Puigdemont tritura a los partidos independentistas

Triturados. El expresidente Carles Puigdemont tritura a los partidos independentistas, que se han quedado sin esquemas ante el lenguaje y la voluntad política del líder de Junts per Catalunya.

Directo a los corazones. Exilio, presos políticos, un país que quiere ser, el poder de la democracia, la represión de un Gobierno que no quiere dialogar, la restitución de un Govern, la apelación a las instituciones internacionales… Ese es el discurso de Puigdemont, que ha superado a las direcciones del PDeCAT y de ERC, incapaces ahora de vislumbrar la formación del gobierno de la Generalitat, y de impedir, incluso, la voluntad del expresidente de ser investido aunque permanezca en Bruselas.

El exmandatario ha logrado imponer un movimiento, el del “presidente”, que ha llegado mucho más lejos de lo que pensaban su propio partido, la ex-Convergència, y los republicanos, que han quedado en un segundo plano, totalmente superados y con algunos importantes rasguños internos.

La renuncia de Mundó

Este martes fue decisivo. El exconsejero de ERC Carles Mundó rechazó su acta de diputado y la posibilidad, por tanto, de presidir la Mesa del Parlament, el órgano crucial para la investidura de Puigdemont. Para Esquerra no fue una buena noticia, aunque supusiera un posible freno al proyecto de Puigdemont. Sin Mundó, ERC no tiene un claro substituto de Oriol Junqueras, en el caso de que ERC pueda negociar otro candidato para la investidura si Puigdemont acaba detenido.

En el otro partido, el PDeCAT, Artur Mas presentó su dimisión como presidente de la formación. Aunque condicionado por la sentencia del caso Palau de la Música, que se dará a conocer este lunes, Mas justificó su decisión para dar aire a su partido, con el objeto de que pueda aprovechar el impulso de las elecciones del 21D, con casi un millón de votos, para afianzarse como instrumento político. Sin embargo, no es eso lo que pretende Puigdemont.

Casi al mismo tiempo que Mas desgranaba sus intenciones, el ideólogo del líder de JxCat, el historiador Agustí Colomines, exdirector de la fundación Catdem, vinculada a la ex-Convergència y estrecho colaborador de Mas, desmontaba todos sus argumentos. ¿Por qué? Porque Puigdemont ha puesto en marcha un movimiento que apela directamente al sentimiento, de corte populista, que busca un pulso contra el Estado, hasta las últimas consecuencias, y que ya no pueden parar ni el PDeCAT ni ERC.

Mas “no ha entendido el cambio histórico”

Colomines ilustra esa transformación. Negando la interpretación de Mas sobre la supuesta importancia del PDeCAT en el núcleo de Junts per Catalunya, Colomines quiso resolver todas las dudas: “JuntsxCat no ha nacido para salvar al PDeCAT ni para ensanchar la base. Artur Mas no ha entendido el cambio histórico que se está produciendo. El PDeCAT debería aprender a conjugar la nueva situación. Ellos son una parte de Junts per Catalunya y por tanto sería pertinente que dijeran: ‘Nosotros, miembros de JuntsxCAT, creemos que…”.

Es decir, el expresidente ha superado por arriba y por abajo a todo el independentismo, con el ánimo de organizar un movimiento que llegue directamente al elector. Para Esquerra eso representa romper con todas sus previsiones y con el guion que había preparado en los últimos meses. Ahora, cuando se trata de llegar a todas las concreciones, esas distancias pueden ser insalvables. ¿Quién presidirá la Mesa del Parlament? ¿Cómo se interpreta el reglamento de la Cámara para permitir que Puigdemont sea investido aunque siga en Bruselas? ERC quiere huir de esas decisiones, pero deberá entrar. La Mesa se constituye el próximo miércoles 17, y la investidura está prevista para el 31 de enero y el 2 de febrero.

Puigdemont conecta directamente con los votantes

Los partidos independentistas querían controlar todo el proceso y se han visto superados por el vecino de Bruselas. Una prueba evidente de esa transformación se obtiene cuando se comparan los datos de las elecciones municipales de 2015 con los resultados del 21D.

En una localidad como Manlleu (comarca de Osona, en la provincia de Barcelona), con fuerte arraigo nacionalista, ERC ganó las elecciones con el 27,3% de los votos, por el 21,9% de los sufragios en manos de CiU. El 21D esa proporción varió de forma sustancial y la lista de Puigdemont obtenía el 39,69% de los votos, por el 22,42% de ERC. ¿Qué ha sucedido? Que Puigdemont ha conectado con el elector nacionalista, con el propio votante republicano, que “sufre” con los políticos en prisión, con el “exilio” del propio expresidente, y que quiere, realmente, un ajuste de cuentas con el Estado español tras el referéndum del 1-O, que se entendió como una muestra de la “represión de España contra Cataluña”.

Puigdemont sabe perfectamente esa circunstancia. Y quiere aprovecharla hasta el final.

El temor que genera Puigdemont

Artur Mas insistió en que esos votos para Junts per Catalunya el 21D se debían en gran parte a la estructura del PDeCAT, pero Puigdemont considera que no, que son una muestra de su apuesta por el “legitimismo”, por un nuevo proyecto que debería acabar, a juicio, en un gran movimiento independentista por encima de las siglas de partido.

Ante eso, ¿qué hacer? La dirección del PDeCAT tiene grandes reservas, pero no sabe cómo actuar, a no ser que impida la propia votación en el Parlament, con diputados que se abstengan, una posibilidad demasiado arriesgada. En el caso de Esquerra, con Oriol Junqueras en prisión, las opciones pasan por romper esa alianza y buscar las complicidades de los comunes, con la idea de constituir una Mesa del Parlament que, defendiendo el soberanismo, no sea capaz de retorcer, de nuevo, el reglamento con la elección telemática de Puigdemont. ¿Pero hasta dónde puede llegar la dirección de ERC? ¿Quién toma ahora el mando? ¿Marta Rovira?

Puigdemont ya se ha acreditado para recoger el acta de diputado en el Parlament, desde Bruselas. También lo han hecho Oriol Junqueras, desde la prisión de Estremera, y Jordi Sànchez. Queda justo una semana para que los partidos le hagan ver a Puigdemont que no se puede jugar más. Pero el expresidente ha logrado causar, según admiten fuentes nacionalistas, “una especie de temor” en todo el independentismo, porque apela, directamente a los dos millones de personas que han votado a favor de “restituir” el Govern, sean del PDeCAT o de ERC. 

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