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Por primera vez, se consigue trasplantar un riñón de cerdo a un ser humano: un éxito terapéutico que abre la puerta a revolucionar el mundo de los trasplantes

Por primera vez en la historia, un equipo de cirujanos ha conseguido transplantar un riñón de cerdo a un ser humano sin desencadenar un rechazo inmediato del sistema inmunológico del receptor. Hablamos de una noticia con un recorrido impresionante en un mundo en el que nuestra tecnología de trasplantes ha ido mejorando día a día, pero los órganos a trasplantar, no.

España está cada vez más cerca de hacer 4.000 trasplantes de riñón al año, pero aún así son pocos. Y es muy frustrante tener todo para poder salvar muchas vidas (o mejorar la calidad de otras muchas), pero no poder hacer nada. Tan solo esperar. Sobre todo, porque aunque hemos sido capaces de hacer xenotrasplantes y creíamos que podían cambiarlo todo: hemos ido aprendiendo que éramos incapaces de sacarle todo el partido posible. Hasta hoy.

La llegada de los cerdos genéticamente modificados a la medicina

Los riñones de cerdo, por ejemplo, tienen grandes concentraciones de ‘galactosa-alfa-1’ (‘alfa-gal’), un oligosacárido bien conocido que desencadena un rechazo casi inmediato. De hecho, esta molécula provoca un tipo de alergia a la carne roja muy conocido, el llamado ‘síndrome alfa-gal‘. Hace años, United Therautics Corp decidió intentar crear un cerdo modificado genéticamente para que no tuviera este alérgeno y que las personas con este síndrome pudieran comerlas.

En diciembre de 2020, la FDA estadounidense aprobó los GalSave para consumo humano (e incluyó, como posibilidad, su uso sanitario). Fue entonces cuando el equipo del NYU Langone Health de la ciudad de Nueva York decidió ponerse manos a la obra y testar en vivo si esos cerdos podían ser una buena fuente de xenotrasplantes.

Seleccionaron a una paciente en muerte cerebral que venía arrastrando problemas de disfunción renal y convencieron a la familia para realizar el experimento antes de que se le retirara el soporte vital. Durante aproximadamente tres días, analizaron el funcionamiento del riñón y los resultados fueron «bastante normales». Por ejemplo, el riñón produjo «una cantidad de orina normal», explicaba el doctor Robert Montgomery, cirujano de trasplantes y director del estudio en Reuters.

También se vio que los niveles de creatinina de la paciente (provocados por su función renal deficiente) volvieron a la normalidad con el nuevo riñón. Es un éxito rutilante. Sin embargo, no debemos vender la piel del oso antes de cazarlo. Los buenos resultados de este trasplante experimental abren la puerta a empezar a usar estos riñones (y otros órganos) en pacientes con problemas. Pero esto acaba de empezar. En la medida en que el riñón estuvo solo tres días en el cuerpo, futuros trabajos podrían encontrar otros problemas. Eso sí, hoy, si os parece, vamos a quedarnos con la buena noticia.

Imagen | National Cancer Institute

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