¿El rey Emérito Juan Carlos I es millonario o billonario?

El Rey Emérito Juan Carlos I
El Rey Emérito Juan Carlos I

Fue The New York Times quien en 2012, a través de los periodistas Doren Carvajal y Raphel Minder, calcularon la fortuna del rey Emérito de España en 1.800 millones de euros, una cifra nada despreciable teniendo en cuenta que la casa real solo ingresa poco mas de 8 millones de euros, que es el sueldo que tiene asignado en los presupuestos generales del estado. A día de hoy, hay quien se aventura a elevar la cifra hasta los 2.700 millones de euros.

¿De donde ha aumentado por tanto el patrimonio el rey Juan Carlos? Pues según dice el NYT, la riqueza del monarca es fruto de su condición de embajador económico español. Cuando hay un gran negocio que afecte España, es el rey quien está en las mesas de negociaciones debido a sus “grandes dotes diplomáticas”. Los españoles hemos asistido a sus innumerables viajes por todo el mundo y a la exquisita relación que mantiene con las monarquías de Kuwait, Bahrein, Marruecos, Qatar, Abu Dhabi, sin olvidar Omán o Arabia Saudita. Sus relaciones con los países del Golfo son de todos conocidas.

Jordi Pujol y Juan Carlos I tuvieron no pocas confidencias

El periodista Jesús Cacho en su libro EL NEGOCIO DE LA LIBERTAD, reveló algunas de las fuentes de financiación de Juan Carlos I: una de ellas fue el petróleo, el cuál, generaba unas jugosas comisiones procedentes del crudo que se importaba a España.

Nada más ocupar el trono de España, su hombre de confianza Manuel Prado y Colón de Carvajal, se dedicó a mandar varias misivas reales a otros monarcas, especialmente del mundo árabe (al Sha de Persia) solicitandoles dinero en nombre del Rey de España para fortalecer la monarquía española.

Mario Conde, Alfonso Escamez, “Los Albertos” o Luis Roldán

Mario Conde fue una de las amistades peligrosas del rey, cuando BANESTO fue intervenido aparecieron dos cuentas a nombre de Juan Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Orleans con varios millones de pesetas.

Mario Conde en su día confesó que ese dinero fue destinado para la ampliación de capital bancario.

Cuando el Rey elige Mallorca para pasar sus vacaciones, afianza un grupo de amistades potentes y aristocráticas, que junto con Giovanni Agnelli, Raul Gardini y Juan Abelló, le compran el yate Fortuna que tantas alegrías solariegas le ha proporcionado.

Años más tarde Gardini se vió implicado en casos de corrupción en Italia y se suicidó finalmente en 1994.

En el año 2003 llegó de Francia el última escándalo Real, durante el juicio de un caso por apropiación indebida, el ex-presidente de ELF, Le Floch-Prigent, declaró en el juicio sobre la compra de DETROIT DIESEL haber entregado 55 millones de euros al rey de españa, con el que confesó haberse visto en múltiples ocasiones en su domicilio privado.
En la actualidad resulta dificil cuantificar a cuanto asciende la fortuna real española, según Forbes (edición 2003) es de 2.500 millones de euros, dicha revista en España fue secuestrada y sus números en éste país fueron destruidos clandestinamente, sin embargo, fuera de España la revista fue vendida con normalidad.

Juan Carlos I siempre ha tenido información privilegiada sobre las inversiones importantes que se realizan en el país lo que le ha permitido establecer una red de contactos con empresarios, políticos e inversores de todo el mundo a los que acudir en el caso de inversiones particulares.

En este último punto, el periódico destaca los números regalos que el monarca recibe por parte de empresarios y “amigos”, regalos que van desde yates, casas en islas paradisiacas y vehículos de alta gama. De hecho se sabe que el rey tiene una colección de automóviles de lujo en las que se desconoce hasta ahora el número y valor de los coches de dicha colección.

Y este es el problema principal, no hay ningún registro ni ninguna ley que obligue al rey a declarar los regalos que recibe ni de que persona son. De hecho, la inmunidad del rey va mas allá ya que, Juan Carlos de Borbón y Borbón, rey de España, es el único ciudadano español que no tiene obligación de hacer declaración de la renta. Igual que cualquier otro español.

Sus únicos inmuebles conocidos son: el chalet en la urbanización Puerta de Hierro, vendido por 2,7 millones de euros; otro apartamento en una ciudad portuguesa; parte de un edificio de oficinas que está en la Gran Vía de Madrid y un chalet en la urbanización de La Pleta, Lérida.

En noviembre de 2013, Forbes empezó a no incluir en la lista de las 100 personalidades más ricas de España al Rey Juan Carlos, porque, según la revista, “su riqueza continúa siendo una incógnita”.

Silencio institucional

El Congreso de los Diputados ha intentado igualmente ocultar la fortua real. Tan sólo aceptó una pregunta formulada por el PSOE. “¿Qué información puede el Gobierno facilitar acerca de la noticia aparecida en el diario EL MUNDO en su edición del 31 de marzo de 2013 respecto del patrimonio que habría dejado en herencia el conde de Barcelona a su fallecimiento?”. A día de hoy, aún no ha obtenido respuesta.

