1981, día en que empezó la huelga indefinida de Bobby Sands. «Si fracasas en una acción de este tipo, la cosa tiene mala solución, porque después de una huelga de hambre, qué haces», se preguntan fuentes conocedoras del debate interno que se ha disparado en este mundo. No todos piensan igual. Algunas fuentes consultadas critican la iniciativa porque «es un fake. Esto es muy serio y no valen los postureos», que a la vez se preguntan «cuántos días de huelga serán capaces de aguantar. Y las consecuencias. Es un error, Sands hizo 66 días y no le sirvió para nada».

Robert Gerard (Bobby) Sands, líder del IRA en la prisión de Maze, inició una huelga de hambre liderando a los presos nacionalistas irlandeses para lograr recuperar cierto estatus en la prisión. Era el tercer intento, tras la Protesta de la Manta y la Protesta Sucia. Tras estos fracasos, Sands, como oficial al mando de los presos, encabezó la huelga de hambre que acabó en un absoluto fracaso. A pesar de conseguir la atención mundial, no lograron ninguna de sus reivindicaciones. El Gobierno británico de Margaret Thatcher no se movió un ápice a pesar de que 10 miembros del IRA y del INLA perdieron la vida. Incluido Bobby Sands que falleció tras 66 días de ayuno.