Los catalanes sacaron 6.000 millones de CaixaBank y Sabadell en una semana

La poco más de una semana que transcurrió entre el referéndum del 1 de octubre y el martes día 10 fue políticamente explosiva. Pero no lo fue menos en el ámbito económico y financiero. Esos días de octubre culminaron con la decisión de los dos grandes bancos de Barcelona, CaixaBank y Banc Sabadell, de trasladar su sede social a València y Alicante, respectivamente. El anuncio respondía al creciente temor de los clientes de ambas entidades ante la posibilidad de que una declaración unilateral de independencia dejase a los dos bancos fuera de la zona euro con el consiguiente peligro para sus ahorros.

Las entidades no han divulgado las cifras de retiradas de depósitos, o de cambios de sucursal en distinta comunidad dentro del mismo banco, las llamadas cuentas espejo, aunque siempre han reconocido que la inquietud de su clientela fue muy grande. Tampoco de lo sucedido en todo el mercado español.

Según fuentes contrastadas con acceso a información global del sistema financiero español, las retiradas de depósitos de los dos bancos efectuadas por sus clientes en Catalunya ascendió en esa semana a 6.000 millones de euros.

La mayor presión se registró entre el miércoles 4 y el viernes 6 de octubre

El movimiento de salida de fondos de las sucursales catalanas se inició el lunes día 2 y se concentró los días 4, 5 y 6 (miércoles a viernes). Fueron jornadas de enorme tensión en Catalunya tras la celebración de la consulta, con una huelga general en protesta por la actuación policial el día de la votación, la intervención televisiva del Rey y el arranque de las acciones judiciales en la Audiencia Nacional contra dirigentes independentistas. También, ante la posible declaración unilateral de independencia, que finalmente Carles Puigdemont realizó y suspendió el día 10.

En el ámbito económico, las acciones de los bancos catalanes fueron sometidas a un duro castigo bursátil mientras los mercados comenzaban a elevar la prima de riesgo de la deuda española. El temor entre los ahorradores corrió como la pólvora.

Precisamente, la última jornada de la semana, la del viernes, fue en la que, finalmente, los dos grandes bancos catalanes anunciaron el traslado de sus sedes fuera del territorio catalán. El Sabadell, presidido por Josep Oliu, lo hizo ese mismo día. CaixaBank, cuyo presidente es Jordi Gual, lo hizo a la mañana siguiente, una vez publicado en el BOE un decreto del Gobierno facilitando el traslado.

Con esa decisión, las entidades transmitieron a sus clientes catalanes la seguridad de que seguirían bajo el paraguas de la Unión Europea y a del Banco Central Europeo (BCE) y las caídas de depósitos a partir de la siguiente semana bajaron drásticamente hasta convertirse en un goteo de poca importancia económica. También a los inversores internacionales, tenedores de sus acciones y de sus títulos de deuda. En los días siguientes se comenzó a registrar una cierta estabilización de la situación y recuperación de depósitos, claramente estabilizada a partir del martes día 10 de octubre, según los datos registrados oficialmente.

Las cifras no recogen aún el castigo sufrido en el resto del Estado en el periodo

Los depósitos de clientes de las dos entidades en toda España ascendían el 30 de septiembre pasado a unos 266.000 millones de euros, unos 177.000 en el caso de ­CaixaBank y unos 89.000 en el caso del Sabadell, según la información del Banco de España. Según la información oficial de ambas entidades, la cuota de depositantes catalanes sobre el total es del entorno del 22% para el caso de CaixaBank y del 27% en el caso del Sabadell. Con lo que resultan cifras aproximadas de unos 39.000 millones para CaixaBank, mientras que en el caso del Sabadell se situaría en torno a los 24.000. Es decir, las retiradas y cambios se aproximaron al 10% de los depósitos totales en Catalunya de ambos bancos. Atendiendo a las dimensiones de ambos bancos, las fuentes consultadas atribuyen unos dos tercios de las salidas a CaixaBank y el otro al Sabadell.

Las mismas fuentes han asegurado que el movimiento de depósitos también fue intenso en el resto del Estado, aunque “en Catalunya fue proporcionalmente superior a su peso en el total de los depósitos. Por ello, la cifra de retiradas totales fue mayor en el resto de España, aunque no en la proporción que cabría esperar en función del peso relativo de cada una de las dos partes”.

Las dimensiones, en términos relativos, no parecen acercarse a las barajadas por ejemplo en el caso del Popular, que con un volumen mucho menor, 82.000 millones en depósitos totales, sufrió una sangría de entre 14.000 y 18.000 millones en poco más de mes y medio, y que, además, no encontró la manera de taponar.

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