La ocupación de pisos por narcos expulsa a vecinos de Ciutat Vella

Estel relata que regresó de vacaciones hace un par de semanas. Estuvo unos diez días de camping con su hijo de seis años y su pareja. Y al regresar encontró a un hombre instalado en su piso, en el barrio del Raval, en la calle Joaquín Costa. No se lo podía creer. El supuesto ocupa le dijo entonces que se había confundido, que le diera unos pocos días y se marcharía, que pensaba que aquel piso pertenecía a un banco o un fondo de inversiones… “Los vecinos me intentaron avisar cuando yo estaba fuera, pero estaba casi siempre sin cobertura –continúa explicando la mujer, un tanto desbordada por las circunstancias–. Mi hijo se fue a casa de su padre y yo me instalé con mi hermano. Fui varias veces a mi casa a pedirle que me dejara volver. Yo me quedaba en la calle y él me hablaba desde el balcón… Es un hombre del barrio. Lo vi muchas veces. Pensé que podría convencerle… Pero pasaron los días y el sábado me dijo que no se pensaba marchar. Entonces fui a una comisaría y puse la denuncia. No sé cómo salir de esta situación. Tengo miedo. Tengo un hijo de cinco años”. Ayer no hubo modo de recabar el parecer de los supuestos ocupas.

Algunos vecinos y comerciantes de los alrededores sospechan que el hogar de Estel se convirtió de la noche a la mañana en otro narcopiso. Dicen que estos días muchas personas entran y salen de la finca de manera continua, que una de estas personas ya ocupó otras viviendas en el barrio que luego funcionaron como narcopisos. “Se dedican a eso –subrayan algunos con vehemencia–, a ocupar locales y pisos que luego pasan a otras personas que se dedican a la venta de droga. Hace unos pocos meses se metieron en el piso de un señor que se murió en la calle Riera Alta”. Hablamos principalmente de heroína, de jeringuillas abandonadas en las esquinas, de personas enganchadas desde hace demasiado tiempo, muy degradadas, tiradas en la calle durmiendo pesadillas. Y las espontáneas caceroladas de protesta que a principios de verano arrancaron en las calles d’En Roig y de Riereta se están extendiendo a otras calles del Raval. Los vecinos aporrean sus cacharros desde las ventanas, y también bajan a las calles. Ahora cada noche tiene lugar un pasacalles muy poco festivo por las calles Sant Vicenç, Cardona, Sant Gil, Ferlandina…

Volví de vacaciones y encontré un hombre en mi casa”

Estel

Vecina del Raval

“Porque hasta ahora los objetivos de estos nuevos ocupas se centraban en pisos propiedad de entidades financieras y de fondos de inversión –explican desde el movimiento vecinal que se está gestando como reacción a este problema–. Y ahora comienzan a fijarse en pisos de privados. Estamos tratando de recopilar información para confirmar que actividades se llevan a cabo desde estas nuevas ocupaciones. En todo caso muchos vecinos están cada día más indignados. Sienten que están abandonados, que los delincuentes actúan en el barrio con total impunidad”. Estos portavoces vecinales prefieren guardar el anonimato porque la tensión en el barrio no cesa de crecer. Los enfrentamientos con los traficantes son cada vez más frecuentes. Al menos ahora algunos de estos traficantes piden a sus clientes que se inyecten sus dosis más lejos.

A muy pocos metros de la calle Joaquín Costa, también en el Raval, en la calle Sant Vicenç, un joven cargado de maletas dice que se marcha, que no aguanta más, que no puede vivir con esa gente… “No te marches, hijo, por favor… ¡tenemos que aguantar! cada vecino que se marcha es un paso atrás”, le dice una mujer. El joven relata que hace un par de semanas se mudó al piso propiedad de su madre en esta finca, que entonces se encontró que varias viviendas ya estaban ocupadas, que muchas personas no cesaban de subir y bajar las escaleras durante toda la noche, que algunas discutían, otras se peleaban… “Y de repente te encuentras con gente drogada por la escalera y te dices que no tienes por qué aguantar esta situación –explica el joven mientras apila sus maletas en el maletero de su coche–. Pusimos un par de cerraduras poderosas en la puerta. A ver si tenemos suerte y no entra nadie…”. El lunes por la noche varios vecinos de los alrededores protestaron de manera espontánea frente al edificio. Dos propietarios descubrieron que sus viviendas acababan de ser ocupadas. Dos guardias ur­banos convencieron a los ocupas

de uno de los pisos de que se marcharan.

De repente te encuentras con gente drogada por la escalera y te dices que no tienes por qué aguantar esta situación”

La madre del joven que no aguanta más detalla que el inmueble sufrió un incendio en el año 2014. Luego comenzó la rehabilitación de la finca y la adecuación de algunas de las viviendas. La crisis dio pie a que algunos pisos fueran subastados y que se perdiera la pista de sus propietarios. Las puertas metálicas instaladas no cumplieron su cometido. “Es todo muy extraño. Nos echaron… precisamente ahora que terminamos las obras. Ahora quedan cuatro o cinco pisos ocupados. No está claro”. En las escaleras la gente que sube y baja las escaleras dice que no saben nada, que ahí no ocurre nada, que los ocupas son otros… Ahora los pocos propietarios que se conocen tratan de organizarse y plantear una respuesta.

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