Las entidades nacionalistas ordenan manipular a los estudiantes e identificar a los que se resistan

El que fuera ministro del Interior, José Luis Corcuera realizó unas declaraciones en exclusiva para Noticiero Universal en las que decía que quienes habían sido perseguidos por el franquismo, quienes habían sido represaliados e incluso masacrados por la dictadura habían conseguido perdonar y darse un marco legal que cristalizó con la Constitución. Un texto consensuado por todos para poder avanzar y no volver a enzarzarse en peleas fraticidas que sólo conducen situaciones peligrosas. Pues bien, no le faltaba razón al exministro. Ahora son los estudiantes -aquellos que ni siquieran conocieron al dictador- los que más invocan al franquismo y, por este motivo, han convocado una huelga para demostrar su desacuerdo con el Gobierno a quien consideran heredero de la dictadura.

En este sentido, son muchas las familias que se sienten coaccionadas por las asociaciones nacionalistas, estudiantes extremistas y por los propios centros educativos. Les envían cartas para que autoricen a sus hijos a abandonar las aulas y salir a protestar para un referéndum ilegal. El objetivo es político: el director del instituto Mediterrania de Castelldefels les escribió para que firmen las «acciones de protesta» de los estudiantes de secundaria «contra la ofensiva franquista del PP».

También sufren la presión personal que les supone ver a sus hijos angustiados por posibles represalias si no hacen huelga. «Si los mandas al colegio, les dejas marcados. Es un riesgo grande», admite Fidel, padre de dos bachilleres de Barcelona. Muchos protestarán por el 1-O por miedo o, simplemente, por fiesta. Francisco O. M., docente de un instituto del barrio de Pedralbes, lleva días viendo impotente cómo compañeros suyos de profesión incitan a saltarse las clases «incumpliendo normas básicas y manipulando a los alumnos con consignas políticas que muchos ni entienden», denuncia. «Arrastra a alumnos que todavía no tienen, en su mayoría, conciencia política», asegura el maestro.

Los docentes «críticos» hablan con temor a ser marcados por sus propios compañeros o incluso por sus alumnos. «Los que somos contrarios a la independencia de Cataluña y nos conocemos solo hablamos de forma muy discreta, sin que nos escuche nadie», afirma otro docente del instituto Balmes, ubicado en Sant Gervasi. Carlos Silva, profesor de Secundaria en Hospitalet, confirma que el ambiente está enrarecido por el 1-O. «Es inevitable el enfrentamiento entre profesores y acabas evitando ir a los desayunos. La política está afectando a las relaciones personales». E. G. S., coordinador de un instituto, asegura que en muchos centros «ni se habla, hay un pacto de no agresión», y dice que reina el desconcierto ante el 1-O:«La consejera nos ha escrito para que cumplamos la legislación vigente en Cataluña. ¿Pero cuál es esa? Es una locura, nos dejan la responsabilidad a los centros para abrir el 1-O, pero a mí qué me cuentan, si soy responsable de lunes a viernes».

En el seno familiar también se sufre. Algunos padres viven angustiados porque no quieren autorizar las protestas, pero temen dejar desprotegidos a sus hijos en la escuela. J. C. D., un padre de Tarragona que prefiere solo dar las iniciales de su nombre, relata cómo su hijo de 16 años le ha pedido que le autoricen ir a la huelga para librarse del reproche en el aula. «Papa... ¿no será mejor que vaya a protestar y me rellenéis el justificante? Si no lo hago seguro que me señalarán», se pregunta el menor a sus padres, que quedan consternados por la reflexión.

El progenitor aclara que el chico sabe que el referéndum es ilegal, pero que el «90%» de sus compañeros está a favor y teme que le «apunten con el dedo». Tras deliberar, la familia opta por la salida menos traumática para el chaval, aunque son conscientes de que no es la más valiente. «Mi hijo no irá a clase estos dos días y diremos que es por asuntos familiares», dice J. C. D, que lamenta «tener que maquillar la realidad por temor a represalias».

A María S. C., (da un nombre ficticio para proteger a su hija), madre de una niña de 13 años del IES Mediterranea de Castelldefels, también le preocupa que la señalen. «Me consta que en el centro ya se han producido escenas de tensión entre estudiantes de cursos superiores a los de mi hija por esta causa», relata la madre, que no dio crédito cuando recibió la circular del director del instituto sobre que la protesta es «contra la ofensiva franquista del PP». «No me lo podía creer. No es una carta cualquiera.Es un comunicado político en el que el director, que la firma, deja clarísima su postura. No puede quedar impune», denuncia. La carta ha llegado a la Delegación del Gobierno. «Espero que hagan algo», dice la madre. «Es indignante. Los institutos están para enseñar no para enfrentar a los alumnos unos con otros ni para hacer política», concluye.

En los campus universitarios la lucha es aún más dura y se anuncian piquetes hoy y mañana. David Huertas, estudiante de Derecho Universidad Abad-Oliba CEU, hace de portavoz de sus amigos: «En la pública, si vas a clase y no vas a la huelga te apuntan en listas que dan a los directores de grado. Nos hablan de la voluntad de la gente, pero solo respetan la suya», denuncia. Otro joven, estudiante de tercero de Derecho en la Autónoma (UAB), Pol Sabaté, relata cómo el independentismo manipula en las aulas. «Una profesora de Administrativo dedicó la clase del otro día al referéndum. Su tesis fue que la voluntad está por encima de la ley», cuenta indignado. Al menos les dio la palabra a quienes la pidieron para rebatirle. «Fuimos pocos, hay que ser valiente hoy en Cataluña», se duele este veinteañero, que advierte:«El Gobierno debe acabar el sistema de adoctrinamiento en las aulas. Se están creando soldados radicales para la causa».

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