Las explicaciones de Zarzuela sobre la herencia suiza llegaron tres meses después de nuestra publicación. A través de un portavoz, se decía a este diario que el Rey Juan Carlos gastó su parte de la herencia en pagar “obligaciones y deudas contraídas por los condes de Barcelona”, así como en “gastos determinados”. Se añadía que el dinero “nunca fue transferido a España” y que Don Juan Carlos ya no poseía ninguna cuenta en el extranjero porque había cancelado la de su padre en 1995. No se incluyó en estas aclaraciones si Don Juan Carlos era el titular de la cuenta donde se ingresó su parte de la herencia -la número 10031 de Sogenal, en Ginebra- , ni si también se cerró este depósito. Tampoco se ofreció información alguna sobre las cuentas de las Infantas Pilar y Margarita. Respecto a la tributación por la herencia, Zarzuela decía no tener constancia documental de que se pagaran los impuestos, pero aseguraba tener “el convencimiento” de que “los albaceas sí lo hicieron”.

Don Juan -quien no murió pobre, como se pensaba hasta entonces, sino que dejó una fortuna valorada en 1.100 millones de pesetas, incluyendo propiedades inmobiliarias- poseía tres cuentas en Suiza. La de mayor saldo -la número 28.668-2L4B de la S.B.S, siglas de la Sociète de Banques Suisse- estaba depositada en Lausanne, la ciudad donde los condes de Barcelona y sus hijos residieron durante parte de la II Guerra Mundial. A la muerte de Don Juan esta cuenta tenía un depósito de 3.577.851 francos suizos (327,7 millones de pesetas). La documentación sobre la tramitación de la herencia de Don Juan que obra en poder de este periódico prestaba especial atención a este depósito, al que se denomina “de usufructo”. Todo indica que se trataba de la cuenta de socorro abierta por Alfonso XIII que mencionan varios biógrafos: un depósito creado por el abuelo del Rey Juan Carlos para suministrar fondos a la Familia Real en caso de dificultades. El conde de Barcelona la habría heredado con 27 años, tras la muerte de Alfonso XIII en febrero de 1941.

El dossier sobre el legado de Don Juan le dedicaba especial atención a este depósito. De él decía: “Si bien no existe imperativo legal para que la cuenta “usufructo” continúe, siempre fue deseo de S.A.R. el conde de Barcelona que se mantuviera para el futuro esta situación y, por tanto, S.M. el rey y S.A.R. el príncipe de Asturias desean, y a nuestro juicio moralmente deben hacerlo, continuar con el mismo procedimiento”, sugerían los albaceas del testamento. “De los restantes saldos, debe tomarse el acuerdo de no repatriar oficialmente ninguna cantidad, por cuanto de una parte no son cantidades de relieve y podrían crear sin embargo el beneficio de la duda sobre la existencia de cifras mayores. La imagen y prestigio de S.A.R. el conde de Barcelona podría quedar afectada, ya que de todos ha sido siempre conocida la inexistencia de una fortuna o recursos importantes», añadía.

Pese a estas recomendaciones, la cuenta de usufructo fue prácticamente vaciada. Su especial naturaleza explicaría que, según la documentación, el grueso del saldo pasara al control del entonces jefe de la Casa Real, Don Juan Carlos. En octubre de 1993, cuando se ejecutó el reparto, ya no era de tres millones sino de 2.766.312 francos suizos, porque, entre otras cantidades, se retiraron los 50 millones de pesetas con que Don Juan mejoró la herencia de la infanta Margarita, nacida invidente. A beneficio de Don Juan Carlos estaban anotados 2.500.000 francos suizos -229 millones de pesetas de 1993- de esta cuenta, en la que se quedó un remanente de 226.000 francos suizos.

Este depósito “de usufructo” fue también motivo de diferencias entre el Rey Juan Carlos y su hijo Felipe, según recoge José García Abad en Don Juan, náufrago de su destino. Cuenta García Abad que Alfonso XIII dejó dispuesto que, al morir Don Juan, esa cantidad de usufructo pasara “a la persona que en ese momento estuviese llamada a ser rey en su día, o sea, Felipe VI. Don Juan Carlos reclamó ese dinero, que a lo largo de 60 años había engordado considerablemente, argumentando que Alfonso XIII no podía imaginarse que él iba a ser rey antes que su padre”. Finalmente, Don Felipe y Don Juan Carlos recurrieron al entonces conde de Gaitanes, Luis de Ussía, administrador del patrimonio de Don Juan, como árbitro. “Así que Gaitanes se reúne con el Rey y el Príncipe para dirimir el conflicto y sugirió la solución salomónica: que se repartieran el dinero a partes iguales”, escribe García Abad.

Al margen de este depósito especial, Don Juan dejó otras dos cuentas en Suiza. Una segunda en Lausanne con un saldo de 1.622.324 francos suizos (148,6 millones de pesetas) y la tercera domiciliada en Ginebra con 2.771.400 francos suizos (253,8 millones de pesetas). Estos depósitos se repartieron a partes iguales entre los tres hermanos, con la salvedad de los 55.000 francos suizos que las infantas Pilar y Margarita abonaron a Don Juan Carlos en concepto de “derechos reales”, según la documentación. Las cantidades que correspondieron a Doña Margarita, como las de Don Juan Carlos, fueron ingresadas en dos cuentas en Sogenal, en Ginebra. Las de la Infanta Pilar, que apareció en los “papeles de Panamá”, cruzaron el Atlántico para acabar en Nueva York.

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