“Mi madre tenía una visita urgente en siete meses. Murió a los tres”

Nueve meses ha tenido que esperar Javier Fondón, de 57 años, desde que su médica de cabecera le pidió una cita con el servicio de neurología del Hospital de Mataró hasta que le diagnosticaron la enfermedad: un temblor que, por suerte, ha resultado ser benigno. “Mi trastorno, finalmente, no ha sido severo pero, de haberlo sido, hubiera tenido que esperar igual 270 días“, relata este empresario.

Su primera queja se remonta a octubre del 2016. Ese mes presentó una reclamación al Institut Català de la Salut porque tuvo que esperar 18 días laborables (“laborables, no naturales”, puntualiza) para ser atendido por su doctora de cabecera. Aunque según Salut la espera máxima es de 48 horas, Javier esperó cuatro semanas para ser atendido por su médica.

Fue el 3 de noviembre y lo derivó al departamento de neurología del Hospital de Mataró con prioridad preferente. Le dieron visita para el 8 de marzo de este año. Es decir, para cuatro meses después.

“CatSalut recomienda 30 días de tiempo máximo para las citas preferentes y 90 para las ordinarias. Yo tuve que esperar 85 días laborables, pese a que mi caso era preferente”, prosigue este barcelonés que no esconde su enojo. “El 8 de marzo me presento a la visita con neurología, estoy dos horas esperando y no me llaman. Entonces me informan de que, tras mi queja, mi cita había sido reprogramada para el 22 de febrero. Nadie me había avisado”. Más tiempo de espera.

“CatSalut recomienda un tiempo máximo de 30 días para las citas preferentes como la mía. Yo esperé 85 días laborables para ir al neurólogo”

Javier Fondón

Paciente en el Hospital de Mataró

Finalmente la visita se produjo el 28 de marzo. Ya habían pasado 105 días laborables desde el primer encuentro con su doctora. “Todo para que me dijeran que tenía que hacerme un escáner, al que me sometieron cuatro meses después”, relata. El diagnóstico de su enfermedad duró lo mismo que dura un embarazo.

“La sanidad en Catalunya es una competencia transferida. No me sirven excusas de que no tienen salida por culpa del Estado”, se queja. En su opinión, la medicina pública “sufre de manera crónica” estas largas listas de espera que Junts Pel Sí y la CUP se comprometieron a reducir en enero en el 2016, algo que no ha sucedido. “Cualquier administración es una pared de frontón que te devuelve la pelota”, zanja.

Muchos de los pacientes que esperan durante meses para ser atendidos u operados en los hospitales catalanes sufren dolencias intermedias que, sin ser graves, les impiden, sin embargo, llevar una rutina normal. Son personas cuyas vidas se quedan colgadas a la espera de ser atendidas.

“103 días robados”

Algo así le sucedió a Olga Castelltort, de 55 años y residente en El Prat de Llobregat. En febrero de este año, a raíz de unos sangrados, le detectaron un pólipo en el útero en el Hospital de Bellvige. Había que operar.

“Para hacerlo bien, la operación debía ser en el hospital y con sedación. Pero la lista de espera era de dos años… Así que optamos por hacerla sin sedación en un quirófano de consultas externas”, relata Olga. “Era como tener una regla continua, no me podía esperar dos años”.

El 18 de mayo por fin la operaron. Pero la espera no fue fácil. “Estuve tres meses con dolor. Algunos días era tan agudo que tomaba un derivado de la morfina”, cuenta esta administrativa que durante ese tiempo tuvo que cogerse la baja laboral. Le resultaba imposible tener una vida normal, pues la medicación la dejaba “K.O.”. “¿Quién me devolverá mis 103 días robados?”, se pregunta con desesperación.

“La operación de mi pólipo en un hospital tenía una espera de dos años, por eso me operaron en un quirófano de consultas externas a los tres meses”

Olga Castelltort

Paciente en el Hospital de Bellvitge

Uno de los puntos fuertes del plan de choque de Junts Pel Sí y la CUP era reducir en un 10% la lista de demoras quirúrgicas. No solo no ha ocurrido, sino que ha subido un 3,4% desde junio, según CatSalut. Uno de los afectados fue Guillermo Rodríguez, barcelonés de 84 años. “Después de todos los años que llevo pagando impuestos…”, se lamenta este vecino de Les Corts.

En octubre del 2016, Guillermo comenzó a tener una sensación de adormecimiento en las manos. “Me enviaron al Hospital Clínic, me hicieron análisis…”. Lo operaron, al final, el 18 de mayo del 2017, pero para ello hubo de esperar siete meses. Llegó un momento en que una mano no la podía ni dominar”, relata. Ahora está recuperado del todo, pero su descontento con la sanidad no se queda aquí. “El 14 de marzo de este año la dermatóloga envió al Clínic una orden para hacer un análisis y, a día de hoy, no he recibido respuesta”, añade.

“Tenía una sensación de adormecimiento en las manos y llegué a no poder dominar una de ellas. Esperé siete meses para ser operado”

Guillermo Rodríguez

Paciente en el Hospital Clínic

Sin tiempo

A la madre de Joan Fàbregas no le dio tiempo de acudir a la visita de urgencia de cardiología que tenía programada para febrero del 2017. La mujer falleció a los 85 años en octubre del 2016, cuatro meses antes. “En julio del 2016 la llevamos al médico porque estaba muy cansada y nos dijeron que tenía un soplo en el corazón”, cuenta este vecino de Manresa desde la barra del bar que regenta. El médico les dijo que tenían dos opciones: operarla, a sabiendas de que seguramente no saldría adelante, pues los pulmones no aguantarían, o no intervenirla quirúrgicamente.

“Optamos por lo segundo. Ella fue aguantando… Pero nunca llegó a la visita que tenía programada”, dice Joan con pena, aunque consciente de que el caso de su madre no tenía solución alguna. “Estamos muy contentos con el trato recibido en el Hospital Sant Joan de Déu de Manresa. No nos quejamos de eso. Sé que mi madre tenía que morir por fuerza. Pero yo digo que si la visita es urgente, no te pueden dar vez para siete meses después”.

Las plataformas pro sanidad pública a menudo juegan un papel importante en la defensa de los derechos de los pacientes. Les ayudan a presentar quejas y reclamaciones que aceleran el proceso de atención médica, sobre todo, en los casos más urgentes. Un ejemplo es el de Raquel Sánchez, barcelonesa de 73 años, que se rompió el fémur en agosto del 2016 tras una caída.

“Tuve que esperar 12 meses para volver a someterme a una segunda operación en el fémur que duró solo una hora”

Raquel Sánchez

Paciente en el Hospital Vall d’Hebron

“Estaba en Teruel de vacaciones y me trajeron al Hospital Vall d’Hebron. Me operaron de urgencia. Todo iba bien, pero, al cabo de dos meses, los clavos se empezaron a mover y el médico me dijo que había que volver a operar”, explica. Para esa intervención, que duró tan solo una hora, esta jubilada tuvo que esperar 12 meses. La operaron el 31 de octubre de este año gracias al apoyo de la plataforma SAP Muntanya. “Ellos me ayudaron a poner una queja y a la semana me llamaron para operar”, insiste Raquel. ¿Y cómo vivió esos meses de espera? “Pues mal. Subía y bajaba las escaleras fatal. Y en la cama no me podía ni mover”.

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