Puigdemont toma el pelo a los independentistas

Que lo ocurrido ayer en la política catalana no es normal da fe el hecho de que un podemita como Albano Dante Fachín fuera aplaudido con fervor por la derecha convergente de Junts pel Sí. Ocurrió en el pleno específico del Parlamento catalán que arrancó por la tarde, en una jornada trepidante para unos, surrealista para otros en la que el presidente, Carles Puigdemont, desconcertó a propios y extraños anunciando que pensaba convocar elecciones, para luego dar marcha atrás y pasar la pelota al Parlament. El motivo: la falta de garantías de que el Gobierno retiraría la aplicación del artículo 155 de la Constitución española.

Los catalanes desayunaron ayer con una declaración unilateral de independencia (DUI) encima de la mesa, almorzaron con una convocatoria de elecciones y cenaron de nuevo con un anuncio de proclamación independentista. Y entre horas, tres dimisiones en PDeCAT (incluida la del conseller Santi Vila), un amago de salida del Govern por parte de ERC, una intentona de cesión de la presidencia de Puigdemont a Junqueras y gritos de “traidores” por parte de las bases independentistas.

¿Nuevo giro hoy?

En medios parlamentarios no se descarta que hoy, viernes, Puigdemont vuelva a sorprender con un nuevo giro casi en tiempo de descuento, es decir, coincidiendo con el pleno del Senado en el que se deben debatir y votar las medidas propuestas por el Gobierno con base en el 155, esto es, el cese del presidente catalán, de todos sus consejeros y la toma de control del Parlamento autonómico. 

Puigdemont, explicó él mismo, quiso impedirlo convocando elecciones, tal como le pedía su propio partido, PDeCAT, a excepción de algunos sectores más duros a los que pertenecen los dirigentes Jordi Cuminal y Albert Batalla, quienes anunciaron en las redes que renunciaban a sus actas de diputados y rompían el carné.

Amenazas de ERC, dimisiones en PDeCAT

También hubo gesticulación por parte de ERC, muy críticos con la convocatoria y que amenazaron con salir del Govern. Y por parte de la CUP, que augura –y teme– nuevas negociaciones con el Gobierno.

La posibilidad de que la aplicación del 155 provocara situaciones violentas en las calles fue invocada por Puigdemont para justificar esa convocatoria de elecciones, posteriormente abortada. ¿Improvisación o guión estratégicamente pactado entre PDeCAT y ERC? Circularon entre los militantes independentistas mensajes laudatorios de la “nueva jugada maestra de Puigdemont y su equipo de asesores” consistente en convocar elecciones con un 155 que seguiría su curso y que obligaría a actuar a la comunidad internacional.

Pero lo cierto es que las escenas de frustración por parte de los manifestantes concentrados en la plaza Sant Jaume y la sede de PDeCAT –dice que los altos cargos convergentes no se atrevieron a abandonar el Palau para no enfrentarse a los descontentos–, se repitieron durante toda la mañana, desde que los medios de comunicación vascos y la Moncloa lanzaron la noticia de que Puigdemont estaba dispuesto a convocar elecciones.

La intermediación del lendakari, Iñigo Urkullu, y el obvio interés del Gobierno español están detrás de esa filtración, que cayó como un jarro de agua fría en los simpatizantes independentistas a quienes, la noche anterior, se les había prometido en actos de Junts pel Sí en el territorio que el pleno que comenzó ayer en el Parlament aprobaría la DUI.

Un Parlament partido en dos

Tras una breve declaración institucional en la que Puigdemont explicó su reculada –la segunda tras suspender esa misma DUI el pasado 10 de octubre, tras el éxodo de empresas que sucedió al referéndum del 1-O–, esa sesión plenaria arrancó con un hemiciclo dividido, con Junts pel Sí y la CUP sin desvelar los términos de la proclamación de independencia que hoy se votará -¿en secreto para disimular disidencias en PDeCAT?-, mientras que PSC, PP, Ciudadanos y CSQP instaban a Puigdemont a poner las urnas. Las de verdad.

Y en medio de esta pugna parlamentaria, el secretario general de Podem, Albano Dante Fachín, hizo de oposición de la oposición, arremetiendo contra quienes apoyan el 155. Fue aplaudido por Junts pel Sí e ignorado por su propio grupo, CSQP. Lo dicho, surrealismo.

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