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Pedro Sánchez: la peor opción para el PSOE y la más desastrosa para España

LAS propuestas contenidas en la oferta política de Pedro Sánchez para volver a liderar el PSOE muestran sin duda por qué será el candidato menos idóneo, y el más sectario, de todos aquellos que decidan presentarse ( La “alianza de progreso” de Sánchez).

Su documento político está repleto de eslóganes vacíos y tópicos caducos para esconder su auténtico objetivo: radicalizar el PSOE hasta convertirlo en la referencia de la extrema izquierda, y no en un partido socialdemócrata moderno, pragmático e institucional.

El socialismo en España no se puede refundar sobre la base de una humillación ante Podemos y de una sumisión vergonzosa al independentismo.

Sánchez se ha convertido en un experto en defender una cosa y su contraria; demuestra no tener el más mínimo complejo en ser el político más contradictorio de nuestra democracia.

Un simple repaso de la hemeroteca retrata la ligereza de sus valores y su desapego por los principios.

Antes sostenía que Cataluña no es una nación, y ahora sí lo es. Mezcla a conveniencia conceptos como la plurinacionalidad y el federalismo, y ya ni siquiera oculta que su objetivo es que el nuevo PSOE se parezca a Podemos, el mayor exponente del neoestalinismo populista en Europa.

En su día, Sánchez logró abrirse paso en el PSOE con un mensaje ilusionante, incluso se presentaba como una suerte de «liberal» del socialismo moderno. Hoy ha caído en el radicalismo más rancio, y está poniendo al PSOE en la tesitura de sufrir un auténtico cisma que rompa en pedazos un partido con casi 140 años.

Es impensable que el nuevo PSOE abogue por una reforma constitucional comprensiva con el separatismo, por un estatalismo de corte casi soviético, y por liderar un «cordón sanitario» contra la derecha para expulsarla de las instituciones.

A Sánchez solo le queda el recurso a la militancia porque el grueso de los cuadros orgánicos le ha dado la espalda, empezando por sus colaboradores más estrechos, ahora al servicio de Patxi López. Incluso, muchos de quienes hoy le rodean ni siquiera son militantes.

Es razonable que tanto la gestora como López -y también Susana Díaz aunque no haya anunciado su candidatura- teman la capacidad de Sánchez de rehacerse. Su discurso de ultraizquierda, unido al victimismo del que hace gala después de ser desahuciado como secretario general, puede fortalecerle.

A los militantes socialistas les conviene tener memoria: ha sido el candidato del partido menos votado en la historia en dos elecciones generales, y es el causante de que la grieta emocional de odio y rencor abierta en el partido no se cierre.

El riesgo de un PSOE desguazado y sin expectativas de volver a gobernar no es imaginario. Es el temor cierto y fundado de muchos dirigentes del PSOE si Sánchez vuelve a ser secretario general.