“Los independentistas han dilapidado la simpatía europea tras el 1-O al optar por la vía unilateral”

La eurodiputada alemana Ska Keller (Guben, 1981), copresidenta de los Verdes en el Parlamento Europeo, ha sido una de las voces más duras en Bruselas con la gestión del Gobierno español de la crisis catalana. Especialmente después de la violencia policial del 1-O, que condenó con vehemencia en la Eurocámara. Se ha posicionado varias veces a favor del derecho a la autodeterminación de los catalanes y de la celebración de un referéndum pactado, pero critica también que el Govern de Puigdemont optara por la vía unilateral. El capital político amasado tras las imágenes del 1-O, reflexiona, se ha evaporado con la DUI. Keller visitó ayer Barcelona para apoyar la candidatura de Catalunya En Comú-Podem.

¿Cree que la manifestación independentista en Bruselas servirá de algo?

Desde los Verdes hemos dicho siempre que la UE debería desempeñar un papel mucho más activo, que la Comisión Europea debería ofrecerse para mediar, aunque es cierto que sólo puede mediar si las dos partes quieren. Pero creo que la Comisión podría haber hecho más y lo hemos pedido en el Parlamento Europeo, donde tuvimos un debate a raíz de una propuesta presentada por el grupo de los Verdes.

¿Qué está en juego el 21-D?

Está en juego el camino que tomará Catalunya y eso será importante para toda Europa. Es el momento de salir de la vía de la confrontación e ir hacia la vía del diálogo. Madrid ha tratado de resolverlo con la policía o con medios judiciales, pero no ha funcionado. Es un conflicto político y requiere una solución política, lo que significa diálogo, sentarse a hablar. Y la UE está construida precisamente sobre la idea de resolver los conflictos con el diálogo, por lo que no puede desentenderse.

Critica al Gobierno español, pero ¿los independentistas catalanes no han cometido errores?

Salir de la vía de la confrontación significa también no optar por acciones unilaterales, que no han servido de nada hasta ahora y tampoco servirán de nada en el futuro. Después del 1 de octubre había una simpatía enorme en toda Europa por la cuestión catalana. Estábamos en shock por la violencia policial, que fue indignante. Pero toda esta simpatía ha sido dilapidada debido a las acciones unilaterales. Además, la unilateralidad ha ahondado en la polarización de la sociedad catalana, que no es homogénea. No tenían una mayoría muy amplia y no se siguieron los pasos de un referéndum con garantías. También se equivocaron al asumir que Europa y sus estados miembros apoyarían una declaración unilateral de independencia. Construir toda la estrategia sobre eso fue un error. Me gustaría que la Comisión alzase la voz, que los amigos de Rajoy le llamaran y le dijeran que debe sentarse y dialogar, pero siempre estuvo claro que eso no iba a ocurrir.

¿Cree que fueron unos ingenuos que no entendieron que Europa es un club de estados?

No puedo juzgar por qué tenían esas expectativas. Quizás alguien les mandó una señal, no lo sé. Pero está claro que fue un error. No era realista. Pero eso no quita la responsabilidad enorme de Madrid. Que sólo haya optado por la judicialización, que haya puesto a todo el mundo en la cárcel. Gente que no ha hecho nada violento, que no han hecho más que llamar a acciones pacíficas…

¿Les considera presos políticos?

Sé que es un término con mucha carga histórica en España. Lo que está claro es que son políticos que están en la cárcel. Y que no han llamado a la violencia. Han cometido errores, como he dicho, pero no deberían estar en la cárcel. Me parece un error también desde un punto de vista político. ¿Cómo va a haber diálogo si encarcelas a los que tienen que sentarse en la mesa? Es obvio que Madrid no quiere el diálogo.

¿Ha tratado Puigdemont de ponerse en contacto con usted en Bruselas?

