Purgas y venganzas en el PSOE

Sánchez vuelve para liderar un proyecto excluyente en el que un hipotético cisma es lo que menos le importa si reafirma su autoridad

La nueva dirección del PSOE se reunió ayer por primera vez con un mandato claro de Pedro Sánchez. A la laminación de los barones críticos con él en la Ejecutiva, se suma una orden directa para que el «sanchismo» y los candidatos afines den la batalla en los congresos regionales que el partido debe celebrar hasta septiembre y traten de apartar a los actuales barones. El nuevo PSOE inicia su andadura con la purga interna y el rencor como argumento de autoridad frente a los dirigentes que el pasado octubre se alzaron contra él, en apoyo de Susana Díaz, y ahora han perdido la batalla de las primarias. Las señales que emite Sánchez de que no pretende ningún tipo de reconciliación en el PSOE son evidentes: la nueva estructura de poder del partido presionará a la militancia hasta desbancar al mayor número posible de secretarios generales territoriales que no apoyaron al actual líder. En Asturias y La Rioja, Javier Fernández, presidente de la gestora provisional, y César Luena, antigua mano derecha de Sánchez, se han autodescartado para continuar como dirigentes regionales. En Aragón, Comunidad Valenciana, Andalucía y Castilla-La Mancha, Javier Lambán, Ximo Puig, Susana Díaz y García Page tendrán enfrente a algún rival instruido por la dirección, y probablemente alguno de ellos será desbancado. Y en Madrid, o incluso Extremadura, es probable que haya candidatos alternativos a Sara Hernández y a Guillermo Fernández Vara, pese a que éste haya sido elegido por Sánchez para presidir el Consejo Territorial.

La primera conclusión de este proceso es que el secretario general no perdona la traición cometida por sus críticos el pasado otoño. Y la segunda es que estos congresos revelarán el grado real de fuerza que pueda tener la oposición interna. Pero a juzgar por los nuevos órganos designados -incluida la erradicación de históricos secretarios de Organización en el Comité Federal-, Sánchez no quiere dejar cabos sueltos y pretende erradicar cualquier asomo de conciencia crítica en el diseño de un PSOE cesarista, autoritario y blindado ante cualquier atisbo de discrepancia orgánica. Hoy el PSOE se parece un poco más a Podemos, con la purga del disidente y con la inclemencia con el perdedor como recurso para tener manos libres. Sánchez no conseguirá así pacificar el partido, sino generar un estado de miedo entre la militancia, incompatible con el funcionamiento propio de un partido que presume de democracia interna, transparencia y generosidad. Sánchez vuelve para liderar un proyecto excluyente en el que un hipotético cisma es lo que menos le importa si así consigue reafirmar su autoridad. La militancia decidirá qué hace con Díaz, Lambán, Puig o Page. Pero Sánchez presionará para que desaparezcan del mapa.

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