No, no lo ha hecho. Nuestras puertas siempre están abiertas, aunque está claro que la fuerza de nuestro grupo es limitado. No somos la Comisión. Pero tampoco tengo claro qué argumentos políticos está exponiendo Puigdemont en Bruselas.

¿Se ha convertido la cuestión catalana en el enésimo dolor de cabeza para la UE?

Sí que es un dolor de cabeza. Pero también tengo que decir que si sigues la prensa alemana, por ejemplo, se habló mucho de la cuestión catalana tras la violencia del 1 de octubre pero ahora ha desparecido. No es un tema que esté entre las prioridades en la agenda de nadie.

El Gobierno español sostiene que cualquier país europeo hubiera reaccionado del mismo modo ante la actuación de los independentistas catalanes. Es política ficción, pero ¿cree que en Alemania ocurriría lo mismo?

Es difícil mirar en una bola de cristal, pero tenemos el ejemplo de Escocia. Allí se pactó un referéndum, las consecuencias estaban claras y cada lado pudo hacer los argumentos que quiso. Al final ganaron los que querían quedarse y el Gobierno escocés lo aceptó. Así es como deben ir las cosas. Estoy muy a favor del derecho de autodeterminación, lo hemos defendido incansablemente en el Parlamento Europeo. Pero para ejercerlo tienes que saber lo que estás decidiendo, tiene que haber unas garantías de lo que ocurrirá al día siguiente. No un referéndum clandestino.

¿Pero si el 21-D hay elecciones autonómicas, no está ya ejerciendo la sociedad catalana su derecho a decidir?

En las elecciones el ciudadano decide sobre qué tipo de gobierno quiere. Las políticas sociales y económicas que se van a aplicar. Es muy importante que de eso también se discuta en campaña porque al final vas a ser gobernado por quien gane o logre formar un gobierno. Para decidir sobre la independencia, de acuerdo con el sistema español, es necesaria una reforma constitucional que permita a los catalanes votar en un referéndum. Esto no se puede resolver en unas elecciones autonómicas.

La catalana siempre ha sido una sociedad muy europeísta pero muchos independentistas están renegando ahora de la UE por la sensación de que han sido abandonados. Puigdemont incluso ha dicho que es un “club decadente”. ¿Le preocupa este alejamiento?

Es un error culpar a Europa. El problema es que se generó la expectativa de que Europa iba a luchar por la independencia catalana, lo que no era en absoluta una expectatiba razonable. Con sus problemas, la UE es un proyecto maravilloso. Yo soy de Alemania del Este y para la generación de mis padres fue verdaderamente importante entrar en ella. Está lejos de ser perfecta, pero no podemos culpar a la UE de todos nuestros males. Lo que tenemos que hacer es mejorarla pero no girarle la espalda, porque ¿hacia quién te vas a girar?

El ministro Dastis ha dicho en Europa que hubo muchas fake news en las informaciones sobre la violencia policial del 1-O. Hasta Juncker en una entrevista reciente dijo que no se veía capaz de distinguir las noticias falsas de las verdaderas. ¿Opina usted lo mismo?

No. Está claro que la violencia ocurrió. Incluso si hubo tres fotos falsas, o si un canal ruso retuiteó alguna cosa o hizo alguna afirmación, esto no cambiará la realidad de lo que ocurrió. Hay demasiados testigos. Además, si hay tantas noticias falsas, ¿por qué no se permite una investigación sobre la violencia policial? A nosotros nos preocupa mucho el tema de las noticias falsa, especialmente con lo que ocurrió con el Brexit, pero creo que lo máximo que pueden hacer es endurecer un debate, o que tenga más repercusión, pero no van a cambiar el hecho que el problema catalán existe.

Los Verdes alemanes trataron por todos los medios de entrar en un gobierno con Merkel y los liberales. ¿Por qué estaban dispuestos a pactar con formaciones con las que tienen tantas diferencias?

Queríamos gobernar para cambiar la política medioambiental, un tema en el que Alemania está muy atrasada, las políticas sociales y las políticas europeas. Fueron negociaciones muy duras y siempre supimos que no iba a ser fácil. Lo que no esperábamos es que los liberares iban a superar a los conservadores por la derecha.

Merkel y los socialdemócratas negocian ahora una nueva gran coalición. ¿Prefiere otra gran coalición o que se repitan las elecciones?

Es difícil responder, porque nadie sabe lo que va a pasar si volvemos a votar. A nosotros, por ejemplo, los sondeos nos van bien. Dicen que sacaríamos un 13% frente al 9% que obtuvimos. Pero quizá también subiría la extrema derecha y eso es lo que da miedo. Y también podría ocurrir que nada cambiase mucho y nos encontrásemos con la misma situación pero seis meses más tarde. Por otra parte, la última gran coalición no fue demasiado buena para el país en términos de cambio climático o políticas europeas, así que no soy muy optimista.

La victoria de Emmanuel Macron en Francia fue recibida en Europa con gran alborozo. Ha propuesto un paquete de reformas muy ambiciosas. ¿Cree que es una buena noticia para Europa?

Por supuesto, no estoy de acuerdo con sus políticas sociales en Francia, ni con todas sus propuestas para Europa, como por ejemplo aumentar el gasto en Defensa. Pero, diferencias políticas a parte, creo que el impulso que ha traído es algo realmente positivo e importante. Estábamos en un momento de caos, de que cada país mirara por sí mismo, y Macron ha traído nuevos aires europeístas. Está diciendo: tenemos que reformar y también invertir más. Ha abierto una oportunidad y hay que aprovecharla. La pena es que Alemania lo está entorpeciendo.

¿Es Alemania un freno para Europa?

En Alemania todos se presentan como preeuropeos pero en las negociaciones de gobierno, por ejemplo, hemos descubierto que no es así. Europa es una cuestión crucial de combate. Siempre hay quejas de que tenemos que pagar demasiado. Es absurdo porque probablemente no hay ningún otro país en Europa que se haya beneficiado más económica y políticamente que Alemania. Pero la tesis dominante en la prensa alemana es que pagamos demasiado por los países del sur. El combate de los Verdes es recordar que nosotros nos hemos beneficiado durante muchos años y que ahora es nuestro turno de ser solidarios y abandonar de una vez el paradigma de la austeridad.

Usted es muy amiga de Alexis Tsipras, cuya victoria en Grecia fue recibida como la gran esperanza blanca de la izquierda. Dos años más tarde, no sólo no ha plantado cara a Europa como dijo sino que ha acatado todas sus políticas de austeridad y además cae en los sondeos. ¿No encarna Tsipras el gran fracaso de la izquierda europea?

En absoluto. Tsipras no cortó las pensiones porque quisiera sino porque otros estados europeos, con Alemania al frente, le dijeron que o lo hacía o le harían caer en la bancarrota. Lo que sí hemos aprendido es que no es suficiente con el cambio en un gobierno para esperar un cambio total en las políticas europeas. Porque no fue el Parlamento ni la Comisión, fueron los estados miembros quienes impusieron la austeridad a Grecia.

Pero ganó las elecciones con la promesa que iba a acabar con la austeridad y en la izquierda europea decían que era el principio de una ola.

Tsipras comenzó una ola, pero alguien debe seguirle. Y el problema es que los gobiernos socialdemócratas en Europa no han plantado cara por los derechos de los pensionistas o de los trabajadores. Ahora vemos como el gobierno izquierdista de Portugal ha logrado revertir el paradigma de la austeridad y demostrar a Europa que no funciona. Pero sólo están Grecia y Portugal. Una lección es que necesitamos conquistar el consejo. Y que en el Consejo necesitas aliados que estén dispuestos para plantar cara y no sentados en un rincón y mirando sólo por lo suyo.

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